En un nuevo episodio de su estrategia comunicacional, Alejandro Moreno Cárdenas, dirigente nacional del PRI, difundió en redes sociales una imagen donde equipara al gobierno de Nicolás Maduro con la administración de Morena en México. Bajo el título “La ruta de las narcotiranías”, el priista pretende establecer un paralelismo entre los procesos políticos de Venezuela y México, sugiriendo que el actual gobierno mexicano sigue “al pie de la letra el manual del autoritarismo”.

El mensaje, acompañado de una tabla que compara acciones atribuidas a Maduro con supuestas decisiones de Morena —como “apropiarse del Congreso”, “militarizar aduanas y puertos” o “aliarse con el narco”intenta construir la narrativa de que México avanza hacia un régimen dictatorial similar al venezolano.
Sin embargo, esta comparación resulta falaz y más cercana a la propaganda electoral que al análisis político. Las diferencias estructurales entre México y Venezuela son evidentes: en el país persiste la pluralidad de partidos, existen contrapesos en los gobiernos estatales y municipales, y la oposición conserva presencia en el Congreso, en tribunales y en los medios de comunicación. A pesar de las tensiones propias de cualquier democracia en disputa, México mantiene un sistema de alternancia que dista de los escenarios de control absoluto que se vivieron en Caracas.
El discurso de “México rumbo a ser Venezuela” ha sido utilizado insistentemente por la derecha mexicana como una estrategia para generar miedo y polarización entre el electorado. Más que una crítica seria, esta retórica funciona como un recurso desesperado ante la pérdida de legitimidad de partidos tradicionales. En lugar de aportar un debate profundo sobre los desafíos económicos y sociales del país, se recurre a un fantasma extranjero que poco ayuda a comprender la realidad nacional.
La política mexicana exige diagnósticos más rigurosos que los slogans de campaña. Apostar por la caricaturización del adversario no fortalece la democracia: la degrada.



