Ayer se registraron reuniones internacionales relevantes. Por un lado, la cumbre entre Putin de Rusia y Trump de Estados Unidos. Por el otro, el encuentro entre Sheinbaum de México con Arévalo de Guatemala. El primer encuentro sobre temas que brotan del eminente ocaso del imperialismo gringo y la emergencia de un mundo multipolar. El segundo es la reunión de la solidaridad y la cooperación para el desarrollo con independencia y bienestar de los pueblos.
Ambos son importantes en el contexto de la ruta mexicana. A decir de Trump y Putin, las conversaciones transcurrieron de forma educada y cordial, buscando un “consenso”. Esa formalidad, educación y cordialidad no es la carta fuerte del presidente de EEUU acostumbrado a gritar, amenazar, imponer condiciones y a arrebatar decisiones. Pero, como se dice en México, “el miedo no anda en burro”. Una cosa es “dialogar” con gritos y regaños con Zelenski de Ucrania y otra muy diferente hacerlo con un intelectual, calculador y estratega como Vladimir Putin, a quien no solo lo acompañan cualidades personales sino también la representación de una nación poderosa.
Unas cuantas palabras de Vladimir Putin, durante la rueda de prensa conjunta, deja muy en claro que Donald Trump no pudo imponer condiciones y que, sobre el conflicto bélico contra Ucrania, el dirigente ruso encontró una innegable justificación, al estilo yanqui, en la seguridad nacional de su país. También mostró que la guerra es Estados Unidos-Rusia, Ucrania el trofeo de la disputa y los gobiernos europeos los pandilleros del país hegemón del capitalismo imperial a quienes, con el nombre de la OTAN, involucra en el trabajo sucio. Pero no los invita a las mesas de negociación.
El presidente ruso dijo que “para que la solución sea duradera, necesitamos eliminar todas las causas principales de ese conflicto, considerar todas las preocupaciones legítimas de Rusia y restablecer un equilibrio justo de seguridad en Europa y en el mundo”. Dicho de otra manera, Rusia está exigiendo el retito de todo intento de la OTAN, y en particular de USA, de establecer bases militares en Ucrania, evitar su injerencismo en la vida política de todas las naciones, abstenerse de instigar (cuchiliar) a los gobiernos europeos en contra de Rusia a la que, al igual que a Venezuela y Cuba, los tiene económicamente bloqueados.
Quien tenga mínima idea de la política exterior de EEUU sabe que la costumbre es actuar como policía y juez del mundo, justo porque eso le permite apropiarse de las riquezas naturales de las naciones y succionar, por diversas formas y métodos (el trasplante del patrón de crecimiento neoliberal es una de esas formas), parte del valor que se produce en ellas. Ese es el motivo y base en que se funda una parte importante de su imperio económico. Eso alienta su intervencionismo político y militar. Y esa idea, expresada muy diplomáticamente, es un incalculable madrazo de Putin a un torpe, provocador, peleonero y mal estratega, Donald Trump.
Señalé, la semana pasada, que “en apariencia, la presidenta de México es la única que logra arrancarle consideración” a Donald Trump. La apariencia es la parte visible de la realidad. La esencia es la parte estructural y menos evidente. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, tiene muy claro que después de la pandemia, y agravado por la guerra con Ucrania, el mundo dio un vuelco económico muy violento y que una gran parte de la estructura económica de México, que se fue construyendo durante décadas, se fue entrelazando con la estructura económica gringa y el México muy dependiente de Estados Unidos terminó por hacer depender a los gringos de una gran parte de la actividad económica nuestra. Castigar a la economía mexicana es asegurar repercusiones negativas a la economía gringa.
Los aspavientos y amenazas del gobierno estadounidense también están en crisis, ya no surten el efecto del miedo (terror). A cada decisión de la Casa Blanca, el mundo no responde como antes. El acoso y amenazas obligan a México a reafirmar una ruta soberana con la aceleración de transformaciones económicas, políticas, ideológicas, culturales, científicas y tecnológicas.
En ese contexto es relevante la visita de Sheinbaum a Guatemala, donde expresó “…vengo como una hermana de causa…”, “…nos unen también siglos de lucha por la independencia, por la soberanía y por el derecho a decidir nuestro propio destino…”, podemos “…caminar juntos en la lucha por la independencia, en la defensa de la soberanía y en el derecho irrenunciable de que sean nuestras manos, nuestras mentes, y no otras, las que escriban nuestro destino…”
Puede evidenciarse que México se encuentra en la búsqueda de los suyos, retornando a los orígenes, fortaleciendo una identidad arrebatada por gobiernos que, para entregar todo tipo de riquezas al gran Capital, promovieron el despojo y olvido de nuestra identidad.



