En un país donde millones de personas no tienen acceso a medicinas, donde la inseguridad ha alcanzado niveles alarmantes y donde el sistema de salud está colapsado, resulta ofensivo que Morena y Claudia Sheinbaum insistan en una reforma político-electoral como si fuera la urgencia nacional. No es lo que la gente necesita y no es lo que el país exige.
La reforma que proponen no busca fortalecer la democracia, sino controlarla. Pretende debilitar los contrapesos, someter al árbitro electoral y reconfigurar el sistema político para favorecer al partido en el poder. Y eso, en cualquier democracia seria, se llama regresión. Hablan de reducir el número de legisladores con el argumento del “ahorro”, pero en realidad lo que buscan es eliminar voces incómodas y concentrar el poder. Plantean modificar la estructura del INE, debilitando su autonomía y sometiéndolo a decisiones políticas. Pretenden cambiar el sistema de representación, cerrando espacios a la pluralidad y a las minorías, y centralizar decisiones que deberían ser locales, debilitando así el federalismo.
Todo esto mientras el país vive otras urgencias que no admiten demora. En los hospitales faltan medicamentos, niñas y niños esperan tratamientos que no llegan y médicos carecen de insumos básicos. En las calles, las familias viven con miedo por la violencia y la falta de una estrategia clara de seguridad. Millones de personas no tienen acceso a agua potable, empleo digno ni oportunidades reales para salir adelante. La salud, la seguridad, la justicia y la educación se desmoronan.
México necesita con urgencia medicinas, seguridad, justicia y empleo. La democracia no se fortalece debilitando al árbitro, reduciendo la pluralidad o concentrando el poder. Se construye con instituciones sólidas, respeto a la ley y ciudadanos libres para decidir.
Por eso en el PRI decimos no a esta reforma, porque no es prioridad, porque no es legítima, porque no es democrática y porque México merece mucho más que un rediseño político pensado para servir a los intereses de unos cuantos.



