Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) son un problema de salud mental con consecuencias graves para quienes los padecen. La psicóloga Daniela Conde Córdova, maestrante en Enfoques Psicoterapéuticos Cognitivo-Humanista, explicó que estos trastornos “se caracterizan por ser un trastorno en el que no hay una buena relación con la comida, en el que se alcanzan a identificar patrones de conducta donde hay una alimentación no saludable o incluso la privación de ésta”.
Aunque para diagnosticarlos se requiere cumplir con criterios clínicos específicos, la especialista advirtió que incluso cuando no se cumplen todos los parámetros, “el comportamiento puede ser igualmente peligroso”.
Las causas de los TCA son multifactoriales: predisposición genética, baja autoestima, insatisfacción corporal, ambiente familiar y social, así como la presión de modelos de belleza inalcanzables. Sobre este último punto, Conde Córdova advirtió que las redes sociales juegan un papel determinante en la construcción de estereotipos: “Es necesario discriminar el contenido que consumimos en internet; evitar seguir cuentas que promuevan estándares inalcanzables es una medida clave de prevención”, apuntó.
Entre las señales de alerta que familiares y amigos pueden identificar se encuentran los cambios drásticos de peso, excusas para no comer, limitaciones alimenticias, atracones en lapsos cortos, así como la discriminación entre alimentos “buenos” y “malos”.
En cuanto a la prevención, la psicóloga resaltó la importancia de fomentar un autoconcepto positivo, promover una educación alimentaria flexible y enfocada en la salud, y no en la estética. Sobre el tratamiento, señaló que el enfoque cognitivo-conductual es el más adecuado, ya que busca modificar las conductas disfuncionales y los pensamientos relacionados con la comida y la autoimagen. Subrayó además la importancia del acompañamiento familiar: “La atención en casa y la psicoeducación son fundamentales en este proceso”, puntualizó.
Según información del Gobierno Federal entre los trastornos de la conducta alimentaria más frecuentes se encuentran la anorexia, la bulimia y el trastorno por atracón. La prevalencia es considerablemente mayor en mujeres, pues por cada hombre diagnosticado pueden registrarse hasta diez casos femeninos. Tanto en el ámbito nacional como internacional, incluso para 2023 menos del 10 por ciento de los adolescentes que padecen estos trastornos recibe tratamiento adecuado.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en Zacatecas la prevalencia de anorexia y bulimia ha mostrado variaciones en los últimos cinco años, con una clara predominancia en mujeres. En 2019 la tasa total fue de 1.81 casos por cada 100 mil habitantes, de los cuales 2.70 correspondieron a mujeres, mientras que los hombres mostraron una tasa de 0.86. En 2021 se registró el mayor repunte con 1.85 casos totales, 2.93 en mujeres y 0.73 en hombres, mientras que en 2023 la tasa general se redujo a 1.29, con 2 en mujeres y apenas 0.24 en hombres.
Estos datos confirman que, pese a la disminución en los últimos años, los TCA siguen siendo un problema de salud pública que afecta principalmente a la población femenina en el estado. Esto se debe principalmente según explicó la psicóloga a la fuerte presión social y cultural por cumplir con estándares de belleza irreales, reforzados por redes sociales y medios de comunicación. A ello se suman factores psicológicos como la baja autoestima, aspectos biológicos y hormonales, así como una mayor tendencia de las mujeres a buscar atención médica, lo que incrementa su visibilidad en los diagnósticos.
Los Trastornos de la Conducta Alimentaria representan un desafío urgente de salud pública, no solo en el estado, si no a nivel mundial, esto por sus múltiples causas que los detonan y la influencia creciente de las redes sociales en la construcción de estereotipos dañinos. La detección temprana, la prevención basada en la educación y el fomento de un autoconcepto positivo, junto con el acompañamiento familiar y la atención psicológica especializada, resultan esenciales para enfrentar este problema y reducir sus consecuencias a largo plazo.



