La libertad de expresión implica un gran avance de la condición humana. México tiene una importante trayectoria en el rubro de este derecho. Implica el libre intercambio de información y la no censura, de manera general. Aunque esta libertad también está sujeta a responsabilidades.
Como anuncié en mi anterior espacio, Zacatecas tuvo un ejercicio mayúsculo de la libertad de expresión: la Marcha del Orgullo LGBTIQ+. Se llevó a cabo en las avenidas principales del centro histórico y congregó a cientos de personas protestando y acompañando.
Desde el año 2002, la marcha ha sostenido una trayectoria de 23 años. En 2025 cumplió una edición más de ser un momento para descargar las violencias que atraviesan a las personas que ejercen su sexualidad o género fuera del territorio generalmente aceptado en la tradición humana; en la cultura patriarcal.
Esta que denomino “descarga” implica fracturar el discurso continuo de odio, exponer las políticas excluyentes que tantas vidas cuestan, enseñar al mundo, a la comunidad que reprocha no ser parte de la dolorosa “normalidad” que otras formas de ser y pensar cohabitan y toman las calles porque también les pertenecen.
Cuando Oscar Wilde vivió el escarnio público de la sociedad victoriana por ser quien era, tuvo que adoptar el nombre de Sebastian Melmoth, pues hasta llevar su nombre era apelativo de vaguedad. Hoy, en Zacatecas, se percibe un capítulo más amable, al menos uno donde las diversidades marchan con una visión de orgullo y celebración de su existencia. Se puede ser Oscar reivindicado y no Sebastian exiliado.
La lucha no culmina. Hay retos por abordar. Y quien escribe considera que las oportunidades de mejora nacen de una fuente que lleva sus aguas hacia dos lados: la sociedad heteronormada y la comunidad sexodiversa. Hoy le dedico mis palabras a la segunda:
El acontecer histórico no ha sido amable contigo. Sin embargo, te ha fortalecido. Nancy Cárdenas dijo alguna vez que la conciencia feminista es un regalo que ilumina de forma paulatina a la persona, hasta apoderarse de ella, a menos que furiosamente haya sido entrenada para el sometimiento.
Usa estas palabras a tu favor. La catarsis de la marcha debe ser la catapulta que genere en ti la rabia suficiente para luchar, con corazón, tripas, manos, saliva, lengua, sexo, y sobre todo, cerebro. Para iluminar a las personas que padecen del sometimiento.
Mira cómo la marcha ha sido un escenario de amor por quien estaba a tu lado elevando su grito hacia la torre más alta de tan hermosa catedral. Valora los colores que te abrazan y acompañan porque son parte de ti. Porque en ellos encuentras la familia que está para ti, que afronta el miedo contigo. Ama y defiende.
Pero también nutre tu mente. Usa tus cualidades para compartirlas con la sociedad y lleva la antorcha de lo que eres y sabes, esa que se alimenta del fuego de tantas mentes que han dejado su legado ardiendo en las llamas del conocimiento. Desgarra a la Historia con tu pluma, con tu cámara, con tu arte, con tu trabajo porque la memoria se delega a quienes vienen para que sepan que estuviste ahí.
Hay quienes te dicen que estás mal. Que usan un título universitario para ostentar discursos de odio hacia tu existencia. Dicen que te has desviado.
Hace unos días, una psicóloga publicó una imagen de un compañero de la comunidad, y nos llamó “desviados” desde la tribuna de la religión y la ciencia. No fue una crítica, fue un diagnóstico moral. Qué bueno que estemos desviados —porque ese desvío es el que nos ha permitido alejarnos del sometimiento y acercarnos a la libertad. La libertad como desvío, entonces, no es error: es resistencia.
Qué bueno que así sea, porque el camino del sometimiento está lejos del de la libertad. Aprovecha tu propia senda para explorar la riqueza de lo diverso. Para iluminarte y jamás desaprender de ti la luz que inunda tu identidad.
El primer manifiesto de la lucha homosexual en México (porque inició con ese nombre) fue titulado «Contra la práctica del ciudadano como botín policiaco» y decía: «Es posible acusar a una persona de violación o corrupción, más no de ser homosexual, como no se le puede acusar de ser rubio, alto, zurdo o guapo, condiciones tal vez menos frecuentes que la de homosexual».
Han transcurrido 50 años desde ese primer manifiesto. ¿Cuál es el que corresponde ahora? ¿Qué falta para que la lucha por la libertad deje de ser una causa y se convierta en el estándar social? ¿Cuáles luchas atraviesan la de las diversidades sexual y de género?
La marcha no termina al final del desfile. Empieza cada día en cada acto de defensa, amor y memoria.



