Pero mi convicción es el periodismo combatiente, apresurarnos para desenmascarar aún más la nostalgia neoliberal de la derecha, defender a capa y espada la instauración en cada barrio mexicano los tribunales de la justicia popular obradorista y que en cada una de las 70 mil seccionales guindas, yo presido la patriótica 821 del distrito V, persista la curiosidad, la fuerza organizativa, la apertura de todas las corrientes de la filosofía barata y de la fresa y que no nos escandalicemos si vienen sucesos insólitos para la experiencia humana.
Es obvio que la hechicería existe desde tiempos ancestrales y aunque haya incredulidad de muchos segmentos de la inmensidad mexicana, 134 millones de habitantes, 11 millones de extranjeros, el hecho existe, fuera de charlatanes, fraudulentos tarotistas, echadores de la suerte y alquimistas borrachos, en muchas, muchísimas poblaciones mexicanas y del continente coexisten hechos sobrenaturales y que espantan a la gente, la arremolinan en el desentendimiento, le suman sucesos realmente sorprendentes y yo recabo cada día más y más.
Desde la edad de 15 años entré en los férreos círculos de estudios marxistas leninistas, los debates abiertos entre el mundo espiritual, las religiones propagadoras del miedo y el castigo y por el otro, los hechos científicos que le dieron en la torre a las suertes de la plebe, las pugnas entre las clases sociales, las ignorancias supremas, los delitos de la mentira y la simulación.
Al paso de los años sigo creyendo en el marxismo como una guía para la acción para las revoluciones proletarias en el mundo, pero sigo creyendo en Dios, en las misiones de los seglares que instruyeron al nuevo mundo, creo en la teletransportación, que hay magia negra, magia blanca, toda clase de fantasmas, dimensiones y seres supremos, inigualables, en fin, un mundo alucinante que ahí está, despierto o dormido, impávido o celebrando cosas y sucesos realmente extraños para la gente que se considera normal.
O que simplemente no existen.
Tengo casi un año sin carro por lo que me veo obligado a usar muchos taxis y tanto en Zacatecas, Monterrey o San Luis Potosí escucho gran cantidad de historias, llenas muchas de estas sorprendentes, conversaciones insólitas de intercambios emocionales que me someten a creer que nuestro mundo es un ser aparatoso y mezcla de glándulas pineales, espiritualidad bloqueada y las variantes de las tradiciones mexicanas convertidas en naguales, eventos colombianos trasmutados en brujas y lechuzas, gran hechicería macumba en Argentina donde se trabaja con espíritus que parlan el portugués, los relatos que me confiaron la diplomacia dominicana en Nicaragua acerca de su propio pueblo y su vecindad con el haitiano y otras narraciones adheridas a peruanos, chilenos, bolivianos y paraguayos.
Conclusión: ¡no le saque!, ¡éntrele!, júyale para entender que hasta la derecha mexicana y mundial hace acopio hasta de pactos con demonios, no se trata de espantar a los comensales sino de darles herramientas y con un solo objetivo: entender la naturaleza humana y corregir el desvarío, la iniquidad, el desorden, la carencia, el desamor y a los vividores.
Quizás porque siempre vi desde mi niñez a mi abuela en el mundo de la gitanería, a mi madre leyendo cartas y haciendo limpias, a mi esposa con gran cantidad de gente esperando que les leyera las cartas y de manera natural siempre he tenido la certeza de que cuenta mucho el estudio de las ciencias ocultas y la metafísica y un poquito de intuición y el desarrollo abierto y descarado del psiquismo en pos de saber más y acumular conocimientos de toda índole.
No hay incongruencia, solo curiosidad tremenda por saber más y más y así tengo cientos de relatos de pobladores de Zacatecas, hechos inverosímiles pero reales, de las otras dos ciudades muy visitadas por mi estima y mi estancia, mil relatos que estructuran y redistribuyen toda clase de lecciones que da la vida cotidiana y gasto en libros, escribo, transcribo, deduzco y tengo una fuerte clientela que cree en qué puedo desentrañar y avizorar lo que fue, lo que es y lo que será.
En México hay muchos pueblos brujos, casi cada municipio en el país tiene a un curandero o curandera, no solo de hierbas y pócimas o rezos e invocaciones, sino de grandes personalidades que tienen destrabadas sus potencialidades y nos hablan de amor y no de soberbia, de ayuno y no de saciedad, de solidaridad y no del protagonismo.
No querer ver eso o ignorarlo, es un error.
La guía siempre será el mismo pueblo, sus sentimientos y sucesos en su vida cotidiana.



