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miércoles, 1 diciembre, 2021

El lado b, de lo que Covid nos dejó

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Por: LUCÍA MEDINA SUÁREZ DEL REAL •

Un año después, con 200 mil defunciones oficiales y dos millones de contagios como trágico y temporal saldo (pudiera empeorar) , no parece haber manera de hacer una evaluación favorable a todo lo sucedido en la situación de covid.

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Fallecimientos, secuelas en los recuperados, problemas económicos, etcétera, solo permiten hablar de a cual país le ha ido menos mal, y considerar como “exitoso” al que menos ha padecido.

Un muerto siempre es demasiado, 200 mil evidentemente mucho peor, y solo por hablar de las cifras oficiales, que según las propias autoridades han advertido, podrían ser menores a las reales.

Los saldos negativos son más amplios que los de salud. La pandemia significó también el cierre de muchos negocios, el despido de muchas personas y la disminución del consumo.

La desigualdad social también aumentó. Se estima el incremento en la deserción escolar, la disminución del aprovechamiento de los niños y retrasos en el aprendizaje.

Confinadas en casa y en situación estresante, las mujeres padecieron más violencia que en condiciones prepandémicas, además de aumentar considerablemente sus labores en casa, mucho más porque los niños ya no asisten a la escuela.

Pero más allá del optimismo vacío, es cierto eso de que en toda crisis hay también oportunidad, pues la única certeza es que se modifican el estado de cosas y tampoco es que como estaban fuera ideal.

Así, en medio de toda la catástrofe, los padres compartieron más tiempo con sus hijos, mejoró en algunos sectores la asimilación de tecnología, y se flexibilizó, quién sabe que tanto para bien, las reglas laborales que antes parecían infranqueables.

Todo eso sería difícil de medir, y puede estar muy relacionado con nuestra burbuja social. En la que, si usted es tan privilegiado como yo, encontrará a más de uno de sus cercanos deseando que esto no termine nunca, porque esto les dio oportunidad de hacer cosas que antes parecían imposibles.

En la situación nacional también se modificó. El sistema de salud enfrentó esta pandemia muy mermado, con escasez de personal capacitado, recursos, infraestructura y hasta medicamentos.

Cierto es que no está todo resuelto, pero la situación de emergencia obligó a que el ambiente social no regateara un solo peso de lo destinado a salud, o que se cuestionara la recuperación de la rectoría del Estado en ese tema al grito histérico de “¡Venezuela!”.

La crisis sanitaria permitió aumentar el número de camas hospitalarias, concluir hospitales que se encontraban fuera de servicio, la contratación de más de cincuenta mil médicos y enfermeras que ya de por sí eran necesarios, entre otras cosas.

Quizá de entre las acciones más destacadas está el incremento de los espacios para estudiar las especialidades médicas hasta en 300%, lo que significará que en una sola “tanda” se capaciten lo que antes requería de cuatro.

Esta es una apuesta a largo plazo cuyos beneficios no se verán en este sexenio, sino en el siguiente, cuando incremente el número de médicos especialistas y probable y esperanzadoramente eso signifique que se cubran cientos de vacantes en lugares remotos que nadie quiere cubrir, y quizá incluso hacer más accesible las consultas con ese personal, cuyo costo hoy alcanza una semana de salario mínimo, en parte debido a las leyes de la oferta y la demanda.

De la misma manera, la emergencia sanitaria hizo recordar a la opinión pública la existencia de Birmex, y su importancia para el bienestar y la salud. Gracias a ello, se aproxima su recuperación y se trabaja también en la posibilidad de que sea a través de ella que se distribuyan medicamentos, ahora que está cambiando también la forma en la que se adquieren, priorizando los mecanismos propuestos por la Organización de Naciones Unidas, sobre las compras directas con empresas que por naturaleza tienen fines lucrativos.

Se antoja poco probable que esto hubiera podido suceder fuera del contexto pandémico y la sensibilidad que produjo.

La situación por supuesto que fue indeseable, dejó daños en más de un ámbito y costará mucho tiempo recuperarse, pero esto no está a discusión. El camino hacia adelante (y aún ahora, porque esto aún no termina) tendrá que ser cómo sacarle provecho a la circunstancia en esos ámbitos: educativo, económico, etcétera.

Es esperable que la expresión de que la covid cayó “como anillo al dedo” sea una torpe manera de decir que justo eso se está analizando. ■

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