La Gualdra 701 / Literatura / Entrevistas
Por Antonio Cienfuegos
Francisca Palma Arriagada es periodista y Magister en Comunicación Política por la Universidad de Chile, institución en la que actualmente es coordinadora de comunicaciones. Es integrante de la revista digital de cultura y política latinoamericana La Raza Cómica. Publicó en 2016 el libro Iquique Glorioso. Crónicas de la Tierra de Campeones (Ediciones Radio Universidad de Chile), sobre las memorias recientes de esa ciudad chilena. Es coautora de los libros Afectos y efectos de una educación intercultural y antirracista. Experiencia en torno a la migración del Colegio República de Croacia de Iquique y ¿Quién soy? Voces memoria e identidad de los niños y niñas de Alto Hospicio, ambos del 2018; y coeditora del libro Violencia Político Sexual es terrorismo estatal. Aproximaciones desde la experiencia y la memoria contra la impunidad en Chile (2023).
El año 2024 lanzó su primera novela, titulada Iconoclastas (Editorial Navaja), y se adjudicó la Beca de Creación Literaria del Ministerio de las Artes, las Culturas y el Patrimonio. Publicó también el fanzine La Huerta, bajo el sello independiente Blueditorial. El 2025 publicó el poemario Kayser, que visita desde la poesía lo ocurrido el 20 de octubre de 2019 cuando Yoshua Osorio, Julián Pérez, Andrés Ponce, Luis Salas y Manuel Muga fueron encontrados quemados en la bodega de Kayser, ubicada en Renca (1), en el marco del estallido social. Ese mismo año se adjudicó la residencia de escritura Finestres, en Barcelona, proceso que ejecutará en marzo del 2026.
Francisca Palma es también realizadora del proyecto documental Un sueño en el desierto, sobre la vida y legado del geógrafo Freddy Taberna, y del proyecto de arte textil Bordado de una herida abierta, en memoria de las niñas y mujeres víctimas de Alto Hospicio.
Antonio Cienfuegos: Francisca, Kayser es tu primer poemario y, además, no es un poemario al uso. Es un artefacto literario que se lee como parte de un proceso judicial, un peritaje, un archivo del dolor de la historia reciente de Chile, a partir del “estallido social” de octubre del 2019. ¿Cómo nació la necesidad de escribir este libro y por qué elegiste la poesía como formato para este testimonio desgarrador, cuando hasta ahora habías publicado únicamente narrativa?
Francisca Palma: No pude hacerlo de otra forma. Si bien mi registro usualmente es el periodístico, por mi trabajo, y pudiendo haber acudido a él para escribir algo en ese código sobre este funesto suceso, no pude. Muchas personas que conozco que se dedican a la palabra me confesaron que luego de iniciado el estallido social no pudieron escribir. Me pasó lo mismo. Fue luego, con los años, a propósito de otros contenidos que pude hacerlo, y lo que salió fue en registro poético, exploratorio, especulativo. Estos contenidos son puntualmente la obra de teatro El Oasis de la Impunidad, de la compañía La Resentida; y el reportaje sobre el caso Kayser de la periodista Alejandra Matus, del 2021. Todo esto, teniendo en modo latente el hecho. Ahora, a esto se suma el cortometraje documental Seguir en la memoria (2), del director Fernando Véliz. Me parece inconcebible, incluso insoportable, que apenas unos años atrás haya pasado algo como esto, que a su vez se suma a otras violencias como las mutilaciones oculares. Es absurdo además si le sumamos la variable impunidad a lo sucedido.

AC: El libro está estructurado en cinco capítulos que siguen una lógica casi forense: Fuego, Cuerpos, Territorio, Justicia, Exhumación. ¿Fue una estructura preconcebida o emergió del proceso mismo de escritura?
FP: Escribí a medida que acontecían las imágenes detonadas por el reportaje, por los recuerdos del 2019, por la lectura de algunas noticias, por haber asistido a algunas velatones (3) convocadas por los familiares y más hacia el final, tras la revisión de documentos de las fojas del proceso judicial. Sólo escribí. Luego, en febrero del 2025, tuve la posibilidad de sentarme a ordenar los poemas. Ahí apliqué una racionalidad más periodística, taxonómica tal vez, de separarlos por capítulos que, si bien no responden a una cronología -sería brutal apostar sólo a una cronología-, sí constituyen una narrativa, un hilo conductor por los tópicos aludidos: la carne, el cuerpo quemado, la idea de justicia, su aplicabilidad en el caso Kayser, de la mano de lo que no ha ocurrido que viene de modo más especulativo en el que se denomina “exhumación”.
AC: Uno de los poemas más devastadores es el N°12 del primer capítulo, donde personifica al fuego. Es un fuego con intención, un “artista demente”. ¿Podría leerse esta personificación como una forma de señalar una responsabilidad más allá de la negligencia, una suerte de intencionalidad política en la tragedia?
FP: Soy de las personas que olvidan lo que hacen. O más bien, que entre tanta labor de trabajo y proyectos en paralelo abandono temporalmente los escritos. Este tiempo de distancia es una forma de enjuagar la mirada, de luego volver y encontrarse con lo escrito y muchas veces sorprenderse sobre lo plasmado. ¿En qué momento puse esto?, ¿qué hizo que pensara tal cosa, que hiciera tal relación? Me gusta sorprenderme por las personas que fui y que escribieron tales cosas. Del milagro que es que un pensamiento o una imagen trascienda la vorágine del día a día y logre quedar escrita, y luego articulada a un proyecto, como en este caso.
Puntualmente esto que preguntas tiene que ver con el horror. Es horripilante, violento e inconcebible -vuelvo a ese concepto- que haya podido pasar algo así. Que cinco familias de este país, en pleno siglo XXI, con todas las tecnologías y formas de registrar la vida, no sepan lo que pasó con sus seres queridos. Porque no fueron atropellados, no se infartaron: fueron encontrados quemados al interior de una bodega. Ese no saber es el horror. Es demencial pensarlo. Frustrante, doloroso. Insoportable.

AC: En el poema N°54 juega con la ortografía del nombre: “Kayser con y / y / Kaiser con i”. Este juego lingüístico, que parece mínimo, abre una grieta enorme sobre la identidad, la verdad y la burocracia. ¿De qué manera el lenguaje institucional se convierte en otro mecanismo de violencia?
FP: Estas dos formas de escribir Kayser las encontré en algunos de estos archivos judiciales. Como dices, puede ser algo mínimo, un error, pero dejarlo constatado tiene que ver con el juego mismo del lenguaje que se produce por ese intercambio, pero puede reflejar otras cosas más profundas. Otro ejemplo que quizás es más elocuente es el nombre de Yoshua Osorio, una de las víctimas, que en algunos documentos aparecía escrito con J. Algo que también encontré en los medios de comunicación.
Ahora, si es por hablar del lenguaje institucional como mecanismo de violencia, los archivos me mostraron algunas declaraciones de los familiares referidas, por ejemplo, a citaciones a tomarse muestras al Servicio Médico Legal de modos inapropiados o violentos y la desidia en términos periciales en general. Esto se complementa con lo apreciado en el reportaje de Alejandra Matus, en donde los familiares entregan su testimonio sobre errores graves en el proceso de notificación de autopsia. Parte de estas citas las incluí en algunos poemas. Quise poner esa voz allí.
AC: El libro incluye un “Cementerio de citas y pericias literarias”. ¿Por qué fue importante para ti enmarcar su trabajo en un diálogo con otras voces poéticas como Raúl Zurita, Elvira Hernández o Gonzalo Millán?
FP: En medio del proceso de escritura fui encontrando textos que dialogaban con el imaginario de este libro que escribí sin desconocer la tradición poética local, la cual tiene una importante presencia de contenido y foco poético y documental, del cual, sin duda, estoy muy influenciada pero no tan instruida. Ha sido azaroso el camino de encuentro con textos referenciales, desde antes de escribir Kayser. Me falta leer muchísimo. Al momento de hacerlo, fui anotando estos textos que hablaban de temas similares, en registros parecidos. También en el diálogo con otros, amigos y amigas, fueron llegando sugerencias, pistas y selecciones, porque finalmente la escritura es un ejercicio solitario en su ejecución material, pero es acompañado en otros sentidos: en el hablar de lo que se está trabajando y en estas referencias que van quedando en nuestro imaginario, sólo que a veces no podemos explicitarlas porque se acoplan más inconscientemente. Además, ya lo dije, soy olvidadiza. No todas los textos puestos en este anexo son poéticos, en todo caso. Otra característica asociada a este espacio final del libro es que quisiera seguir ampliando este anexo. Imagino que pueden surgir otras ediciones de Kayser en el futuro, que permitirían ampliar este apartado. Además, los misteriosos caminos que tome el libro dirán si se acercan otras citas, especialmente de poemarios de otras y otros que aún no se han escrito.
Actualmente estoy escribiendo otro conjunto de poemas, esta vez sobre el desierto y estoy aplicando el mismo proceso: explicitar y concitar los textos, frases, citas que se hermanan por distintas razones con ese proyecto. Es una práctica que espero mantener en el caso de la escritura poética, que además quiero seguir desarrollando.
AC: Hay un poema, el N°61, que es un punto de quiebre. Cita a “quien sabe de fuego” para afirmar: “no es / la posición / habitual / de un quemado”. Es la poesía haciendo de contraperito. ¿Crees que la literatura puede, efectivamente, aportar pruebas o verdades que la justicia no ve o no quiere ver?
FP: Ese verso es parte de una de las declaraciones de un meta perito entrevistado en el reportaje de Alejandra Matus, que reafirma las dudas explicitadas en ese material periodístico por parte de las familias. De todas maneras, como todo libro o creación artística en general, se trata de una versión, en este caso más puntualmente, de un artefacto literario que propone una verdad poética, no verdad jurídica. De todas maneras, como bien sabemos, la idea de hacer circular versiones en este registro se propone, en mis objetivos, que esta historia no se olvide; que si bien pueda concluir el proceso judicial con cierto resultado, al final hay cinco personas que murieron y fueron encontradas quemadas en un recinto como éste, que hay cinco familias que perdieron a un ser querido de esta forma, y por sobre todo, no en cualquier contexto: hablamos de un alzamiento popular fuerte y brutalmente reprimido. En ese sentido, la poesía es una oportunidad para revisar y poder decir, en otro registro, algo sobre lo ocurrido, poder poner a hablar a los muertos, a los edificios. En ese sentido, la poesía puede ser el contraperitaje que el Estado no hizo. Acá estamos ante una propuesta de “verdad” sensible y personal, escrita con respeto a las familias y quienes conocieron a los cinco.
AC: El poema N°66 habla de los “más quemados de Kayser”, los que sobrevivieron. La imagen de la enfermera que confunde el hollín con el miércoles de ceniza es potentísima. ¿Cómo fue el proceso de acercarse a los sobrevivientes y a las familias para construir este relato?
FP: Es justamente por la potencia especulativa de la poesía. Si bien sabemos que fueron cinco las personas encontradas calcinadas en este recinto, en el marco del estallido social fueron encontrados otros cuerpos en supermercados y centros del retail en la región Metropolitana. Por ejemplo, en Maipú fue encontrado el cuerpo del estudiante Maicol Yagual, hecho que por lo demás también fue abordado poéticamente por la escritora Verónica Jiménez en el libro Persona sin identificar (4). Y es también una forma de evidenciar la continuidad histórica del fuego como violencia estatal o como respuesta a las aberraciones de la violencia política, como sucedió con el caso quemados del año 1986 con Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas de Negri y Sebastián Acevedo, quemado a lo bonzo en Concepción en 1983. Es una forma de evidenciar los diálogos abiertos que tenemos en la historia de Chile en torno a estos sucesos.
Este es un trabajo hecho desde el respeto y con el objetivo de ayudar a visibilizar lo sucedido. En esa línea, recientemente pude entregar un ejemplar de Kayser a cada familia, encontrarme con dos de ellas, a quienes había visto como participantes de algunas velatones de los 20 de octubre. En la jornada de exhibición del documental de Fernando Véliz, además, pude entregar un ejemplar a la senadora Fabiola Campillai, víctima de trauma ocular, a quien dedico uno de los poemas, el 49.
AC: Al final del libro, en la página 108, se lee: “Seguimos esperando justicia”. Después de haber escrito Kayser, después de este acto de exhumación literaria, ¿qué significa para ti y tu historia personal la palabra “justicia”? ¿Ha cambiado tu concepto tras este proceso?
FP: Es una pregunta que he aplicado muchas veces como periodista a quienes escriben libros que aluden a procesos de agresión y violencia, en distintos niveles. Las respuestas han sido muy diferentes: que los libros no hacen justicia, que sí pueden ayudar a la reparación… En este caso, concuerdo con la idea de que un libro como Kayser, en su registro poético, no producirá justicia en el ámbito de lo legal-institucional, pero me doy por satisfecha por todo el proceso, las emociones puestas el valioso trabajo de la editorial, al poder entregarle este texto a los familiares de las víctimas y contribuir en parte a que esta historia no se olvide; que pasen los años y que el 20 de octubre no pase desapercibido y que quizás las próximas generaciones se encuentren con el libro en medio de los azares de sus caminos y sepan que esto pasó en en Chile.
AC: Para terminar, esa última línea del libro es un haikú desgarrador: “20 de octubre una vela siempre”. ¿Es la poesía, entonces, esa vela que nunca se apaga?
FP: La poesía es fuego que en su palabra describe, señala, denuncia, plantea lo no dicho, y con ello, enciende la vela de la memoria. Mientras este poemario circule en papel, en digital, en las lecturas, en los encuentros, cada 20 de octubre, cada día para las cinco familias afectadas por este hecho de violencia, podrá ser una vela que se une a los otros poemarios de esta trayectoria de poesía política que se han tenido que escribir por la impunidad, la desidia, la desigualdad ante el trato judicial que se repite.
(1) Renca es una comuna ubicada en el sector norponiente de Santiago, Chile, perteneciente a la Provincia de Santiago.
(2) Seguir en la memoria, de Fernando Véliz https://www.instagram.com/reels/DONGf4GjLbY/
(3) Actos de protesta o manifestaciones que se hacen por las noches y que consisten en colocar velas encendidas en lugares públicos.
(4) https://www.balmacedartejoven.cl/noticias/lanzamiento-del-libro-persona-sin-identificar-de-veronica-jimenez-en-baj-valpo/
https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_701



