La reciente reducción en homicidios, disminución de la incidencia delictiva y mejoría en la percepción de seguridad en Zacatecas ofrecen una oportunidad única. Esta coyuntura permite trascender la lógica de la emergencia para abordar proactivamente las causas profundas de la inseguridad, construyendo confianza y paz duradera. Sin embargo, no podemos ignorar la compleja trama de otras violencias y otros delitos que aún laceran nuestro tejido social, cuyo costo va más allá del daño físico, abarcando el impacto psicológico, la disrupción cotidiana, el miedo constante, la fragmentación social y la inestabilidad económica. Desde la perspectiva de la violencia crónica y la seguridad humana, propongo cuatro puntos cardinales para Zacatecas.
1. Superar el Enfoque Reduccionista: Más Allá de la Violencia Homicida
Esta desviación impacta negativamente las políticas públicas, priorizando la contención sobre el desarrollo social y el fortalecimiento institucional. Es crucial que el análisis y las intervenciones en Zacatecas trasciendan el indicador letal, explorando el espectro completo de violencias que debilitan la seguridad humana, incluyendo la violencia psicológica, estructural y cultural, cuyas consecuencias a largo plazo son devastadoras.
2. Visibilizar la Pluralidad de Violencias Cotidianas: Extorsión y Violencia Familiar
La violencia crónica es multidimensional, abarcando un espectro de violencias sufridas por civiles en el hogar, barrio, escuela, cárceles y espacio público. Investigaciones demuestran que violencias no letales como la extorsión y la violencia intrafamiliar tienen un impacto devastador. La extorsión, por ejemplo, afecta desde grandes empresarios hasta pequeños comerciantes, paralizando la economía y forzando la migración. La violencia intrafamiliar, con abuso emocional, negligencia y físico, deja cicatrices profundas que se transmiten generacionalmente. Estas violencias, a menudo «invisibles» por miedo o vergüenza, generan indefensión y erosionan la confianza en autoridades y redes comunitarias, perpetuándose en un ciclo de sufrimiento silencioso.
El impacto devastador de estas violencias se traduce en ruina económica, desplazamiento, crisis de salud mental y ruptura de apoyos comunitarios. Visibilizar estas violencias que dañan progresivamente la vida, cambiando el enfoque de una lógica punitiva a una de prevención, apoyo a víctimas y construcción de resiliencia comunitaria, es el primer paso hacia una política de seguridad más humana.
3. Entender la Reproducción de la Violencia y el Trauma Progresivo
La persistencia de la violencia en Zacatecas no es aleatoria; es un fenómeno sistémico que se reproduce a través de complejos micro y macroprocesos. Los macroprocesos incluyen factores estructurales como la pobreza extrema, la desigualdad social creciente, los legados históricos de conflicto y violencia, la debilidad institucional y los efectos destructivos de ciertas políticas económicas y de urbanización. A nivel microsistémico, la exposición continua a la violencia amenaza la capacidad de las personas para desarrollarse física, mental y socialmente de manera saludable, afectando la formación de lazos sociales constructivos y fomentando la «justicia directa» cuando las instituciones fallan.
4. La Necesidad de Respuestas Integrales y Participación Ciudadana
La violencia crónica es un fenómeno sistémico que no puede abordarse con intervenciones de política aisladas. Requiere respuestas integrales y contextualizadas.
Particularidades Locales: Es crucial que las políticas de seguridad en Zacatecas se diseñen y ejecuten teniendo en cuenta las variaciones contextuales y las historias sociales y económicas específicas de cada municipio y colonia. Lo que funciona en una comunidad puede no ser efectivo en otra, y las respuestas provenientes de la capital suelen ser genéricas y no atienden las modalidades locales. La «seguridad desde abajo» subraya la importancia de la co-construcción del conocimiento con las personas más afectadas, permitiendo diagnósticos participativos y propuestas que emergen de las realidades vividas.
Desigualdad Socioeconómica e Institucionalidad: La pobreza extrema, la desigualdad y la falta de oportunidades de empleo digno son factores estructurales que alimentan la violencia. Además, la debilidad institucional del Estado, es fundamental que Zacatecas invierta en programas sociales que fortalezcan el tejido social, la educación, la salud y el empleo, y combata la impunidad.
Participación Ciudadana y Agencia Desde Abajo: La seguridad no es solo una responsabilidad gubernamental; es una tarea que compete a toda la ciudadanía. La metodología de «seguridad desde abajo» ha demostrado cómo, a pesar de las condiciones adversas, las comunidades tienen la capacidad potencial o real para reducir la violencia y participar activamente en la formulación de políticas de seguridad. Esto implica generar espacios seguros para el diálogo, donde las voces de los afectados —especialmente mujeres y jóvenes— sean escuchadas y se transformen en propuestas concretas.
En conclusión, para Zacatecas, el siguiente paso en las políticas de seguridad no es simplemente endurecer la mano o aumentar los efectivos, sino adoptar un enfoque holístico que reconozca la violencia crónica en todas sus manifestaciones, comprenda sus raíces en el trauma y la reproducción social, y, fundamentalmente, empodere a las comunidades para co-construir soluciones desde abajo. Solo así se podrá aspirar a una seguridad verdaderamente humana y duradera.



