Quisiéramos decir a la gente otra cosa, pero debemos desear a todos, menos años de estos, 2015 está por fenecer, un año marcado por los efectos de la corrupción, la descomposición, la inseguridad y la crisis económica que a toda costa el régimen priísta en todos los niveles ocupa grandes esfuerzos en negar y en matizar, afectando en mayor o menor grado a todos, zacatecanos y a todos los mexicanos.
Este año, fuimos testigos de la fallida investigación sobre el genocidio en Ayotzinapa, el derrumbe de la “verdad histórica” de Murillo Karam, la fuga de Joaquín “El Chapo” Guzmán, la entrega de la industria energética a los patrocinadores de la campaña de Peña Nieto, los escándalos de corrupción en OHL, el asesinato del periodista Rubén Espinosa con cuatro personas más en la colonia Narvarte del DF; la caída en picada de los precios del petróleo; la demanda de 13 millones de empleos; la delincuencia organizada, operativa y creciente en la mayor parte de las entidades federativas con su estela de muertes y desapariciones forzosas por cientos de miles; la militarización del país y con ello el aumento la represión; la galopante devaluación del peso y los consabidos aumentos de la paupérrima canasta básica. Todos son hechos que marcaron la agenda durante 2015.
En corrupción, las cifras del costo económico que provoca en México varían de acuerdo con diversos estudios, pero en todos ellos las pérdidas para el país representan cifras multimillonarias. El brazo financiero del Banco Mundial (BM), la Corporación Financiera Internacional, estimó que esta práctica podría ser equivalente a 9 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Por su parte, el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) registra que podrían estar entre 2 y 10 por ciento del PIB, es decir, una magnitud alrededor de un billón 602 mil 986 millones 130 mil pesos. El Banco Mundial coincide con esa cifra y agrega que la cantidad podía compararse con 80 por ciento de la recaudación de impuestos nacional.
En cuestión de inseguridad, la realidad supera a lo que jamás habíamos podido imaginar hasta hace pocos años, 30 de las 32 entidades se ubicaron con focos rojos en al menos uno de los ocho delitos principales que se cometen en México: homicidio, secuestro, extorsión, robo de vehículo, robo a casa, robo a negocio, lesiones y violación, sólo exceptuando Sinaloa y el Estado de México, el resto de los estados del país terminó al cierre de octubre, con indicadores criminales por encima de sus medias nacionales en los últimos tres años, de acuerdo a datos del Semáforo Delictivo.
Lo más inquietante es lo que revelan casos emblemáticos como Tlatlaya, Apatzingán o Tanhuato, donde se ha evidenciado una manera de operar de corporaciones policiales y castrenses inaceptable en una sociedad basada en el orden jurídico, la presunción de inocencia y el uso proporcional de la violencia del estado. El gobierno priísta de Peña Nieto (y también los panistas en su momento) a pesar de sus dichos, ha permitido o lo que es peor, puede estar propiciando el pisoteo a los derechos humanos en el actuar de los cuerpos policiacos y castrenses. Existe una evidente y creciente descomposición de las corporaciones locales, con el consiguiente deterioro de su imagen, sin que se vea las más mínima intención real de detener este proceso de degradación.
El otro gran renglón torcido del régimen priísta de Peña Nieto es la evidente, pero disimulada crisis económica, las cacareadas 11 reformas estructurales, estandarte de esta administración, sólo han resultado instrumentos de entrega de los recursos nacionales, despojando a los mexicanos de soberanía sobre estos, Y en ninguna manera representan instrumento para mejorar las condiciones de vida de todos, como se ha anunciado desde un principio, al contrario.
No es fortuito ni casual que el número de pobres en México haya pasado de 52.8 millones de personas a 53.3 millones entre 2010 y 2012, con la administración panista, y nuevamente aumentara en 2 millones durante los primeros años de la administración priísta de Peña Nieto, al pasar de 53.3 millones en 2012 a 55.3 millones en 2014, ahora más de 46.2% de la población mexicana es pobre, esto es provocado por la continuidad de la política económica en ambas administraciones, más la falta de un verdadero proyecto económico, que genere empleos permanentes y bien remunerados de todo tipo.
Según investigadores del Postgrado de Economía de la UNAM, más que las reformas, falta tener claro cuál es el proyecto de país que se quiere a mediano y largo plazos para que se pueda estar invirtiendo, y en México no se ha aplicado un proyecto de largo plazo por este régimen y los anteriores. En el Plan Nacional de Desarrollo (PND) no hay metas cuantitativas y un país que quiere comprometerse en el mediano plazo traza metas cuantitativas para valorar cuál camino seguir, según se señala por esta institución.
2016 es el año del cambio, de la oportunidad para un futuro mejor, en Zacatecas un millón 120 mil 559 zacatecanos deberán salir a votar el próximo 5 de junio para elegir un total de mil 387 cargos, se elegirá nuevo gobernador, 58 alcaldes, 12 diputados de representación proporcional y 18 de mayoría relativa, es un año para que los zacatecanos y todos los mexicanos revaloremos el rumbo, la ruta a seguir, es claro que el año 2015 que queda atrás fue desastroso, pero está en nuestras manos lograr un mejor futuro, al elegir un nuevo gobierno que tenga metas claras, estrategias para atacar la corrupción, para establecer condiciones de seguridad para realizar nuestras actividades cotidianas y en ultima instancia, mejorar las condiciones de vida de todos, no sólo un grupo de privilegiados.
No queda más que desearles un año mejor, seguro y próspero. 2015 con su cauda de corrupción y degradación queda atrás, pero en 2016 tendremos la oportunidad de decidir, de cambiar lo que no funciona, de elegir a quienes deberán cumplir el mandato popular, esta oportunidad es la mejor perspectiva, aprovechemos y tomemos la mejor decisión para nuestras familias y nuestros hijos, ¡Feliz Año Nuevo 2016! ■



