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El cansancio adelantado

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Por: La Gualdra •

La Gualdra 681 / Río de palabras

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Por Juan Carlos Macías Berumen

Igual que todos los otros viernes, de regreso a casa, subió al camión nocturno saboreando ya el descanso que prometían sábado y domingo. En la pantalla del autobús se reproducía la adaptación que Edgar Wright hizo de Orgullo y Prejuicio. Por supuesto que la había visto antes, pero en ese momento no la estaba esperando. Afuera, las luces de la carretera destellaban intermitentes, recordándole que su vida avanzaba con igual monotonía, adentro el murmullo del motor acompañaba los diálogos, y él, rendido, se dejó llevar por la historia que ya le era conocida.

Busto de Matthew Macfadyen como Fitzwilliam Darcy. En Wikimedia commons
Busto de Matthew Macfadyen como Fitzwilliam Darcy. En Wikimedia commons

Durante las escenas de la visita de Elizabeth a Pemberley pensó en las célebres diez mil libras que recibía el Sr. Darcy cada año y no pudo evitar pensar lo que para él significarían. Claro es que al día de hoy valdrían mucho menos, pero aun así, se puso a pensar en cómo cambiaría su vida con la certeza de un ingreso que no se escurriera entre pasajes, cuentas y cansancio. Soñó que con ese dinero podría leer versos hasta el amanecer, manchar un lienzo con colores, o esperar en un café a alguien que quizás no llegaría, las posibilidades parecían infinitas. Fue en esa breve ensoñación que comprendió que toda su vida se había reducido al simple hecho de mantenerse vivo, sin alcanzar nunca el lujo de averiguar quién era en verdad.

Al llegar a su destino, asomó por la ventana y ésta le devolvió el reflejo de un rostro que parecía ya cansado de antemano, como si la experiencia llegara tarde a un cuerpo que nació rendido. Él llevaba consigo ese cansancio cada día, en los viajes de ida y de regreso, en las horas que se consumían para mantener apenas encendida la lámpara de la existencia. Al bajar del camión, aceptó que quizá esas diez mil libras nunca llegarían y puede que además no le darían la tranquilidad con que soñaba ni alterarían su persona, pero la idea, ciertamente, lo había hechizado en cuerpo y alma.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_681

 

 

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