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sábado, 13 julio, 2024
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El ser docente y el docente como ser

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Por: RAMIRO ESPINO DE LARA •

  • Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa Mahatma Gandhi

A manera de preámbulo

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Año de 1968, en una escuela primaria semiurbana, un día cualquiera se trabajaba de manera ordinaria en el único grupo de cuarto grado de aproximadamente 25 alumnos, uno de ellos fue el protagonista principal, al ser abordado por su maestro para interrogarlo sobre el tema que un día anterior se había trabajado en el aula, éste –el alumno- no dio muestras de haber aprendido lo que el maestro le había enseñado; de una manera intempestiva lo toma del brazo y lo saca del salón violentamente, el niño –al cuál le dijo su “maestro” que ya no era alumno- lo lleva ante su madre. No le valió ni llanto ni súplica para que no fuera delatado con ella, al ser entregado el niño a la madre, el maestro textualmente exclama ¡aquí tiene a su hijo, póngalo a hacer cualquier otra cosa menos a estudiar porque es un burro de primera!

Ante la actitud del maestro, la madre se sintió indignada por semejante humillación hacia su hijo, ella, de una manera un tanto maternal le hizo saber que no quedaría huérfano de escuela. En efecto, lo cambió a otro centro educativo. Aquél niño humillado y menospreciado por “su maestro”, se convirtió en un maestro, el cual cuenta con una licenciatura, dos maestrías, dos doctorados, una especialización y ocho diplomados; dejo esto a su respectivo análisis.

El significado de ser docente

Válgame la referencia de los párrafos anteriores para resaltar la coincidencia que tengo con el doctor Pablo Latapí Sarre, quien en una conferencia preguntó ¿qué es ser maestro hoy?, aseverando él mismo que nadie de los maestros presentes en esa conferencia tendría la respuesta a esa pregunta dado que la profesión tiene, como la luna, dos caras: la luminosa y la oscura. Ser docente implica enfrentarse a un proceso de formación y actualización permanentes, pero también a situaciones de orden contextual que en cierta medida son lastimosas: condiciones laborales poco estimulantes, la pobreza de los alumnos a los cuales en la mayoría de los casos se les dificulta aprender, la indiferencia de los padres de familia para no estimular adecuadamente a sus hijos, entre otras.

El maestro hoy día debe contar con rasgos que se inscriban en el lado luminoso, trascender la cotidianidad para que trabaje con verdadera vocación, donde predomine el espíritu más que la norma, que sienta la experiencia del cambio de actitud cuando sus alumnos aprenden o construyen conocimiento. Ser maestro implica el hecho de sentir en los alumnos cómo las letras las convierten en palabras y éstas en pensamiento para que, al final, llegue al conocimiento. Cuenta el doctor Latapí que la experiencia más agradable de su vida fue cuando José, un señor de 70 años de edad al cual enseñaba a leer y escribir, le exclamó ¡Ya sé leer; ya soy gente de razón! Es interesante sentir cómo aprenden los alumnos, que inviten al docente a formar parte de ellos abriendo su pensamiento y externando sus emociones.

Paulo Freire afirma que nadie educa a nadie sino que todos nos educamos entre sí, es el conocimiento el que da fe del aprendizaje que se ha adquirido y el que, en cierto momento determina o condiciona la educación. Existen muchas maneras de aprender, sin embargo para el docente el aprendizaje más significativo es el que construye a partir de su propia práctica, eso les permite ir generando procesos de interacción de forma tal que, como lo afirma Freire, la educación sea mutua y recíproca; cierto es que también los maestros aprenden y se educan fuera del espacio escolar, como padres o madres de familia, como líderes de cualesquier organización, como benefactores y activistas en organizaciones sociales. Entonces, ser docente implica el querer aprender para mejorar la propia práctica pedagógica, dedicar tiempo a la profesión, analizar las propias necesidades profesionales con el fin de favorecer la formación de los educandos, y, lo que puede ser mejor; profesionalizarse como docente.

El docente como ser

F. Nietzsche textualmente aseveró: “Tus educadores no podrán ser para ti otra cosa que tus liberadores”. Esto, sin lugar a dudas implicaría ejercer una docencia con rostro humano dado que la característica del docente “como ser” es la de considerar en su práctica humana la dimensión afectiva, la cognitiva y la psicosocial; el docente debe sentir cada vez más la necesidad y el deseo de superación no solo profesional sino también humana ya que esto es un terreno fértil para facilitar y estimular el desarrollo del potencial humano tanto del educando como del educador.

Concretamente, haré alusión a cuatro situaciones, consideradas como factores que entorpecen el desarrollo humano al interior de los centros educativos: 1) el malestar del maestro que obedece a algunos problemas y contradicciones sociales que ha propiciado la burocratización y la deshumanización de la docencia, 2) en el seno de las instituciones educativas no se ha promovido el análisis acerca de lo trascendente que puede ser la labor del docente para que se tenga una visión del mundo y de la vida, pudiendo así ejercer un trabajo más coherente, crítico y creativo, 3) el docente no interviene su práctica profesional de manera adecuada, de forma tal que no puede con toda confianza tomar sus propias decisiones, no es tan asertivo y, por consiguiente no externa sus auténticas necesidades y, 4) la actitud pedagógica del maestro no es precisamente la de liberar al alumno sino la de someterlo, alienarlo y conducirlo de acuerdo al criterio e ideología del maestro mismo. ■

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