La creciente comercialización de los grandes eventos deportivos, particularmente del fútbol internacional y de espectáculos como la Copa Mundial, ha provocado que sectores de la población comiencen a cuestionar si el deporte continúa siendo un espacio verdaderamente popular o si se ha convertido en una experiencia reservada para quienes pueden pagarla.
El fenómeno se refleja no solo en el alto costo de los boletos para asistir a partidos internacionales, sino también en el incremento de productos asociados al espectáculo deportivo, como mercancía oficial, transmisiones exclusivas, experiencias VIP y hasta artículos de colección como el tradicional álbum Panini, cuyo precio se ha vuelto cada vez menos accesible para muchas familias mexicanas.
Sobre este tema, Edgar Francisco González Romo, licenciado en Derecho, maestro en Ciencias Sociales y actualmente doctorante en Estudios Contemporáneos, consideró que el fenómeno puede entenderse como “una expropiación de lo colectivo”.
“Lo definiría como una expropiación de lo colectivo. A las pasiones colectivas tendría la duda de si estas se expropian o se dirigen”, señaló.
El especialista explicó que el acceso desigual a los grandes eventos deportivos evidencia mecanismos de exclusión relacionados con el poder adquisitivo y con una lógica de control social que trasciende únicamente lo económico.
“Creo que sí y la respuesta evidente es el costo de los boletos. También entiendo que se ha generado un status que tiene que ver con ver este tipo de eventos en vivo, en el estadio”, comentó.
Añadió que actualmente existe la percepción de que los estadios deben ser espacios controlados y dirigidos hacia ciertos sectores sociales.
“Se presupone que las personas que pueden pagar cierto costo por boleto no son violentas o si lo son, son más controlables”, afirmó.
González Romo consideró que, detrás de la organización de eventos masivos como un Mundial de fútbol, existen intereses que no se limitan a la venta de entradas, sino que involucran grandes dinámicas económicas, mediáticas y de seguridad internacional.
“No creo que las entradas en realidad sean las que pueden hacer retornar la inversión, sino los anuncios y otro tipo de cuestiones”, explicó.
Asimismo, subrayó que eventos de esta magnitud representan retos de seguridad para los gobiernos debido a la concentración de miles de personas y a la atención internacional que generan.
“Imagínese 50 o 60 mil personas en el estadio y otras tantas en los alrededores. Se vuelve un problema de seguridad nacional”, expresó.
En ese sentido, consideró que el mercado y las empresas han adquirido una capacidad importante para dirigir las emociones colectivas alrededor del deporte, impulsando patrones de consumo vinculados a marcas, productos y entretenimiento.
“No sé si de la pasión. Del fútbol sí, pero de ese fútbol. Creo más bien que el Estado tiene la capacidad de dirigir las pasiones y podría dirigirlas al consumo: programas, playeras, gorras, hasta Coca-Cola”, dijo.
El investigador también relacionó este fenómeno con procesos históricos donde instituciones políticas o económicas terminan apropiándose de expresiones populares y transformándolas en instrumentos de control o comercialización.
“Yo insisto en que es una expropiación de lo colectivo”, reiteró.
Como ejemplo, mencionó la transformación histórica de celebraciones populares y movimientos sociales.
“Hay un libro muy bonito que se llama Recuperar el carnaval, y describe precisamente cómo la iglesia y después el Estado se fue adueñando de esa tradición”, comentó.
Añadió que algo similar ocurre cuando las instituciones se apropian de fechas emblemáticas de lucha social.
“El Estado expropia y hace suya la experiencia, dándole forma y una finalidad específica”, sostuvo.
Respecto al impacto social que este tipo de dinámicas pueden generar, González Romo consideró que el principal riesgo no es únicamente económico, sino también cultural y de salud.
Aunque reconoció que muchas personas continúan viviendo el fútbol con entusiasmo y orgullo, especialmente ante la cercanía de un Mundial, advirtió que la exclusión económica puede generar frustración entre quienes quedan fuera de estas experiencias; un fenómeno que podría observarse desde edades tempranas.
El académico señaló que las desigualdades económicas podrían profundizarse alrededor de estos eventos debido a que siempre existen sectores que concentran mayores beneficios económicos.
“Creo que las desigualdades económicas se van a profundizar necesariamente porque siempre hay quien gana y quienes perdemos”, indicó.
Sin embargo, descartó que la falta de acceso a partidos o espectáculos termine por desaparecer la afición al fútbol entre la población y destacó que el gusto por el deporte se construye principalmente desde el entorno familiar y social.
Para González Romo, una posible alternativa para enfrentar estas desigualdades consiste en impulsar el deporte y la cultura desde las comunidades y no únicamente desde las grandes capitales o centros urbanos.
“Hay que descolonizar todo. Si los eventos deportivos y culturales se siguen realizando en las capitales de los estados, el público en general no va a tener acceso”, sostuvo.
Asimismo, planteó la necesidad de fortalecer el acceso al deporte desde las bases sociales.
“Impulsando el deporte y la cultura desde abajo. Recuperar al país tiene que ver con esto”, afirmó.
Finalmente, el especialista consideró que, pese a la creciente mercantilización del deporte, las plataformas digitales y los medios masivos también han permitido ampliar el alcance de estos espectáculos a sectores que antes no podían acceder a ellos directamente.
“De hecho creo que democratizan la experiencia”, concluyó.



