Mientras cachorros de razas como alaska, pastor malinois, bulldog francés, schnauzer, shih tzu y otras son ofertadas en redes sociales, páginas web y mercados; alrededor de 260 perros y gatos pasaran esta navidad en el Centro de Atención Canina y Felina (CACF) de Zacatecas, que durante diciembre ha reportado 25 adopciones y 25 ingresos de animales de compañía abandonados.
Con precios que van desde los 300 y más de 25 mil pesos, criadores de traspatio y criadores con certificaciones se benefician del pico de ventas asociado a la temporada decembrina, pese a las críticas cada vez más frecuentes sobre la comercialización de seres vivos y su relación con el abandono.
A partir de marzo, rescatistas en Zacatecas comienzan a advertir los efectos de este fenómeno, que no solo se expresa en animales dejados a las afueras de refugios, sino también en la vía pública, resultando en atropellamientos a la vista de niños pequeños, ataques de otros animales o actos de crueldad.
Tal es el caso en las colonias alrededor de las vías del tren en la capital, donde la asociación Dog Love ha atendido al menos ocho reportes de perros amarrados a las vías, incluyendo el reciente caso Chía, una perrita chihuahua de 10 años de edad, localizada “destrozada” el 22 de diciembre.
Pese a las reuniones entre colectivos animalistas, autoridades del gobierno del estado y legisladores locales, la compra y venta de animales no solo continúa, sino que es defendida por criadores, quienes con frecuencia encabezan o forman parte de áreas de atención animal en los gobiernos municipales.
Esta captura institucional de las políticas de bienestar animal por parte de criadores o veterinarios que responden a intereses comerciales —que integran consejos, direcciones o áreas municipales encargadas de la atención animal— es otro de los obstáculos señalados en la literatura especializada, al generar conflictos de interés no atendidos.
Además, la experiencia documentada en otros países y ciudades coincide en que no basta con campañas de concientización ni con exhortos a la adopción, sino que se requieren medidas estructurales que suelen enfrentar resistencias políticas, económicas y culturales.
La normalización legal y social de la cría comercial a pequeña escala es uno de los problemas más señalados.
En Reino Unido, desde 2018, cualquier persona que vende perros debe contar con licencias renovables anualmente que se expiden luego de inspecciones físicas al lugar de crianza; de igual forma, en Alemania, la cría comercial exige la verificación de las condiciones de alojamiento y bienestar, en cumplimiento de la Animal Welfare Act.
Se han documentado reducciones sostenidas en los ingresos a refugios tras limitar la venta de perros y gatos exclusivamente a criadores registrados y centros de adopción, acompañando estas medidas con inspecciones veterinarias obligatorias y sanciones efectivas, en ciudades como Ámsterdam o Viena.
Sin embargo, otra debilidad señalada es la falta de regulación del comercio digital, ya que las plataformas en línea se han convertido en el principal canal para la venta de animales.
Respecto a la afición por los perros de raza, estudios en sociología del consumo animal advierten que los criadores impulsan una construcción cultural de la demanda a través de la oferta constante, a esto se suma la asociación de ciertas razas con estatus, seguridad o identidad. Para abordar este problema, en ciudades alemanas se sustituyeron a los animales en vitrinas y escaparates (eliminando la sensación de urgencia o inmediatez de compra) con historias de adopción y procesos de reflexión de entre 24 y 72 horas.
Las investigaciones señalan que para frenar el abandono es necesario internalizar los costos a través de acciones como la esterilización obligatoria, generar impuestos por camada, seguros o cuotas por animal vendido. De lo contrario, el costo del abandono seguirá siendo asumido por la sociedad, mientras que la ganancia permanecerá como un beneficio privado para el criador.



