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La tentación del fracaso

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Por: Mario Alberto Medrano •

La Gualdra 713 / Diarios / Libros 

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Los libros de diarios tienen el detalle de permitirle al lector ser un voyeur que entra, sin invitación, a una casa para observar los detalles; por otro, el placer de confrontar el día a día de un proceso creativo, los conflictos y las carencias. Si la vida de quien escribe el diario es un vendaval, y casi siempre lo es, la lectura se convierte en un desafío. 

La tentación del fracaso, el diario de vida del escritor peruano Julio Ramón Ribeyro, es un manual de la derrota y la sabiduría -esto último dicho por Enrique Vila-Matas-. Advierto que su escritura estuvo inmersa en un debate entre seguir y claudicar; la distancia entre una anotación y otra es de bastantes meses, incluso años. Julio Ramón, al igual que muchos autores, dudo de su calidad como escritor, se comparó y sufrió el paso de los días. Apunta el 17 de agosto de 1950: “Estoy inferiormente dotado para la lucha por la existencia”.

Ni como abogado ni como escritor, Ribeyro no se sentía apto para ninguna de las dos profesiones. Sentía, acaso sabía, que era limitado para ejercerlas, sin las habilidades teóricas ni técnicas para destacar. Constantemente se comparaba con amigos que ya habían logrado algún galardón o tener un poco de dinero para salir con mujeres. Él se encerraba y se sabía incapaz e ineficiente. 

La ventaja que tenemos como lectores de un diario a diferencia de quien lo escribe es que sabemos el final de la historia. A Julio Ramón Ribeyro el tiempo le ha jugado a favor, conocemos sus logros y hemos disfrutado de su obra narrativa. Este primer tomo de sus diarios, que abarca de 1950 a 1978, nos cuenta sus estancias en Europa, es el de mayor creatividad, tiempo en el que escribe Los gallinazos de plumas, Crónica de San Gabriel, Cuentos de circunstancias, Silvio en el rosedal, Los geniecillos dominicales. A excepción de Solo para fumadores, que es un tremendo libro de cuentos, y que apareció en 1987, su mayor suma literaria la escribió en ese periodo de 28 años.   

Hay siempre un debate entre el hacer y el procrastinar. En el peruano existía esa dualidad, era un fumador y se entretenía en los clubes y bares, con mujeres y en viajes. A veces soltaba la máquina de escribir y la dejaba arrumbada, para otro momento. A veces escribía frenéticamente, sin descanso, observaba la realidad de su país y de América Latina. 

La sencillez e ironía de sus cuentos y novelas también están presentes en sus diarios, pero con mayor precisión, sin malabares del lenguaje. Un diario es sincero o no es, y eso es lo que vemos en éste, como también lo leíamos en otros que al día de hoy son un referente de este género: los de Kafka, los de Tolstoi, los de Léon Bloy, Virginia Woolf, el de Mandelstam.

La obra cuentística de Julio Ramón Ribeyro es un referente para mi vida como lector. Regreso a ciertos cuentos para imitar la estructura, el tono y voz de los personajes, el punto de vista. Sobre todo Los gallinazos de plumas y Solo para fumadores. Con La Tentación del fracaso, además de ser un estupendo título, confrontamos a otro autor, honesto y franco. Termino con lo escrito el 20 de mayo, una cita textual a Gregorio Marañón: “Todo diario es un lento suicidio”. 

 

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