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La confianza pública, el capital más valioso de un gobierno

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Por: La Jornada Zacatecas •

En política, la confianza no es un discurso ornamental ni un recurso propagandístico: es el principal capital de gobernabilidad de cualquier Estado democrático. Cuando una sociedad confía en sus instituciones y en quienes las encabezan, existe disposición para trabajar, invertir, colaborar y construir objetivos comunes. Pero cuando esa confianza se erosiona, las consecuencias se reflejan en todos los ámbitos de la vida pública y privada.

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Zacatecas, según el INEGI, ocupa el último lugar de confianza ciudadana hacia sus gobernantes y por ello, la recuperación de la confianza social debe convertirse en prioridad estratégica. No se trata únicamente de percepción política; se trata de desarrollo económico, cohesión social y estabilidad institucional. La desconfianza paraliza.

Un ciudadano que desconfía de sus autoridades difícilmente participa en proyectos comunitarios, paga impuestos con convicción o se involucra en tareas colectivas. Un empresario que percibe incertidumbre o ausencia de rumbo posterga inversiones, reduce riesgos y evita generar empleos. Una sociedad desencantada deja de creer en la posibilidad de transformar su realidad y entra en un proceso silencioso de resignación.

La historia demuestra que los gobiernos exitosos —particularmente aquellos con vocación social y de izquierda— no sostienen su legitimidad únicamente mediante programas públicos, sino a través de la credibilidad política construida día a día con resultados, cercanía y congruencia.

La confianza pública se fortalece cuando la ciudadanía observa autoridades honestas, sensibles y capaces de comunicar con claridad tanto los avances como las dificultades. También cuando existe certeza de que el poder se ejerce para servir y no para privilegiar intereses particulares o disputas internas. Para el gobierno del estado de Zacatecas, recuperar esa confianza resulta indispensable si se desea cerrar su periodo con la confianza ciudadana sobre los resultados en materia de seguridad, la contención de la deuda, con atracción de inversiones, empleo digno, reconstruir el tejido social y consolidar una visión compartida de futuro. Ningún proyecto de transformación prospera en medio del escepticismo permanente.

Y para ello el gobierno no tiene otro camino que Cinco acciones que impulsar la transparencia permanente del uso de los recursos públicos, mantener comunicación directa y constante con la población; combatir privilegios y actos de corrupción sin distinciones políticas; priorizar resultados concretos en seguridad, empleo, salud y servicios públicos; construir participación ciudadana real en la toma de decisiones. La confianza social no se decreta. Se gana. Y cuando se pierde, el costo lo paga toda la sociedad.

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