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lunes, 4 marzo, 2024
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‘The Killer’, de David Fincher

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Por: ADOLFO NÚÑEZ J. •

La Gualdra 599 / Cine

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The Killer (2023) narra la historia de un hombre pulcro, prolijo, frío, quien está obsesionado con la perfección y con ser el mejor en su trabajo. Si bien todos estos adjetivos describen al protagonista, un asesino a sueldo interpretado por Michael Fassbender, también se podrían aplicar hacia el director de la cinta, el reconocido David Fincher.

Es sabido que el realizador tiene una fijación con elaborar montajes, secuencias y composiciones de una precisión tan calculada que rayan en la obsesión. Bajo este estilo metódico, se tiene conocimiento de que el director ha llegado a repetir 85 veces una misma toma hasta que el resultado final sea como la imaginó. En ese sentido, The Killer bien se podría considerar su película más personal hasta la fecha. Tanto si se cumple con el rol de cineasta como de un asesino a sangre fría, lo que aquí queda claro es que la ejecución y el profesionalismo lo son todo.

En las primeras secuencias del filme, que toman lugar en París, se muestra al protagonista sin nombre vigilando desde un edificio ubicado frente a un lujoso hotel. En una observación que hace ecos a Rear Window (1954) de Alfred Hitchcock y a Body Double (1984) de Brian de Palma, el asesino espera de manera paciente a quien será su próxima víctima. Después de varios días sin ninguna novedad, el blanco por fin aparece. En el momento clave, alguien se interpone y el protagonista no es capaz de cumplir con su misión. De ahí en adelante, el asesino deberá escapar de sus empleadores, quienes no están contentos con que haya fallado con el encargo que se le asignó. Luego tomará la decisión de buscar, bajo sus propios términos, a aquellas personas que han puesto un precio sobre su cabeza.

El director parte de la clásica premisa del asesino que busca venganza para ironizar, con singular humor negro, algunas de las temáticas más recurrentes de su filmografía. Por un lado, la cinta retoma las cuestiones y dilemas en torno a la era digital planteadas en The Social Network (2010) y Gone Girl (2014). Ya que se establece, una vez más, que esa supuesta comodidad otorgada por el mundo digital, también puede dar las herramientas para que la privacidad de cada persona se encuentre en riesgo.

Fincher también alude a Fight Club (1999), una de sus películas más alabadas, que ha sido malinterpretada principalmente por el público masculino. En ambas cintas se aborda el hastío provocado por las rutinas del capitalismo, cuyo sistema de explotación indica que cada individuo debe cumplir con ciertos requisitos para considerarse exitoso. Si en Fight Club sus protagonistas pretenden transgredir ese aburrimiento a través del caos, en The Killer el protagonista trata, por todos los medios a su alcance, cumplir con las expectativas que se le han establecido de manera sistemática.

En diversas secuencias del filme se escuchan fragmentos de voz en off, de los pensamientos del asesino. En algunos casos son descripciones detalladas de su profesionalismo, en otros son repeticiones de sus mantras para lograr un buen trabajo. Son reflexiones en apariencia filosóficas o intelectuales, pero que en realidad carecen de profundidad. Al ritmo de las canciones más emblemáticas de The Smiths, Fincher muestra, de manera divertida (en ocasiones hasta burlesca), imágenes que a menudo contradicen estos fragmentos de voz, donde se muestra al protagonista fallando una y otra vez. En ese sentido, se puede interpretar a The Killer como una reflexión personal del realizador sobre la falibilidad inherente en cada ser humano, también aplicable para sí mismo y que siempre será contradictoria al sistema al que pertenece.

 

 

 

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