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■ Rebelión social y campesina, determinantes en la historia de la agrupación

Celebra Huayrapamushka 50 años de música y resistencia

■ A lo largo de los años ha pasado por un proceso de una amplia recomposición

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Por: MARTÍN CATALÁN LERMA •

Con una exposición fotográfica y un concierto en el teatro Fernando Calderón, este miércoles celebró su 50 aniversario el conjunto de música folklórica latinoamericana Huayrapamushka, agrupación que ha acompañado a campesinos y colonos en su lucha contra los latifundios y reivindicado las causas de los movimientos sociales de izquierda y de la Benemérita Universidad Autónoma de Zacatecas (BUAZ).

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De acuerdo con Esaúl Arteaga Domínguez, integrante de la agrupación durante 40 años, recuerda que el principal antecedente que dio origen a Huayrapamushka, en la ciudad de Zacatecas, se remonta al año de 1972 y tiene que ver con una amistad nacida en París, entre una gran bailarina francesa de flamenco, Marie Annick Morisse, y el artista zacatecano Ismael Guardado, quienes acababan de llegar a Zacatecas después de residir en el país galo. Ambos se conocieron en Europa por el ambiente artístico que compartían y decidieron conformar un dueto musical, interpretando canciones latinoamericanas y música tradicional mexicana, pues, aunque sus profesiones eran distintas, compartían una gran pasión por la música de Latinoamérica.

Para fines de los años sesenta y la década de los setenta, la música folklórica de los pueblos de América Central y del Sur tuvo gran acogida en Europa, situación originada por el decidido apoyo de la sociedad civil europea a intelectuales, cantantes y grupos folklóricos exiliados de sus países de origen, víctimas de persecución política, que viajaban por el continente europeo como forma de evadir la represión de los gobiernos dictatoriales de esas regiones de América. Su recorrido era, también, para denunciar al mundo lo que acontecía en sus países.

Con la influencia musical de países como Perú, Bolivia, Chile, Argentina, y Venezuela, entre otros, Annick e Ismael decidieron viajar a México en 1972 y, en Zacatecas, impresionaron gratamente con canciones bolivianas, argentinas, música llanera de Colombia, Venezuela, y temas tradicionales mexicanos, de tal manera que se puede afirmar que el dueto de Annik e Ismael constituyó el antecedente inmediato del conjunto Huayrapamushka. Este dueto llegó a su fin en los albores de la década de los setenta.

Disuelta la complicidad musical con Ismael Guardado, Annik Morisse retomó la danza flamenca en tierras zacatecanas, pero ahora como maestra del Instituto Zacatecano de Bellas Artes (IZBA), y es bajo el amparo de esta institución que, además de impartir clases de danza, inició a dos de sus alumnos en la ejecución de música latinoamericana. Poco tiempo después, ellos serían los primeros integrantes del grupo Huayrapamushka.

Estos dos alumnos de baile flamenco fueron Javier del Muro Escareño y Francisco Javier Saldaña López, quienes, al lado de su maestra, hicieron su primera aparición pública como miembros del Huayrapamushka en el teatro del Instituto Mexicano del Seguro Social en el año de 1973, interpretando tres canciones: una obra llanera venezolana, una canción boliviana llamada «La Naranjita», y otra denominada «El Pobrecito»; la pieza con la que se inician décadas de historia musical para el Huayrapamushka fue «La Naranjita».

Según relató Arteaga Domínguez, el nombre Huayrapamushka se lo dio la fundadora, Annik y la palabra tiene su origen en la lengua quechua que hablan los indios en una zona de los Andes y ella lo tomó de una novela del escritor Jorge Icaza. El libro trata de los huayrapamushkas, hijos de español con madre indígena, que eran rechazados por unos y otros, despreciados tanto por los españoles como por los nativos americanos; se consideraba que habían llegado con el viento, que eran hijos de nadie, hijos del viento: los Huayrapamushkas fueron los primeros frutos del mestizaje. 

Poco tiempo después se integró un talentoso guitarrista y cantante que fue un elemento primordial, Joaquín Correa, mejor conocido como «El Flash», quien hacía excelentes dúos vocales con Annik. Posteriormente, otro guitarrista les dio mayor consolidación en la parte de las armonías, pero, sobre todo, especial fortaleza en los requintos. Con ello, el grupo también obtuvo mayor variedad y expresión vocal, gracias a Carlos García Sánchez.

Después, el grupo resintió el abandono de Joaquín Correa y de su fundadora, pues ambos se trasladaron durante un tiempo a San Luis Potosí. A partir de entonces hubo una serie de altibajos en la integración del grupo e incluso quedó reducido a la condición de un dueto formado por Laura García Medina y Javier del Muro Escareño.

El hecho que permitió la cohesión definitiva en la agrupación fue el reconocimiento de los integrantes como como personal al servicio de la Universidad Autónoma de Zacatecas en el mes de julio de 1975, gracias al apoyo del entonces Rector Jesús Manuel Díaz Casas, quien no sólo definió una relación laboral de los miembros de Huayrapamushka en dicha institución, sino que además les dotó de instrumentos musicales, equipo y vestuario. En ese entonces el conjunto estaba integrado por Carlos García Sánchez, Javier del Muro Escareño, José Joaquín Correa y Esaúl Arteaga Domínguez, quienes difundían la música de diferentes pueblos de América Latina.

Paulatinamente fueron sumando nuevos instrumentos latinoamericanos a la dotación del grupo que se dieron a la tarea de aprender de manera empírica y autodidacta con el apoyo de grabaciones discográficas. Después se incorporó Roberto Ibarra Medrano en las percusiones, tiempo después se integró el violinista Nicolás Acosta García, gracias al cual se pudo impulsar, fuertemente, la música mexicana con formas musicales como corridos, valonas, huapangos y sones, integrándose también en 1977 el guitarrista y cantante Miguel Carlos Ruedas. Y a partir 1988, el conjunto se vio fortalecido, por varios años, con la incorporación de la excelente cantante y guitarrista Aída Martínez Olivares, y además la integración de la acordeonista Verónica Dávila navarro, adquiriendo con ello una nueva riqueza vocal con estas voces femeninas. 

En principio, el conjunto interpretaba temas de amor y desamor, así como descripciones paisajistas, usuales en el folclor, pero el conjunto fue cambiando en la medida en que fue conociendo la realidad zacatecana de pobreza y profundo atraso social, así como los acontecimientos que repercutieron en el imaginario colectivo mundial. En ese sentido, el golpe de Estado en Chile en 1973, perpetrado por la derecha chilena de Augusto Pinochet y los Estados Unidos, y enseguida en Uruguay y Argentina, provocó decenas de miles de muertos, presos, perseguidos políticos y desaparecidos. Aunado a ello, la masacre estudiantil de 1968 y 1971 en México propiciaron que los integrantes del grupo, así como a muchos alumnos y maestros universitarios, buscaran una ruta libertaria y democrática.

“Por esa razón, cantores como Óscar Chávez, José de Molina, Judith Reyes, entre otros, influyeron en el repertorio de nuestra agrupación. De la misma manera, fue una significativa influencia el grupo mexicano Los Folkloristas porque, al igual que Chávez, había realizado un amplio rescate de música folklórica mexicana, además de que habían incursionado, con mucha fuerza, con obras latinoamericanas”.

Según Arteaga Domínguez, la historia del conjunto es resultado de todas estas influencias y fruto de la semilla educativo-musical que fue sembrada por Annik Morisse en aquellos estudiantes setenteros. Debido a ello, se construyó una parte muy importante de la historia de la difusión cultural en la Universidad Autónoma de Zacatecas, y así se cimentaron 50 años de una parte de la historia musical zacatecana.

De manera particular fue determinante para la historia del conjunto tanto la rebelión social y campesina que se dio por el reparto de tierras concentradas en pocos latifundios zacatecanos ilegales, como la lucha por la conformación de colonias populares por parte de gente que no tenía un lugar para vivir. Asimismo, fue decisivo el florecimiento del movimiento estudiantil zacatecano por la defensa de la universidad pública en contra del asalto a la Universidad Autónoma de Zacatecas, cometido violentamente el 10 de enero de 1977 por parte de la oligarquía zacatecana y la derecha universitaria apoyados por el Gobierno del Estado.

“En esta época las actividades del Huayrapamushka se desplegaban en múltiples conciertos en las escuelas de la UAZ, acudiendo a todas las invitaciones de organizaciones sociales y estudiantiles del Estado, organizaciones de trabajadores, de colonos y de campesinos; de esa manera el conjunto se hizo presente hasta en los más alejados rincones del territorio zacatecano, con el fin de difundir su música y además con el fin implícito de informar y formar una conciencia acerca de la problemática social latente en nuestro entorno social”.

 Como muchos estudiantes, profesores y trabajadores universitarios, el grupo apoyó al movimiento campesino y popular de los años setenta que se aglutinó en torno al Frente Popular de Lucha de Zacatecas. En ese movimiento rebelde participaron miles de personas que pretendían (y en muchos casos lograron) la afectación de enormes latifundios, cuya propiedad se concentraba en muy pocas manos, y que, a la vez, reunía a varias organizaciones de izquierda en Zacatecas.

En la lucha social de la época también participaron colonos pobres que se proponían obtener y obtuvieron, un lugar donde vivir, dando lugar a la fundación de un buen número de colonias populares ubicadas en la periferia de la ciudad, así fueran levantadas, por lo pronto, con casas de lámina y cartón. El papel del conjunto consistía en alentar a la gente y lo hacía interpretando música mexicana: corridos, sones, huapangos y valonas, así como con canciones sudamericanas. Con hilos musicales cultivados en tierras zacatecanas y mexicanas, el grupo elaboró un interesante tejido polícromo, obteniendo como resultado un rico tejido cultural latinoamericano.

Es decir, Arteaga Domínguez refrió que Huayrapamushka daba a las movilizaciones sociales un toque festivo y lúdico. Se hacía presente, musicalmente, en las comunidades y colonias en donde se desarrollaba la lucha política, en las marchas, en los mítines, en la toma de oficinas gubernamentales y en las invasiones de tierras, alentando, de esa forma, a los hombres, mujeres y niños que estaban expuestos a toda clase de inclemencias temporales, es decir, en las peores condiciones: sin techo, muy poco abrigo, comiendo lo que la naturaleza les daba, en ocasiones ratas de campo, víboras, nopales, raíces y diversas yerbas que se comían o tomaban. Entonces, la función de los Huayras era acompañar con música y era muy común que los recitales en las tierras invadidas generalmente terminaran en bailes polvorientos al calor de un mezcal, al ritmo de polcas y sones, entonando también corridos rebeldes, donde los propios campesinos cantaban sus preocupaciones y anhelos.

A 50 años de su fundación, Huayrapamushka ha pasado por un proceso de una amplia recomposición debido a que, desde el inicio de los años 90, sus músicos iniciadores, en su mayoría, fueron abandonando gradualmente la agrupación por muy diversas y variadas circunstancias (inclinaciones profesionales, decesos, jubilaciones), pero con el arribo gradual y progresivo de una nueva generación de músicos, desde finales de la década de los noventa la agrupación universitaria se ha renovado con nuevos arreglos, nuevos timbres sonoros, la incorporación de instrumentos electrónicos, batería y teclados.

A ello se suma la experiencia y formación musical de varios de sus elementos en los más variados géneros, preservando siempre las raíces de la música latinoamericana en lo que toca a las letras y temáticas abordadas. También se advierte el compromiso histórico y social que por cinco décadas han mantenido los Huayras con aquellos sectores sociales más desfavorecidos y marginados. 

Concluye que, con la actual conformación del Huayrapamushka: Alejandra Aguilera en el violín, Verónica Dávila en el acordeón, Antonio Dueñez en las percusiones, Jaime César Ortiz en el charango, la quena, sikus y guitarra; Quetzel Rosales Del Real en el bajo, Ignacio Rosales en la guitarra, y Adrián Villagómez en la voz y la dirección musical, se ha consolidado un importante alineación musical que durante más de dos décadas ha estado a la altura institucional en el cumplimiento de una digna difusión de la cultura musical, en especial de la música tradicional zacatecana, mexicana y latinoamericana que por medio siglo ha contribuido al enriquecimiento de la historia de la música en Zacatecas, y mención especial a la dirección musical de José Manuel Pinedo Chávez (jubilado en enero del 2024) que por casi tres décadas supo consolidar a esta agrupación musical.   

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1 COMENTARIO

  1. Excelente narración, sobre la actuación de un grupo musical que sigue siendo la conciencia universitaria y del pueblo zacatecano. Evidentemente una contribución periodística digna del mejor premio de periódico…con el concierto de anoche, reviví los años de lucha universitaria, y no me arrepiento de ello…

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