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martes, 30 noviembre, 2021

Cómo ser famosa: Caitlin Moran

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Por: ÓSCAR GARDUÑO NÁJERA •

Nadie sabe bien de dónde proviene la fama. Con qué se come, si es que se come o se devora hasta atascarse de ella y quedar tan satisfecho lo mismo que cerdos en el corral. Cómo es que se evita o cómo es que se gana y se exhibe lo mismo que un muñeco en un aparador para vivir de ella, de la fama. Qué debes hacer para estar bajo los reflectores. Quizás y es sólo un mero pretexto para una gran historia, la de Caitlin Moran. Partir de la fama como motor que mueve los hilos conductores de una historia que quizás trata de todo menos de la fama. Veamos.

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Lo cierto es que hay de famas a famas. Es lo que parece quedarnos como última lección, si es que hay una lección, en “Cómo ser famosa” (Anagrama 2020) de Caitlin Moran. Y andar con mucho cuidado cuando alguien te pida posar frente a la cámara de video (hay que recordar que estamos en la década de los noventa) mientras tienes relaciones sexuales (hay que volver a recordar que estamos en la década de los noventa). Seguro que te lo pensarás dos veces luego de leer esta certera y explosiva novela donde lo mismo te encuentras roqueros en plena decadencia, que músicos que no se preocupan por serlo.

Sí, está, además, la fama del cantante de rock que toca la guitarra para los fans y que tiene sus altas y sus bajas como un personaje que aparece y desparece y que es una especie de alucinación a lo largo de toda la novela.

Pero está la otra fama, la de ese mismo cantante cuando está abajo del escenario, casi vencido, y la de quien narra la crónica de su perene derrota, la de la alucinación, la de quien consigue hacerse real casi al final de la novela tan sólo para liberarse de todo lo que venía arrastrando.

Hay de famas a famas. En “Cómo ser famosa”, por ejemplo, hay una historia de los Beatles que al menos a mí me parece imperdible porque Moran los desmitifica y consigue hacernos ver de dónde provenía su fama. Porque, de hecho, de lo que menos habla la novela es de la fama tal y como nosotros la entendemos. Habla de la historia de una chica que se vuelve desafortunada gracias a un desgraciado incidente (que solo pudo haber ocurrido en la década de los noventa), es decir, más que de fama, de una desagradable popularidad.

Por eso es que Moran también nos entrega una gran historia de amor de una mujer de 19 años que apenas se descubre a la vez que descubre el mundo que la rodea y la belleza y la fealdad de quien sólo quiere escribir para entender lo que ocurre alrededor de ella una vez que es víctima de un tipo al que no le vendrían mal unas cuantas clases de cine.

Una historia de venganza situada en la conflictiva y explosiva década de los noventa. Nada más y nada menos. Agreguen sexo. Agreguen drogas. Claro, nos falta el rock and roll. Caitlin Moran no nos queda a deber y da los guitarrazos adecuados y una banda cuya cantante es uno de los personajes mejor construidos y más emblemáticos. Listo: una muy buena propuesta narrativa. Sigamos con algunos puntos más.

Mientras yo avanzaba en la lectura de “Cómo ser famosa” no dejaba de pensar en varios grupos de rock de los noventa, en las grandes figuras legendarias, en sus míticos sonidos, en su emblemática popularidad y en su majestuosa decadencia. Y no es precisamente que Caitlin Moran los mencione en “Cómo ser famosa”, pero, vamos, a mi juicio, la atmósfera narrativa que nos presenta es propicia, quiero decir que si tú como lector pasaste por los noventa es inevitable que voltees hacia atrás mientras recorres las páginas, retrocedes en el tiempo, no sin cierto aire de esa melancolía que te deja el saber que algunas de esas bandas ya se extinguieron con todo y su propuesta.

Y si la novela, su atmósfera, las situaciones, consiguen en el lector dicho fenómeno (un viaje en el tiempo sin necesidad de máquina) es porque estamos frente a una muy buena propuesta narrativa de una autora que le resta toda solemnidad a sus trabajos literarios.

Y es que “Cómo ser famosa” se ubica en la década de los noventa, pero toda la historia que nos presenta su autora está embarrada de un espíritu que sólo alcanzarán a reconocer los que vivieron esa década, los que sucumbieron a sus vicios y a sus virtudes, los que encontraron ahí sus triunfos y sus fracasos, los que mantuvieron en esos alocados años ídolos que luego o se volvieron desquiciados suicidas o terminaron por sucumbir al orden establecido para ser buenos padres de familia o roqueros cuya decadencia los condujo al fracaso.

Pero lo anterior no es impedimento para que las nuevas generaciones lean “Cómo ser famosa”; al contrario: podrán acercarse casi microscópicamente a los aires de una de las décadas más emblemáticas.

Y no es que Caitlin Moran nos presente una historia llena de lugares comunes, nada de eso, cada uno de los personajes de “Cómo ser famosa” posee su propia originalidad, su propia belleza y, por qué no decirlo, su propia destrucción. Los personajes que Moran nos presenta son noventeros, extraídos de una época en la que los excesos de todo tipo parecían estar de moda y en la que la música parecía dividirse en dos polos principales, el estadounidense y el británico.

He seguido con mucha atención los pasos de Caitlin Moran porque me gusta su prosa y su capacidad para narrar con tanta soltura, pero además porque en cada uno de sus trabajos rehúye a la seriedad y escribe desde la ironía y el sarcasmo, virtudes estas escasas en muchos de los narradores actuales.

Caitlin Moran también es maestra en los narradores en primera persona y se agradece que los sepa llevar bien porque en narrativa no es nada fácil trabajar con este tipo de narradores. Hay autores que al emplear narradores así dejan que se filtre la voz del autor, se les van de las manos, de los pies, se les nota falsa la voz de una primera persona de la que no consiguen alejarse lo suficiente para darle la independencia que exige la narración, se cae a las primeras páginas, termina por pasar de un narrador en primera persona a la propia voz del autor y aquí se vuelve la narración tediosa, anodina, lo cual no ocurre con Caitlin Moran, quien nos puede presentar una voz narrativa de una joven de 19 años y mantenerla durante toda la novela, con sus propias exigencias, con una grandiosa belleza: “Por eso estoy triste. Porque sé que tal vez no sea la típica adolescente (me encanta la música, conozco a mis ídolos, escribo sobre ello), pero aun así, esencialmente eso es lo que soy: una adolescente”. ■

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