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lunes, 29 noviembre, 2021

La abrumadora incertidumbre del presente

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Por: MANUEL ESPARTACO GÓMEZ GARCÍA •

Nadie, absolutamente nadie imaginaba hace un año lo que venía. Las imágenes de china combatiendo un virus tan complejo como letal, se veía tan lejano como si fuera de otra realidad. Recuerdo haber pensado en febrero, tal vez a principios, que el virus tardaría en llegar a México y tal vez en ese tiempo, ya habría alguna solución medica al respecto, por supuesto, no me refería a una vacuna, pero mi cerebro no dimensionaba que fuera tan letal y tan real lo que pasaba al otro lado del mundo y que eventualmente nos alcanzaría, bajo la premisa de que al ser un virus creado en un laboratorio -porque la teoría de la sopa del murciélago nunca la creí-, la cura estaba también en otro o tal vez en el mismo laboratorio. ¿cómo imaginar a la humanidad autodestruyéndose? ¿cómo imaginar incluso a las grandes élites acabando con economías enteras? Simplemente no solo mi mente no daba para más, no existían respuestas para esas preguntas, y si me lo permiten, siguen siendo preguntas sin respuestas.

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Este texto no pretende dramatizar ni volver a contar lo que ya sabemos, lo que hemos visto y escuchado hasta el cansancio y que incluso a muchos los ha obligado a vivir muy de cerca el rostro más cruel del COVID. El presente texto tiene la idea de plantear una reflexión entre el que escribe y los pocos lectores que me siguen, para dilucidar cómo podemos sobrellevar nuestras vidas con la única certeza de que la incertidumbre es lo que permea el presente y el futuro próximo. Permítanme explicarme:

Nota aclaratoria previa:

No pretendo politizar ni señalar a ningún gobierno de ningún país, ni mucho menos culpar a personaje político alguno.

La realidad ya no tan nueva que vive la humanidad está marcada por el constante flagelo de la incertidumbre que el COVID arrastra con ella, como la muerte lleva de la mano la desolación. Cuando apenas se comienza a ver la luz al final del túnel con la aplicación de la vacuna, resulta que, o tiene efectos secundarios o un gran porcentaje de los vacunados es inmune a la vacuna… sí, algunos seres humanos son y serán inmunes a la única cura posible en años que se visualiza para el COVID. A diario diferentes países siguen rompiendo sus propios de récords de contagios y de muertes en un día y las reinfecciones en países que se decían blindados nos enseñan que, lejos, muy lejos estamos de superar la pandemia y sus consecuencias. Basta decir que, si hoy 20 de enero del 2021, como por arte de magia el virus desapareciera de la faz de la tierra, tomaría décadas recuperar lo recuperable, es decir, las economías locales, pero ya no las vidas, desde luego. Pero como eso no va a pasar, hay que ir un paso adelante como humanidad, no podemos tropezar de nuevo con la misma piedra porque siendo sinceros, la pandemia encontró un inmejorable caldo de cultivo en algunas sociedades sedentarias que han presentado el mayor numero de muertos por su estilo de vida. La prevención como primera medicina y los cambios de hábitos simplemente no existían en algunos países y tal vez sigan sin existir, pero ya sería el colmo no modificar ciertas conductas y malos hábitos a partir de lo que hoy vivimos.

Tenemos que aprender a vivir en esta ya no tan nueva realidad, con el COVID como un ente social más, que estará presente sin condición. Las economías del mundo no pueden más y es necesario que los procesos de producción se reactiven, es necesario que los negocios abran sus puertas y es necesario en la medida de lo posible, tratar de vivir como antes.

El párrafo previo a este significa una profunda reflexión a partir de estar en un primer momento, aterrado con el virus y negando la realidad en el confinamiento de marzo pasado y durante algunos meses. Sé que hay un gran debate nacional entre las autoridades de salud y el comercio, donde ambos tienen razones validas y de peso respecto a sus posiciones, por eso, hoy mi postura es a favor de que podamos de una vez por todas aprender a vivir, mi posición es de libertad y de responsabilidad individual a sabiendas de que tal “responsabilidad individual-social” no existe, pero en el miedo y en confinamiento estamos alejándonos tanto de lo que fuimos, de lo que queremos, de lo que tuvimos y que hoy más que nunca está vigente el grito de lucha de los comerciantes de la Ciudad de México “o abrimos o nos morimos”.

Los gobiernos son corresponsables y tiene la facultad exclusiva de diseñar y aplicar la estrategia de vacunación. Justo ahí radicará el éxito o fracaso en el recuento de los daños final. ■

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