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Mi casa en un momento fue hogar de mujeres golpeadas: Sara Ortiz

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Por: ALMA RÍOS •

■ Lejos, derechos como el matrimonio y la adopción entre personas del mismo sexo, asevera

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■ “Cultura de la aceptación” dignificará a la comunidad gay, afirma Martín Uvario
 
“Mi casa en algunos momentos fue albergue de mujeres que eran golpeadas por sus hermanos, por sus padres, con la agresividad de que las preferían putas antes que ser lesbianas y (eran) golpeadas, corridas de su casa”, recuerda Sara Ortiz.

De una manera reservada, reuniéndose en sus domicilios, algunas de quienes hoy conforman las organizaciones que luchan por los derechos de las mujeres y en concreto por el de las lesbianas iniciaron en 1992 informándose y sensibilizándose sobre el tema y otros relacionados, como la violencia contra la mujer. En este contexto Ortiz, refiere las iniciativas de María Elena Ortega, ahora dirigente de Milenio Feminista y a ella misma, cabeza del colectivo lésbico gay, Hijas de la luna.

Mediante cursos y talleres que incluían temas de salud sexual y reproductiva de la mujer y el seguimiento de cómo en otras en entidades como Monterrey o el Distrito Federal se desarrollaba el movimiento lésbico, fueron avanzando primero organizadas en El closet de Sor Juana, luego en Amora y desde hace ocho años en Hijas de la luna.
La vinculación y organización inicial fue difícil, dice, pues muchas “no habían salido del closet” y vivían violencia doméstica.

La activista feminista, docente en la Unidad Académica de Artes de la Universidad Autónoma de Zacatecas agrega que esta violencia se extendía desde el ámbito doméstico hasta el social, en donde se manifestaba con despidos laborales cuya causal era sólo el enterarse de su orientación sexual. Estos casos eran canalizados con abogados.

Talleres de autoestima eran especialmente importantes en este contexto “porque aparte de ser mujer, ser lesbiana nos colocaba todavía en una desventaja imposible. Como mujeres venimos con una serie de desigualdades muy fuertes, ahora con el doble estigma de ser lesbiana te colocaba con mucho miedo de poder salir, decir, hacer”.

“Ya noto yo a la juventud, más decidida”, son otras condiciones, asegura y contrapone lo vivido a finales de los noventas con el momento actual.

El despertar el interés por leer y por informarse, fue uno de los medios que se fomentaron en las incipientes organizaciones y que Sara Ortiz encuentra han hecho avanzar el cambio de mentalidades, lo que define como ir “colocando nuestro granito de arena”.

Esto les daba el valor a las jóvenes lesbianas, si se estaban logrando avances en otros estados también era posible para ellas alcanzarlos.“Yo puedo alzar la voz y decir, aquí estoy, sin esconderse”, expresa el ánimo que empezaba a afianzarse.

Vinculada desde hace 25 años a la docencia y luego al quehacer artístico, Ortiz atribuye a esta cercanía el interés que tuvo para iniciar la celebración anual de la que se llamó primero Semana Cultual de la Diversidad Sexual hoy convertida en festival, que el próximo octubre cumplirá ocho emisiones, empeño que se vio influido por su asistencia en el Distrito Federal al evento semejante que se realiza en el Museo de El Chopo cada año.

La intención de este festival en Zacatecas es ampliar esa sensibilización e información mediante actividades artísticas, culturales y académicas, dirigidas ya no solamente a la comunidad LGBTT –lésbico, gay, bisexual, transexual y transgénero- sino a la sociedad, especialmente a quienes que atacan a los homosexuales y lesbianas.

“Y que por medio del arte podamos llegar también a ese público que tenga miedo de salir, a informarle que no debe tener miedo, que está en su pleno derecho de decidir, de hablar, de expresarse. Y no tener que esperar a que llegara la noche para meterse a un antro cuando ya nadie la ve ni entrar ni salir, que de pronto podía entrar a una obra de teatro a las seis de la tarde sin ningún problema”.

Sin embargo, el presupuesto de este festival ha quedado congelado en los 250 mil pesos iniciales que se asignaron como presupuesto. Esto lo ha limitado y habla, añade, del desinterés del gobierno por apoyarlo, “cuando sabemos que el festival de jazz se sigue fortaleciendo” y trae gente de otros países.

Finalmente comenta que lograr derechos como el matrimonio y la adopción entre personas del mismo sexo tienen entre otros obstáculos en Zacatecas, además de la doble moral de la sociedad, a la que se refiere como todavía “muy mocha”, la propia desorganización y falta de unidad en objetivos para una agenda legislativa por parte de los homosexuales y las lesbianas, y que por ello se encuentran lejos de poderse alcanzar.

Un éxito, gritar a la sociedad que soy
una persona trabajadora : Martín Uvario

“Para mí fue un gran éxito y uno de los más grandes episodios de mi vida el poder refrendar, el poder gritar a la sociedad y a la gente que soy una persona trabajadora, honesta y que merezco también un momento para protestar por mis derechos”, dice Martín Uvario sobre la primera Marcha de la Diversidad y del Orgullo Gay realizada hace 10 años en la capital del estado de Zacatecas, iniciativa que ahora lleva el nombre de Caravana por la Diversidad Sexual y que tuvo su última emisión el pasado 17 de agosto.

La construcción de una “cultura de la aceptación”, como llama Uvario al proceso de visibilización tanto de los integrantes de la comunidad LGBT –lesbianas, gays, bisexuales y transexuales-, como de la agenda de los mismos en diversas materias y el reconocimiento de sus derechos y dignidad como personas, ha pasado por diferentes etapas en Zacatecas.

Martín ubica sus inicios, ya caracterizada como una lucha social en la que él mismo se reconoce como activista e iniciador, hace tres décadas. Gobernaba entonces José Guadalupe Cervantes Corona y relata, eran comunes las redadas, fundamentalmente contra homosexuales, aun cuando se reunieran en espacios domésticos. Eran detenidos en las calles y casas. La causal, presuntas “faltas a la moral”.

Los empresarios de centros nocturnos impedían el acceso a las personas que ostentaran públicamente una orientación diferente a la heterosexual. “De ahí es de donde yo inicio pensando que tenemos derecho a reunirnos, tenemos derecho a libre tránsito y empiezo con esta lucha pero de una manera más organizada”, dice.

Uvario ubica a Salvador Pérez, a quien se conoció en el medio del espectáculo nocturno de Zacatecas como Shavita, como un antecedente de este proceso de construcción de una cultura de la aceptación cuando en la década de los 80 del siglo pasado se popularizó como un transvestista, aunque su actuación en la vida pública no iba aparejada de una militancia por los derechos de la comunidad, comenta.

Una discoteca en declive comercial fue a principios de los 90, el primer lugar abierto y público en que libremente pudo reunirse la comunidad lésbico gay zacatecana, primero cada 15, y luego cada ocho días.

En esta búsqueda de la construcción de una cultura de la aceptación fue que se inició en 2003 la Marcha de la Diversidad y del Orgullo Gay, en el concierto que hacía aparecer este tipo de expresiones en muchas latitudes del mundo.

No hay excepción de latitudes para la homofobia, una expresión de rechazo y a veces odio, que Martín Uvario cataloga como un cáncer y una enfermedad psicológica que existe “desgraciadamente en todos los ámbitos, por más que se quiera cubrir”.

Sobre la aceptación de los derechos de las personas de un mismo sexo al matrimonio y la adopción, comenta que al ser sujetos de obligaciones ciudadanas debe igualárseles en derechos y que no encuentra por qué no se considere a los homosexuales y lesbianas como aptos para la crianza de hijos.

Entre heterosexuales hay también personas con incapacidad para ser padres, cosa que se manifiesta dice, en el abandono o descuido de los hijos, y que las autoridades no ven.

El también integrante de Gente Diferente, A.C centra su interés en el ámbito doméstico al que ubica como el espacio donde debe iniciarse esta cultura de la aceptación y el cambio de las mentalidades. Por esta razón inició en 1997 el colectivo denominado “Padres y madres por la diversidad de nuestros hijos” que busca ayudar a padres de familia heterosexuales con hijos homosexuales y lesbianas.

El querer y aceptar a los hijos que tienen una preferencia sexual no heterosexual “dignificará a la comunidad gay porque “esos hijos no tienen que andar gritando en la calle lo que merecen porque en su familia ya se los dan”, asegura.

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