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Sobre los sistemas de pensiones

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Por: Eduardo Ernesto Hernández Castañeda •

Asunto de poco interés pero que la realidad actual ha convertido en problemática sensible y a la vez, difícil de comprender. 

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Las pensiones pueden definirse como la prestación económica que permita a la persona en retiro (no apta para trabajar) un nivel de vida digno.

Pueden analizarse desde dos perspectivas: financiera y social; lo ideal, es el sano equilibrio, pues en pensiones no se debe construir un paraíso financiero sobre un cementerio social, ni un cementerio social sobre un paraíso financiero. 

Surgieron en Europa como un componente de la Seguridad Social; una victoria de las luchas sociales o una respuesta de las élites para evitar que los pobres se convirtieran en problemas para sus intereses.

En cualquiera de los casos, se buscó proteger a la población contra riesgos como la enfermedad, la maternidad, la vivienda, y el retiro y/o la vejez y la muerte; esto nos traslada al concepto de SOLIDARIDAD, pues mientras más vulnerable se es, más expuesto a riesgos se está. 

Así, la seguridad social es también REDISTRIBUTIVA; compensa la incapacidad de la gente vulnerable, de protegerse contra los riesgos por cuenta propia.

Existen dos paradigmas sobre la seguridad social:

  • Universalista: Un “nivel básico” para todos, sin distinción, financiado con impuestos generales como el IVA; conocido como no contributivo.
  • Laborista: Anclada a la relación laboral; quien no la tiene queda excluido; se financia con aportaciones del trabajador, patrón y/o gobierno, y se conoce como contributivo.

En México, se adoptó el paradigma laborista. Se creó el IMSS que otorga prestaciones para la enfermedad con el servicio de salud, la maternidad con el servicio de guardería, la vivienda a través del INFONAVIT, y el retiro, la vejez y la muerte a través de las pensiones.

Al IMSS, le siguió el ISSSTE y muchas otras instituciones que hoy integran un “polisistema” altamente fragmentado, con reglas distintas de ingreso (formas de cotización) y de egreso (prestaciones).

Los sistemas de pensiones deben diseñarse y valorarse bajo una perspectiva de largo plazo, pues en términos llanos, el riesgo de la vejez ocurre de forma natural, 60 o 65 años después de nuestro nacimiento y con al menos 30 años de vida laboral. Por ello requieren previsiones jurídicas, sociales y financieras que se orienten a procurar que las aportaciones sean suficientes para cubrir los riesgos futuros. 

No debería existir pensión sin necesidad, ni necesidad sin pensión; sin embargo, esta máxima riñe con el diseño jurídico de los sistemas. 

Muchos de ellos establecieron como requisito para acceder a la pensión, solamente el tiempo de cotización y no la edad. Esto implicó que quienes ingresaron a trabajar a los 16 años pudieran pensionarse a los 46, siendo aún aptos para trabajar. Como consecuencia, el sistema debe pagarles su pensión quizás por 30 años más.

Esto es legal pero sumamente dañino para el sistema, pues se paga a quien no lo necesita porque aún es apto para un trabajo remunerado; además, a su muerte el beneficio se puede extender a sus viudas y huérfanos por periodos prolongados.

Se genera así un costo excesivo por pensionado, a costa del beneficio esperado por quienes se encuentran en plena vida laboral, atentando contra su naturaleza SOLIDARIA Y REDISTRIBUTIVA. 

Es entonces el comportamiento demográfico, la principal causa de descapitalización de los sistemas de pensiones, pues la mayoría de ellos nacieron en una época de muchos jóvenes y pocos viejos; hoy la pirámide poblacional se transforma, los sistemas maduraron y en general se volvieron insostenibles sin el respaldo del Estado benefactor, que enfrenta cada vez más necesidades sociales. 

Si esto se extrapola al “polisistema” en una nación en pleno envejecimiento, es inminente el colapso. La alternativa es reformar los sistemas, sin embargo, las reformas son impopulares, pues se orientan a dos objetivos:

  • Incrementar ingresos, aumentando el costo de las aportaciones. 
  • Disminuir egresos, disminuyendo en cantidad y/o monto, el esquema de prestaciones. 

Esto se contrapone con el argumento jurídico de los derechos adquiridos, perdiendo de vista que, en tanto los riesgos no ocurran, no hay derecho exigible, sino una simple expectativa de derecho. 

Si no se reforman la consecuencia más peligrosa es el colapso o extinción; la otra, es la manipulación sistemática para crear soluciones falaces como las AFORES, de lo que espero platicar después. 

La crisis actual de los Sistema de Pensiones, demanda responsabilidad SOLIDARIA también de los gremios laborales, que son interesados principales. En ellos recae la seriedad del análisis objetivo para hacer conscientes a sus agremiados, sobre qué es y qué no es un sistema de pensiones: 

  • ¿Qué es? Un mecanismo solidario de protección contra riesgos.
  • ¿Qué no es? Una caja de ahorro privada con rendimientos garantizados. 

Si equivocamos esa lógica, los interesados no comprenderán nunca, la esencia SOLIDARIA Y REDISTRIBUTIVA del sistema. 

Cierto, los más viejos gozarán de más beneficios; eso no es SOLIDARIDAD. También, quienes tuvieron sueldos mayores tendrán pensiones mayores; eso no es REDISTRIBUCIÓN.

Reconstruir los sistemas de pensiones, requiere del esfuerzo y colaboración de todos. Decía un buen amigo: “el problema es tan grande como sencillo es el juego de la pirinola: si todos ponemos, todos ganamos”.

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