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Una poética del silencio

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Por: La Gualdra •

La Gualdra 697 / Arte

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De pie, frente a la obra de Vilhelm Hammershøi nos sorprenden interrogantes cargadas de asombro y curiosidad. ¿En qué momento una habitación está vacía? ¿Qué más hay que decir? ¿No es acaso más sugerente, más poética, más hermosa? ¿Hay algo más fascinante que el misterio que se esconde en lo cotidiano..? Pero, ¿qué pintó nuestro autor? ¿Acaso la misma puerta, la misma ventana, la misma mujer? Sí, efectivamente, eso hizo, pero con variaciones casi imperceptibles, ya que, se descubren o se ocultan detalles interiores agobiantes o espacios etéreos, mientras que, tanto los personajes como sus rostros luchan para no ser disueltos por la luminosidad sobre la cual se recortan, o acaso se protegen de la intención que transmite cada pincelada. 

Todas las pinturas de Vilhelm Hammershøi dialogan entre sí, invitan a una observación lenta y concentrada, a una reflexión silenciosa. El diálogo entre sus obras no es una conversación lineal, sino un eco visual, una variación sobre un mismo tema, creando un lenguaje artístico unificado y evocador, tal como las modificaciones sucesivas que tendría una melodía, ritmo, armonía o instrumentación a lo largo de una obra musical.

La obra de Hammershøi plasma la luz, la paz y el silencio, cuatro escenas salen a nuestro encuentro. 1. Nos encontramos con interiores sobrios y casi vacíos, la luz se adueña de ellos, los seduce y como en un sueño, suscita fantasías. 2. Su ilimitada gama de grises se despliega, imperceptiblemente, tejiendo transiciones suaves que se difuminan entre objetos, luces y sombras. 3. Frente al lienzo las líneas son imprecisas, no dibujan los contornos de las siluetas sino que son delimitadas por otra tonalidad de gris que tan solo anticipa la llegada de un nuevo gris. 

4. Nuestro pintor preparaba los muebles para garantizar la composición geométrica del cuadro, estructurando el espacio de tal forma que el brillo de los muebles y la luz incidan. Ahora, el silencio y la introspección dan un tono poético a estas pinturas, aunque algunas veces nos dan la sensación de misterio, melancolía e inquietud. Pues, como se dice en Finestre sull´Arte “El desenfoque parcial, la iluminación natural, la ausencia de profundidad clásica… todo contribuye a crear una sensación de tiempo inmóvil, de espera”.

En este escenario, hemos elegido, Interior con Ida en una silla blanca, pintura que reúne la habilidad de Hammershøi para capturar sensaciones de atemporalidad y soledad introspectiva. Paisajes interiores que, como dirán Hanne Finsen e Inge Vibeke. “Hay una luz que se derrama sobre el lienzo y define el espacio… La luz suele ser indirecta… porque la luz indirecta es a menudo, la más hermosa…”.

Frente a la obra de Hammershøi se puede pensar que falta algo y, esperando a que aparezca, advertimos que nosotros ya hemos cambiado, mientras tanto la obra permanece flotando en la quietud inmutable del lienzo. Hemos descubierto que desde la luz del norte, como una presencia de perfiles nítidos y sombras afiladas, se desvela una poética del silencio.

*UAEH-UAZ.

Referencias
Hanne Finsen e Inge Vibeke Raaschou-Nielsen, Vilhelm Hammershøi, Un desequilibrio retrospectivo, Copenhague, 1981.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_697

 

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