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domingo, 29 enero, 2023
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Polarizados: todos pierden, aunque ganen

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Por: Carlos Eduardo Torres Muñoz •

Quizá el elemento que más presente está hoy en nuestra vida pública es el de la polarización. Sea por los efectos del algoritmo en redes sociales, o como consecuencia del consenso que reinó durante las décadas de la transición y pos-transición, tanto en México, como en el mundo, con lo que se conoció incluso como “El fin de la historia”, luego de la caída del muro de Berlín, lo cierto es que este ingrediente perverso para las democracias y la vida en sociedad, cada vez se vuelve más patente. Cuando el progreso nos llevaba cada vez más a coincidir en los objetivos, la emoción política, la ideología y la irresponsabilidad en el liderazgo, nos confronta un día sí y otro también, en consensos hoy débiles o cuando menos cuestionados. Tal condición no es exclusiva de ninguna fuerza política. Se presenta como una estrategia eficaz tanto en gobiernos de la derecha como en los de la izquierda. La deliberación, como un ejercicio democrático de debate, razonamiento y alcance de acuerdos, va desapareciendo, y con ello nuestra capacidad para afrontar crisis que merecen más que confrontación, acción. 

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La realidad es que en la polarización todos pierden, salvo por los nimios avances que se quedan al margen. Las agendas del bando que hoy gana son tan vulnerables como su victoria. Sí, en democracia ninguna victoria ni derrota lo son para siempre, y el estado de la cuestión es el de un vaivén electoral permanente; las conquistas apenas duran un periodo parlamentario o presidencial. El sistema democrático está diseñado para un porcentaje saludable de confrontación política y de lucha por el poder, pero no para la polarización. Se basa, no hay que olvidarlo, en un texto cuya función es sentar el pacto social sobre el que una nación ha de convivir y desarrollarse. Cuando no hay base mínima para ello, el pacto social está roto por falta de convicción y voluntad de parte de los que lo han de cumplir. 

Estas notas vienen hoy a cuento por la propia agenda pública que nos rodea: desde la reforma electoral hasta la crisis de inseguridad, pasando por la incapacidad institucional para dotar de servicios públicos de calidad (léase transporte público en la Ciudad de México). Todos han sido abordados desde el desinterés en la solución y con el énfasis puesto en la razón de cada bando, según la posición y la estrategia político-electoral que lo guíe. En ese contexto, todos pierden: el oficialismo al no lograr convencer, sino apenas dudar de estrategias, cuyos resultados se ven cuestionados por la realidad, y la oposición, cuyas propuestas siguen sin encontrar el eco de legitimidad que requerirían para alcanzar la fuerza suficiente para imponerse. Y al final la sociedad pierde más, ya que en todas las apuestas es ella la que paga.

El panorama por venir no pinta mejor, por el contrario. Conforme se acerca la batalla electoral del 24 y en el preámbulo necesario que será la elección del Estado de México (la de Coahuila pareciera a priori resuelta), la polarización aumentará. Quizá el único dilema o salida se encuentra en los resultados. Quienes alcancen la victoria tendrán que definir si ejercen ese liderazgo con amplia convocatoria y pluralidad, o si, por el contrario, administran y gestionan la polarización a riesgo de la nulidad en materia de eficacia política e institucional. 

@CarlosETorres_

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