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sábado, 20 abril, 2024
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■ El Estado y las empresas ejercen violencia económica, política, represiva y también propician polarización, afirma

Guerra Integral de Desgaste, estrategia en los conflictos socio ambientales: Delgado

■ Es una estrategia especializada porque incluye la parte armada, pero también tiene un componente psicológico

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Por: MARTÍN CATALÁN LERMA •

Elvia Susana Delgado Rodríguez, docente de la Universidad de Guadalajara (U de G), afirmó que, en todo conflicto socioambiental, el Estado y las empresas implementan una estrategia denominada “Guerra Integral de Desgaste”, mediante la cual sean desacreditados los movimientos u organizaciones que resisten u oponen al despojo o desplazamiento de su territorio.

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Durante su conferencia titulada “Impactos sociales y psicosociales en defensores y defensoras de la tierra y el territorio”, presentada en la comunidad de Cicacalco, Tlaltenango, expuso que el concepto de “Guerra Integral de Desgaste” refiere a diversas acciones que tienden a la afectación personal y colectiva de los integrantes de una comunidad determinada.

“Es una estrategia especializada porque incluye la parte armada, el uso de los militares o la policía, pero también tiene un componente psicológico de presión, de miedo, de persuasión, y un componente de desgaste económico de las comunidades”, indicó.

En ese sentido, dijo que el objetivo de esta “guerra” es quitarle legitimidad al movimiento u organización social de tal manera que quienes defienden sus derechos deben ser desacreditados.

Delgado Rodríguez detalló que una parte importante de esta estrategia es tratar de hacer sentir a las comunidades que están solas y aisladas, lo cual genera afectaciones emocionales porque los integrantes de las comunidades ven interrumpida su cotidianeidad y sus proyectos.

A su vez, comentó que el Estado y las empresas ejercen violencia económica, política, represiva y también propician polarización entre las comunidades que derivan en problemas de división.

“Todo ello resulta en problemas emocionales, impactos en nuestra salud porque se produce tristeza, depresión, enojo, frustración, coraje, insomnio, al enfrentarse a todas las situaciones que enfrentan las comunidades que defienden la tierra y el territorio”, agregó.

Como consecuencia, detalló que también se desgasta la capacidad de comunicación y usualmente se vuelve complicado reconocer el estado emocional  ante otras personas, pero también tiene impacto en la capacidad organizativa.

Por tanto, Delgado Rodríguez expuso que esa estrategia daña las relaciones personales, la convivencia social, sus trabajos, la identidad, lo que implica la necesidad de fortalecer la cohesión social en los procesos de resistencia.

Asimismo, afirmó que el proceso de deshumanización es uno de los impactos más fuertes porque se normalizan todas las formas de violencia, pero para el caso de las mujeres estas se acentúan todavía más porque hay un discurso pública que impulsa su participación en los procesos organizativos, pero al interior de las familias se les estigmatiza.

Agregó que todas las formas de violencia que ejerce el Estado contra las comunidades organizadas debe ser resuelta por estrategias de afrontamiento de los grupos sociales y, según e ha observado, en su mayoría se resuelve por la capacidad de mantenerse unidos.

Además, “la resistencia es una forma de enfrentar estas amenazas: organizarnos, crear laxos de hermandad, conocer otras luchas y darnos cuenta que lo anormal es la violencia que el Estado ejerce contra nosotros y no cómo reaccionamos ante ella”, concluyó.

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