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jueves, 29 septiembre, 2022
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¿Cuántos partidos son suficientes para México?

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Por: RAYMUNDO CÁRDENAS HERNÁNDEZ •

En estos tiempos de crisis de representación en México se escuchan muchas voces críticas del sistema electoral por ser muy costoso, y no pocas señalan que los partidos registrados que tenemos son demasiados. Para contestar la pregunta que encabeza la columna de hoy parto de las siguientes afirmaciones: la democracia es el menos malo de los regímenes políticos que la humanidad ha probado, y no existe democracia sin partidos políticos. Si ello es cierto, entonces la solución a la crisis del sistema de partidos es una reforma radical de los mismos que propicie la identificación de cada partido con un proyecto programático que cohesione a los ciudadanos con intereses parecidos. La columna de ayer contiene propuestas para llevar a cabo esa reforma, pero en ella no traté de dar respuesta a la pregunta del encabezado.

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Inicio compartiéndoles la siguiente información sobre el número de partidos representados en los parlamentos de diversos países: 13 en España, 5 en Alemania, 10 en el Reino Unido, 10 en Italia, 28 en Brasil, 6 en Argentina, 2 en Estados Unidos y 4 en Canadá. En México están representados 7, y 3 más intentarán lograrlo en las elecciones de junio próximo. Si nos comparamos con los países referidos podemos concluir que 10 no son demasiados, pero si examinamos más de cerca la crisis concluiremos que la crítica más generalizada se refiere a que los 7 partidos que han logrado alguna representación gobiernan casi igual, adolecen de los mismos vicios y no respetan sus propios documentos programáticos, lo que se refleja en las votaciones unánimes de los presupuestos de egresos de la Federación y de las entidades. Ante esa realidad sí parece innecesario tener 7 partidos cuando varios de ellos, los que suscribieron el Pacto por México por ejemplo, podrían formar un solo partido con distintas corrientes dado que con el Pacto mostraron que no son tan diferentes como afirman.

Si nos atenemos a las confrontaciones programáticas realmente existentes en el mundo de hoy, podemos distinguir solo dos grandes posiciones: la dominante desde fines de los años setenta, el neoliberalismo en sus versiones cada vez más parecidas, y la familia de programas que se pueden ubicar en el paradigma del desarrollo humano difundido con gran intensidad por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). El primero tiene como principio fundamental la lucha por el Estado mínimo que no reconoce derechos y ofrece libertades sin límite, y el segundo propone una nueva versión del Estado de bienestar que garantiza la vigencia universal de los derechos humanos.

De acuerdo con lo anterior, desde mi punto de vista un buen sistema de partidos para México debería tener dos partidos neoliberales, uno formado por el PRI, el PVEM y la corriente nueva izquierda del PRD, y otro el PAN que ha reivindicado como su victoria cultural el corrimiento del PRI hacia sus posiciones tradicionales y que, como se demostró en el debate de la reforma energética recientemente firmada, presentó propuestas más radicales que las del Poder Ejecutivo para eliminar toda orientación social a nuestra Constitución. Ambos partidos llenarían los espacios moderado y radical del neoliberalismo mexicano. Frente a ellos, estaría un nuevo partido que resultaría de una nueva etapa de unificación de las izquierdas, claramente opositor al neoliberalismo y comprometido con los principios de la democracia participativa; a la izquierda del anterior estaría un frente de fuerzas de izquierda simpatizantes de las acciones de masas en el que participarían aquellas que hoy se manifiestan en Guerrero, Oaxaca, etc., y en buena parte de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). Además de esos cuatro partidos, el sistema debería permitir la representación de diversas minorías, como los pueblos indios que en su conjunto representan alrededor de 10 por ciento de la población.

Pienso que algunos de mis pocos lectores podrían pensar que tanto el acuerdo en lo esencial que traté ayer, como el nuevo sistema de partidos son solo buenas intenciones u ocurrencias surgidas de una noche de insomnio, pero estoy convencido de que la continuidad de las movilizaciones masivas del año pasado, como las complicaciones que veremos en el proceso electoral que está iniciando, así como los resultados de éste, a todo lo cual  se agregarán otras manifestaciones de la descomposición institucional en curso, obligarán a la élite del poder (Políticos al mando del Estado, grandes empresarios y militares) a abrir las puertas de un gran debate nacional que podría conducir a un nuevo congreso constituyente.

Como zacatecano creo que en nuestra entidad existen condiciones para empezar a dar pasos en el camino de las grandes reformas políticas que se requieren y que sólo se requiere de voluntad política del titular del Poder Ejecutivo, lo que no es poca cosa si recordamos que en lo que va de su mandato no ha mostrado interés alguno en propiciar avances significativos en materia de reforma política. Pero de ésta hablaremos el lunes próximo. ■

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