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Veinticinco años sin Heberto Padilla

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Por: Mario Alberto Medrano •

La Gualdra 679 / Poesía / Libros

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Heberto Padilla (1932-2000) se ilusionó con la Revolución Cubana como tantos otros y también se decepcionó de ella cuando la entendió a fondo. 

El caso Padilla se convirtió en símbolo de la resistencia anticastrista. El hecho de encarcelarlo sólo por criticar al régimen de Fidel Castro en su espléndido libro de poesía Fuera del juego le valió el encierro y la antipatía. Pero no siempre fue un crítico asaz severo, también compartió los ideales y fue parte de un gobierno que atacó, como lo hizo con José Lezama Lima. 

Sin embargo, no quiero adentrarme en la urdimbre política, sino hablar del poeta, del exigente poeta, que fue Heberto. Especialmente en Fuera del juego, la que considero su obra central. Fuera del juego fue ganador del Premio de Poesía Julián del Casal, 1968, cuyo jurado estuvo integrado por J. M. Cohen, César Calvo, José Lezama Lima, José Z. Tallet y Manuel Díaz Martínez; entre las consideraciones del jurado, se hallan los siguientes argumentos: 

“…ningún otro libro, a nuestro juicio, tuvo méritos suficientes para disputarle el premio al que resultó vencedor, acordamos, además, no otorgar menciones honoríficas. Consideramos que, entre los libros que concursaron, Fuera del Juego se destaca por su calidad formal y revela la presencia de un poeta en posesión plena de sus recursos expresivos. Por otra parte, en lo que respecta al contenido hallamos en este libro una intensa mirada sobre problemas fundamentales de nuestra época y una actitud crítica ante la historia. Heberto Padilla se enfrenta con vehemencia a los mecanismos que mueven la sociedad contemporánea y su visión del hombre dentro de la historia es dramática y, por lo mismo, agónica (en el sentido que daba Unamuno a esta expresión, es decir, de lucha)”.

En la poesía de Padilla no hay espacio para el barroco ni para las frases complejas, las metáforas se diluyen como el agua al agua, sin prisa ni tampoco abruptos. A diferencia de la poesía que se escribía en la isla, con Lezama Lima como el gran patriarca, o la prosa exiliada de Guillermo Cabrera Infante, lo de Padilla resulta vehemente y pulcro. Un ejemplo, son estos versos, con los que inicia el libro, del poema “En tiempos difíciles”:

       A aquel hombre le pidieron su tiempo
       para que lo juntara al tiempo de la Historia.
       Le pidieron las manos,
       porque para una época difícil
       nada hay mejor que un par de buenas manos.
       Le pidieron los ojosque alguna vez tuvieron lágrimas
       para que contemplara el lado claro
       (especialmente el lado claro de la vida)
       porque para el horror basta un ojo de asombro.
       Le pidieron sus labios
       resecos y cuarteados para afirmar,
       para erigir, con cada afirmación, un sueño
       (el-alto-sueño);
       le pidieron las piernas,
       duras y nudosas,
       (sus viejas piernas andariegas)
       porque en tiempos difíciles
       ¿algo hay mejor que un par de piernas
       para la construcción o la trinchera?
       Le pidieron el bosque que lo nutrió de niño,
       con su árbol obediente.
       Le pidieron el pecho, el corazón, los hombros.
       Le dijeron
       que eso era estrictamente necesario.
       Le explicaron después
       que toda esta donación resultaría inútil
       sin entregar la lengua,
       porque en tiempos difíciles
       nada es tan útil para atajar el odio o la mentira.
       Y finalmente le rogaron
       que, por favor, echase a andar,
       porque en tiempos difíciles
       ésta es, sin duda, la prueba decisiva.

Lo que logra Padilla en todo el libro es contestar a un silencio y violencia atroz por parte de la dictadura cubana, le piden a un hombre la voz, y esa voz es un yo plural. Con mucho oficio estructura este libro, pues alterna la tensión del verso de arte menor con una sátira hecha de puños y cenizas. 

 “A los héroes/siempre se les está esperando/porque son clandestinos/y trastornan el orden de las cosas”, dice en el poema “Sobre los héroes”. Y es precisamente esta actitud velada, este andar a tientas por el lodo, el campo y la materia prima de este libro, álgido, pero muy severo. 

La poesía cubana siempre me ha gustado por cadenciosa y severa; no siempre trae a cuestas los ritmos del Caribe, más bien trae el rigor del abandono y la injusticia. Decir que la poesía de Castillo es política sería reducirla al panfleto, más bien es una poesía homérica: narra una batalla y la tragedia. 

Sí, como los antiguos poetas latinos, romanos y griegos, Padilla es un testigo de la injusticia y el poder. Lo que hace en Fuera del juego es un ejercicio pleno de la inteligencia y valor, de la honestidad y, por ende, de la desgracia y el exilio. 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_679

 

 

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