La posposición de la visita que la presidenta Claudia Sheinbaum realizaría este fin de semana a Zacatecas podría parecer un hecho menor. Sin embargo, el episodio volvió a dejar una sensación difícil de ignorar: la de que nuestro estado ocupa un lugar secundario en las prioridades de la Federación.
Lo que más llamó la atención no fue solamente la ausencia presidencial, sino la falta de explicaciones. Los medios nos enteramos primeramente a través de una escueta comunicación de la oficina de prensa de la Presidencia, donde simplemente desapareció cualquier actividad programada para Zacatecas el 14 de junio. El gobierno estatal tampoco ofreció una versión clara de lo ocurrido. Mientras tanto, la presidenta sí realizó actividades en San Luis Potosí.
La pregunta es inevitable: ¿por qué Zacatecas parece ser, una y otra vez, una entidad prescindible para el poder central?
Más allá de este episodio, el problema tiene raíces profundas. Durante décadas, la clase política zacatecana ha sido incapaz de construir un proyecto de desarrollo de largo plazo que unifique a la sociedad y genere compromisos concretos por parte del gobierno federal. Sin una agenda común respaldada por amplios consensos sociales, empresariales y académicos, el estado ha quedado sujeto a la voluntad política de los gobiernos en turno.
La consecuencia es evidente. Zacatecas enfrenta problemas históricos en materia de desarrollo económico, migración, seguridad y financiamiento educativo, pero rara vez logra colocarlos entre las prioridades nacionales. El caso del magisterio es ilustrativo. Tanto la Sección 34 de la CNTE-SNTE como el SITTEZ mantienen demandas legítimas, aunque imposibles de cumplir bajo la realidad presupuestal actual y no ha existido poder humano y político que concilie y logre que los profesores retornen a las aulas a atender a los más de 200 mil estudiantes que están sin lograr cerrar el ciclo escolar.
Por ello, la visita pospuesta de la Presidenta es más que un ajuste de agenda. Refleja la débil posición política de Zacatecas y la ausencia de una estrategia colectiva capaz de exigir atención y resultados.
La responsabilidad no es exclusiva de la Federación. La principal falla corresponde a la clase política local que sido incapaz de dejar atrás las coyunturas electorales y construir una visión compartida de futuro. Porque cuando un estado no logra hacerse escuchar, termina acostumbrándose a esperar explicaciones que nunca llegan y apoyos que siempre se posponen.



