México tuvo un período de jauja económica cuando la bonanza de la producción petrolera llegó a los 3.2 millones de barriles diarios y coincidió con el Boom del precio internacional superando los 100 dólares. Paradójica e inexplicablemente los excedentes petroleros se evaporaron y PEMEX contrajo la mayor deuda histórica. Fue durante la alternancia entre el PRI y el PAN. Nadie ha documentado con suficiencia en manos de quienes, en qué, cómo y dónde, fue a parar esa enorme riqueza. Lo único claro es que mientras el país era saqueado por unos cuantos, el poder adquisitivo de los mexicanos cayó hasta un 80 por ciento en tres décadas y un puñado de mexicanos se convirtieron entre los hombres más ricos del mundo.
Brincos diéramos que esa riqueza “evaporada”, no solo del petróleo, estuviera en su totalidad o, cuando menos, mayoritariamente en manos y suelo mexicano. El saqueo a México ha servido para alimentar económicamente a transnacionales y sus gobiernos imperiales. Peor hacen con otras naciones a quienes bloquea, cerca, presiona, promueve la escasez de básicos, alientan a la inconformidad y la alternancia electoral o, de plano, participan de golpes de estado, al uso truculento de las leyes para destituir gobiernos, roba abiertamente sus riquezas, incautan bancos, petroleras, industrias, embarcaciones, como viles piratas, o les declara la guerra. Pura macro delincuencia organizada, causante de muertes e inseguridad mundial, los líderes mundiales son ampliamente conocidos.
Los gobiernos neoliberales mexicanos, PRIANístas (De la Madrid, Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto), fueron instrumentos políticos para el saqueo y sus bancadas legisladoras levantadedos de un marco jurídico que les dictaron los extranjeros (las reformas estructurales). No lo hicieron gratis. Presidentes de la República, funcionarios, dirigentes PRIANRDístas o legisladores, todos recibieron migajas. Algunos fueron incorporados como funcionarios de empresas extranjeras, como Zedillo y Calderón. Ellos hicieron lo propio con los aparatos ideológicos, de comunicación, de la estructura política y así anestesiaron a una gran parte de la sociedad.
El pronóstico era lógico, menos para los PRIANístas que mal se acostumbraron y fanatizaron a un pasado que no volverá. El cambio era inmanente, y Andrés Manuel López Obrador fue una pieza política fundamental en quien se cristalizó el grueso de la tradición de lucha y pensamiento transformador de la izquierda mexicana.
El PRIANismo es la expresión política, ideológica y socialmente estructurada de un triste período mexicano en el que el país renuncia a su desarrollo y al bienestar social a cambio de engordar la economía de las transnacionales y sus naciones a cambio de sacrificar la propia y sólo obtiene como dividendo el beneficio personal de la clase política que gobernaba y al puñado de oligarcas económicos que participaron de las actividades complementarias del gran capital extranjero.
Ese modelo de sociedad es el neoliberalismo y produjo en México empobrecimiento de la mayoría, crecimiento de las desigualdades sociales, inaccesibilidad de la mayoría a la atención médica, alza de colegiaturas, topes de ingreso a carreras universitarias, bajo precio de productos del campo, acaparamiento de riquezas naturales como el agua, proceso inflacionario constante, principalmente en energéticos como la electricidad, gasolina y gas, limitaciones de libertades y derechos sociales, persecución gubernamental de periodistas, encarcelamiento o desaparición; represión a grupos enteros de inconformes, entre los que se encuentran, electricistas, magisterio, obreros y campesinos de Aguas Blancas Tlatlaya, estudiantes de Ayotzinapa, florecimiento del crimen organizado de las drogas y el de cuello blanco, ambos dedicados a una economía del actividades ilícitas.
Esa realidad parió a una derecha mexicana que hizo a un lado sus principios doctrinarios. Hoy levanta altares a su insaciable sed de corrupción y su lucha incansable por retornar a los viejos tiempos, acusando de lo que es y de lo que hace, porque entró en la amnesia que le impulsa a críticar, en otros, todo lo que hizo en su paso por el gobierno. Su desesperación por encontrar falsos argumentos los lleva a tergiversar, distorsionar, descontextualizar, falsear y mentir. Viven el mundo de la fantasía de hace 7 años atrás.
Todo eso, ha sido una gran aportación de nuestra derecha corrupta a la transformación de México porque su descaro ha contribuido al surgimiento de una mayor conciencia social. Incluso su postura altanera, bravucona, de traición a la patria, opositora a ultranza, su cinismo, las campañas de ataques mediáticos y en redes sociales, los pequeños grupos a los que defienden (al anterior poder judicial, la defensa a Gertz Manero, a acaparadores de agua, a evasores de impuestos, a personas y grupos vinculados al crimen organizado, etc.) y sus excesos clarifican los intereses a los que sirven. Esta derecha entiende mal el concepto de crítica (del griego Krisis/eos, posibilidad de elegir entre posibilidades), cree que crítica significa calumniar y difamar impunemente, mientras no se aplique a ellos mismos.



