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lunes, 17 enero, 2022
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Construir un Estado de bienestar, objetivo para unir a los progresistas mexicanos

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Por: RAYMUNDO CÁRDENAS HERNÁNDEZ •

Durante las últimas semanas, las noticias provenientes del sistema de partidos en México contienen una coincidencia que debe ser analizada con detenimiento, pues de la misma pueden derivarse nuevos rutas para todos ellos. La coincidencia consiste en que las máximas instancias de decisión del PRI, PRD y Movimiento Ciudadano decidieron, cada uno por su lado, que sus documentos básicos incorporarían reformas para ubicarse en el paradigma socialdemócrata.

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Recordemos que la socialdemocracia es una ideología política que promueve, en el marco de una economía capitalista, la intervención directa del Estado en la economía. El fin de la intervención es redistribuir la renta de una forma más justa, garantizando la vigencia de los derechos humanos para todos. Tal estado se denomina Estado de bienestar. De manera que el principal objetivo de la socialdemocracia es el de reducir los niveles de desigualdad dentro de una economía de mercado. Como corriente progresista, promueve una redistribución de la riqueza mediante sistemas impositivos progresivos en el que pagan tasas mayores quienes cuentan con patrimonios y rentas mayores. El socialismo democrático o socialdemocracia, dista mucho del paradigma comunista. Ambas son corrientes de izquierdas, pero la socialdemocracia contempla entre sus principios la garantía de funcionamiento de la democracia representativa, así como una economía de mercado donde el Estado, mediante la fiscalización, garantiza los derechos humanos.

Recordemos brevemente que al término de la Segunda Guerra Mundial en 1945, los triunfadores se agruparon en dos grandes polos político-militares, uno, capitalista, liderado por Estados Unidos y el otro, comunista, por la URSS. Alemania, Japón e Italia fueron los grandes derrotados. Al poco tiempo, los dirigentes del polo capitalista cayeron en la cuenta de que el capitalismo liberal excluía a una proporción muy grande de habitantes de sus países, lo que constituía un caldo de cultivo propicio para el crecimiento de los partidos comunistas, de manera que optaron por políticas que atemperaran ese efecto; Así, se propusieron y lograron: en Estados Unidos, una clase obrera mejor pagada y amplias capas medias con una calidad de vida que constituyó el american way of life, o sueño americano, y al mismo tiempo, en los paises cercanos a la URSS, en Europa, las élites y la movilización social construyeron el denominado estado de bienestar, para competir en mejores condiciones con la narrativa comunista.

El curso de la guerra fría impuso una competencia salvaje en lo militar y lo económico que desembocó en la desaparición, afortunadamente pacífica, de la URSS y del comunismo, dando origen a un mundo unipolar y a un nuevo periodo capitalista, denominado neoliberal, en el cual se reformó el Estado al considerar que los derechos, salud y educación primordialmente, serían proporcionados en el mercado por los agentes económicos en competencia, y que la conducción, en última instancia, correspondería a las pequeñas minorías de corporaciones y personas inmensamente ricas. Inició el desmantelamiento acelerado de los estados de bienestar, aún aquellos muy defectuosos como el de México; la fuerza política que condujo esa contrarevolución en nuestro país fue el cogobierno PRI y PAN.

El primer gran tropiezo del neoliberalismo hegemónico fue la gran crísis de la economía global que tuvo lugar en 2008, mientras que la pandemia del Covid 19 y sus secuelas en todos los ámbitos y esferas, sobre todo la económica, están obligando hoy a las élites del poder a admitir el regreso del Estado para garantizar, no solo los derechos humanos y la recuperación económica, sino la propia sobrevivencia de la humanidad en este planeta. La escasez de vacunas y medicamentos, el calentamiento global, la desigualdad y la pobreza crecientes han puesto en evidencia que el predominio del interés privado sobre el público no debe mantenerse.

Desde mi punto de vista, la coincidencia en los anuncios del PRI, PRD y MC debiera conducir, sin demora, a quienes los impulsaron a pintar su raya con los integrantes de sus propios partidos que condujeron esos cambios, y con el PAN, organización que todavía hoy presume, con razón, las reformas estructurales neoliberales como su triunfo cultural. Si ello no ocurre y, por el contrario, siguen defendiendo la legislación neoliberal en materia eléctrica, y preparando las alianzas electorales en las entidades que elegirán gobernadores este año, quedará claro que sus pronunciamientos no son más que intentos de seguir engañando a los segmentos de las clases populares que todavía creen en ellos.

Los miembros del PRD y del MC que en serio estén convencidos de retornar a la ruta progresista, deberían analizar a fondo, sin prejuicios, la naturaleza de la 4ª T y reconocer y apoyar las políticas tendientes a construir un Estado de bienestar, como algunas de las que se aplican en diversos ramos de la administración pública federal. También sería conveniente que la narrativa presidencial y gubernamental adoptara términos y formulaciones propias del paradigma socialdemócrata para que queden más claros sus objetivos y propósitos. Ayudaría mucho que insistiera en que se desea construír un estado de bienestar. Ello facilitaría el encuento de aliados en Europa, América Latina y los propios Estados Unidos. Pero lo que más ayudaría a avanzar en esa ruta sería la movilización popular por la gran reforma fiscal progresiva que lo haga posible.

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