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jueves, 1 diciembre, 2022
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La alternativa latinoamericana ante el neoliberalismo

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Por: BENJAMÍN MOCTEZUMA LONGORIA •

Una fuerte oleada de gobiernos nacionalistas y populares, electos por la vía democrática, azotan al neoliberalismo en América y acentúan la crisis económica de los imperios, principalmente de Estados Unidos; ponen en tela de juicio la representatividad de organismos políticos internacionales como la OEA y la ONU; pero también a económicos como el Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Banco Interamericano de Desarrollo o la OCDE.

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He sostenido que el neoliberalismo es un modelo económico que, dentro del Imperialismo, ha procurado resolver problemas de los países que lo crearon, publicitaron y lo implantaron en las naciones económicas y políticamente dependientes. Lo diré de otra forma: el neoliberalismo fue inventado para resolver los problemas económicos de EEUU, Canadá, Inglaterra y otras naciones desarrolladas de Europa como Alemania, Francia e Italia.

Básicamente consistió en adueñarse, de diversas maneras, de las riquezas naturales de las naciones subdesarrolladas de América, África y regiones asiáticas, tales como los minerales metálicos y no metálicos (Oro, Plata, Cobre, Zinc, Litio), Petróleo; productos forestales, agrícolas y ganaderos. 

También promovió a favor de la iniciativa privada, de sus países, la adjudicación de muchas empresas públicas. Realizó inversiones productivas muy ventajosas (evasión de impuestos, estímulos con inyección de recursos públicos por innovación o rescate, uso gratuito de naves industriales, exención de varios servicios públicos, bajos salarios e incumplimiento de prestaciones de ley a los trabajadores) que, en conjunto, disminuyen el costo de producción, cuya ganancia va a parar a sus matrices empresariales.

Las llamadas reformas estructurales, que se promovieron para América y otras naciones, pretendían ese objetivo neocolonialista. La educación en México, por ejemplo, se alineó a ese propósito, pero sucumbió con la llegada del gobierno que encabeza AMLO.

En esa perspectiva, los grandes intereses económicos imperiales, apoyados por sus gobiernos, impulsan la llegada de gobernantes alineados a su causa (en México: Miguel de la Madrid, Carlos Salinas, Ernesto Zedillo –eso pudo haber motivado el asesinato de Colosio-, Vicente Fox, Felipe Calderón y Peña Nieto). En Brasil, a Bolsonaro; en Argentina, a Macri, etc.

De modo que nuestros problemas económicos también son para las naciones desarrolladas sólo en la medida en que dificulta el crecimiento de ellos. O son problemas políticos si brotan aspirantes nacionalistas que se convierten en “un peligro” a sus intereses. Como ejemplos puede mencionarse a López Obrador, Evo Morales, Lula Da Silva y otros.

Pero, la superación del neoliberalismo, del que surge un nuevo tipo de colonialismo, tiene que pasar por el pensamiento mismo. Por tal proceso debe entenderse la clara conciencia de la autodeterminación de los pueblos, el surgimiento de una nueva y gran visión de la historia, que fue escrita por “los triunfadores”, para poder vernos de otro modo frente al mundo y luchar por la solución de nuestras dificultades, sin perder el contexto internacional.

Eso implica algo demasiado simple, pero gigantesco: descolonizar la teoría, tener nuestra propia comprensión del cómo operan las leyes del desarrollo social y ser capaces de elaborar un modelo latinoamericano de crecimiento y desarrollo con bienestar social. Mientras eso no suceda, seguiremos aplicando modelos de sociedad diseñados en el extranjero.

Por otro lado, los pueblos económica y políticamente oprimidos, podemos redireccionar la realidad social. Pero eso será más factible en condiciones de alianza y unidad internacional, ante lo que se dan acercamientos relevantes entre mandatarios como Alberto Fernández, de Argentina; Gabriel Boric, de Chile; Gustavo Petro, de Colombia; Nicolás Maduro, de Venezuela; Pedro Castillo, de Perú; Luis Arce, de Bolivia; Jesús Ortega, de Nicaragua; Xiomara Castro, de Honduras; el presidente electo de Brasil, Lula Da Silva; Miguel Díaz Canel, de Cuba y se avanza con algunos otros como Nayib Bukele y Guillermo Lasso, de Ecuador.

Tener conciencia de ese proceso de integración latinoamericana, reafirmar nuestra identidad y resolver muchos de nuestros problemas, debe permitirnos comprender la relevancia que, para México y el mundo, tiene el proceso de sucesión presidencial 2024. 

Aquel que vocifera impulsar una política de “reconciliación” debe ser desenmascarado de ser promotor de una franca y abierta traición al nacionalismo aquí descrito; por tanto, a la patria, pues la polarización económica, política, ideológica y cultural existe con, y sin, el neoliberalismo. Demagogia pura.

Obvio, en el neoliberalismo la polarización es de sometimiento a las clases sociales más vulnerables y, en las condiciones actuales, la polarización contra esas mismas clases disminuye, pero se acrecienta el descontento de los opresores por lo que sembrar la falsa idea de la reconciliación implica el retorno de la corrupción, los privilegios que actualmente se les han retirado tales como la evasión fiscal, la inyección directa de recursos a las empresas, facilitar el proceso de privatización y permitirles la existencia de mexicanos de primera y, desde luego, ceder a la sed de ganancia empresarial extranjera con cargo al bienestar de los mexicanos. 

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