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sábado, 21 mayo, 2022
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Breve crónica de una exposición

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Por: JÁNEA ESTRADA LAZARÍN •

Editorial Gualdreño 522

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Hace poco más de cuatro años, conversando con Martín Coronel -hijo de Pedro Coronel- hablábamos del error que se había dado con respecto a la fecha de nacimiento de su padre, que durante mucho tiempo fue considerada entre los años de 1922 y 1923 -distintas fuentes lo manejaron indistintamente-. Él aseguraba que había un error, que había que buscar la fecha precisa; y tenía razón, ese mismo año, indagando en los libros parroquiales, encontré la fecha correcta y un dato más, su segundo nombre: Pedro Encarnación Coronel Arroyo nació el 25 de marzo de 1921. “Todo coincide -me decía Martín- porque mi abuelo acordó con él que hasta que cumpliera los 18 años podría dejarlo partir a la CDMX a estudiar arte, y fue en 1929 cuando salió de Zacatecas”, ese acuerdo se dio después de varios intentos por escapar en el tren, Pedro se subía de polizón, pero siempre había alguien que le avisaba a su padre, este se comunicaba a la estación de San Luis Potosí para que lo bajaran y lo regresaran… así era Pedro, rebelde, intuitivo, tenaz. Todo eso quedó consignado en mi libro Una bizarra melancolía

Desde 2018 entonces, a Martín se le metió la idea de festejar ese primer centenario de su padre con una magna exposición que reuniera la mayor cantidad de piezas posible; además de las que conserva su familia comenzó la gestión para lograr que algunos recintos culturales y coleccionistas particulares se sumaran al proyecto, dado que se requería su autorización para poder exhibir esas piezas en el Palacio de Bellas Artes; para Martín era muy importante que la exposición se hiciera ahí porque Pedro Coronel lo consideraba una segunda casa; fue en ese lugar en el que se exhibiría primero, también, su colección El Universo de Pedro Coronel, y posteriormente llegaría a Zacatecas para quedarse aquí de manera permanente en el museo que hoy lleva su nombre. 

Para 2019 ya había hecho también las gestiones iniciales ante las autoridades del INBAL y del Instituto Zacatecano de Cultura porque para hacer lo que se proponía, se requería de una serie de trámites que deberían hacerse de manera institucional, sobre todo lo relacionado con permisos de préstamos, contratos de seguro, de traslado y un largo etcétera… pero en 2020 llegó la pandemia por el Covid-19 y todo se paró de alguna forma; sin embargo, no desistió. Martín aprovechó el tiempo no solo para ubicar más piezas propiedad de coleccionistas particulares, sino para contactarse también con el que sería el curador de la exposición -Iñaki Herranz-, y con todo un equipo de personas para que, entre otras cosas, se fuera avanzando en la publicación de un catálogo.

Llegó el 2021, la pandemia no cedía y, además, hubo elecciones en varios estados del país, lo que dificultó todavía más los trámites burocráticos. Llegó el 25 de marzo y en Zacatecas celebramos el Centenario de Pedro Coronel más desde casa, con transmisiones en línea, programas de TV dedicados al artista, pero todavía en confinamiento; se veía cada vez más complicado que la exposición pudiera llevarse a cabo, pero en octubre de ese año, finalmente Martín tenía la fecha de inauguración en la CDMX: sería el 3 de diciembre. El catálogo se publicó ya este año y es un ejemplar que debe coleccionarse.

Hace poco más de un mes, Martín Coronel, igual de rebelde, intuitivo y tenaz que su padre, me confirmó que la exposición también se inauguraría en Zacatecas el 9 de abril en el marco del Festival Cultural Zacatecas 2022. Lo logró. Y con ese logro muy personal, el hijo de uno de los artistas más extraordinarios que ha dado Zacatecas, nos dio el regalo de poder ver en el ex templo de San Agustín la muestra Pedro Coronel. 100 años, una ruta infinita, que reúne piezas que por ser parte de colecciones particulares difícilmente podremos volver a ver. La exposición exhibe obras de su época temprana hasta las últimas que realizó en 1985, poco antes de su fallecimiento. El domingo, ese primer día que tuvimos la oportunidad de ver por vez primera la exposición, los asistentes estábamos felices, sobre todo aquellos que admiramos la obra de don Pedro Encarnación; me queda la certeza de que muchos habremos de regresar a ver con más detenimiento lo que ahí se muestra, no solo por su belleza, sino porque las piezas son un tratado no solo del dominio colorista que tenía el zacatecano, también de composición, técnicas y profundidad. No se la pierda. Gracias, Martín.

 

Que disfrute su lectura.

Jánea Estrada Lazarín

[email protected]

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la-gualdra-522

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