En el último día del Primer Congreso Nacional sobre Trabajo y Sindicalismo, celebrado en la Unidad Académica de Economía de la Universidad Autónoma de Zacatecas, se llevó a cabo la conferencia magistral “Política salarial y la reforma laboral: oportunidades y contradicciones. Outsourcing, estatus desde la perspectiva jurídica y laboral”, en la que el académico Luis Bueno Rodríguez ofreció una reflexión profunda sobre los efectos del modelo económico global y las reformas laborales en México. Durante su intervención, subrayó que, pese a los avances legales de los últimos años, el país continúa en una “ilegalidad salarial” y mantiene un esquema de subcontratación que debilita los derechos de los trabajadores.
Desde los primeros minutos de su exposición, Bueno Rodríguez situó la discusión en un contexto histórico. Recordó que, desde la creación de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (Conasami), México ha mantenido un rezago respecto a la garantía constitucional del salario digno. “Aún con los aumentos recientes al salario mínimo, seguimos en la ilegalidad, pues el salario constitucional continúa sin cumplirse”, señaló. A su juicio, los incrementos registrados en los últimos sexenios, aunque importantes, siguen siendo insuficientes para recuperar plenamente el poder adquisitivo perdido.
El especialista explicó que la política salarial mexicana ha estado determinada por una lógica de inserción subordinada en la globalización. Desde la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y su continuidad en el T-MEC, dijo, el país ha sostenido una estrategia económica basada en dos pilares: el bajo costo de la mano de obra y la llamada “paz laboral”. Ambos factores, sostuvo, se convirtieron en instrumentos para atraer inversión extranjera, sacrificando derechos laborales fundamentales.
A partir de este panorama, el académico abordó uno de los fenómenos más controvertidos de la era neoliberal: el outsourcing o subcontratación. Definió esta práctica como una forma moderna de abaratar la fuerza de trabajo mediante la externalización de actividades y responsabilidades patronales. “El outsourcing no es un fenómeno aislado, sino una respuesta estructural del capital frente a la crisis de acumulación”, explicó.
Su expansión, añadió, coincidió con la apertura comercial de México en los años ochenta, cuando las empresas comenzaron a “ponerse a dieta” para competir en un mercado global cada vez más agresivo.
Bueno Rodríguez detalló las tres etapas del outsourcing. En la primera, las empresas transfirieron al exterior las tareas periféricas (como limpieza, vigilancia o mantenimiento) para concentrarse en sus actividades centrales.
En una segunda fase, incluso esas funciones esenciales comenzaron a ser subcontratadas. “Hoy en una fábrica, junto a un trabajador formal de Volkswagen, puede haber otro que realiza la misma labor, pero depende de una empresa contratista. No hay vínculo directo con el patrón real”, explicó. En una tercera etapa, añadió, surgen empresas que ya nacen estructuradas bajo este modelo, con todo su sistema de servicios externalizados desde el inicio.
El académico calificó este proceso como una tendencia hacia la “deslaboralización”, es decir, la eliminación progresiva del carácter social del trabajo. En su opinión, el outsourcing disfraza la relación capital-trabajo y promueve la contratación bajo esquemas mercantiles o por honorarios, evadiendo las obligaciones patronales. “Se pretende hacer desaparecer la figura del trabajador sujeto a derechos, para transformarlo en prestador de servicios”, advirtió.
En su exposición, Bueno Rodríguez también cuestionó los programas gubernamentales que, bajo un discurso de inclusión laboral, reproducen esta lógica. Citó como ejemplo el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, que dijo “contrata becarios sin establecer una relación laboral real, utilizando recursos públicos para financiar un modelo neoliberal”.
Al referirse a las reformas laborales de 2012 y 2021, el académico fue enfático: la primera, aprobada al final del sexenio de Felipe Calderón, representó una transformación profunda en la relación capital-trabajo, legalizando la flexibilidad y la precarización del empleo. La segunda, impulsada en el actual gobierno, si bien prometió eliminar el outsourcing, “no lo hizo en la práctica”. Explicó que la ley de 2021 permite la subcontratación en actividades “especializadas”, concepto tan amplio que deja abierta la puerta a la evasión.
Esta ambigüedad, señaló, debilita la titularidad de los sindicatos sobre las materias de trabajo y facilita que las empresas reemplacen plantillas completas por servicios externos. “Los sindicatos pueden quedarse vacíos de contenido, lo cual representa un grave retroceso”, enfatizó.
Bueno Rodríguez advirtió además que el fenómeno del outsourcing ha contribuido al debilitamiento sindical, al dificultar la organización colectiva y favorecer el surgimiento de sindicatos de protección, alineados con los intereses empresariales. “El sueño dorado del capital es desaparecer a los sindicatos, porque son un obstáculo para el libre juego de la oferta y la demanda”, subrayó.
Así en el cierre de tan importante encuentro, el profesor investigador Fernando Robledo Martínez, de la Unidad Académica de Economía, destacó que el objetivo del congreso fue analizar las transformaciones del mundo laboral y sindical a partir del impacto del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y las políticas comerciales de Donald Trump.
Señaló que las tarifas impuestas por Estados Unidos trastocaron los acuerdos previstos en el tratado, afectando la estabilidad laboral y sindical de los tres países. Además, subrayó que temas como la subcontratación, las maquiladoras, la migración laboral y la falta de derechos para los trabajadores con visas temporales H-2A y H-2B reflejan una reconfiguración profunda del trabajo que exige nuevas estrategias de organización y participación sindical.
Robledo Martínez advirtió que México no estaba preparado para estos cambios y que el país enfrenta un contexto internacional complejo marcado por el fin de la globalización y el surgimiento de un orden tripolar entre Estados Unidos, Europa y Asia. Ante este panorama, llamó a fortalecer la negociación colectiva, las políticas laborales y la formación académica para que los estudiantes comprendan las dinámicas actuales del trabajo y contribuyan al diseño de soluciones frente al nuevo escenario económico mundial.



