En un encuentro trascendental en el John Jay College, tuvimos el privilegio de sentarnos con el brillante David Kennedy, autor de la obra que ha conmovido conciencias, Do Not Shoot. Llevábamos en nuestras manos no solo un proyecto, sino un profundo anhelo: el de presentarle una iniciativa de disuasión focalizada, tejida con la convicción de que la violencia familiar que tanto nos duele puede y debe ser erradicada. Fue una cita cargada de emoción, una búsqueda de luz en medio de la sombra, donde cada palabra del experto se convirtió en un faro para nuestra lucha.
La sesión de trabajo con Kennedy y su equipo trascendió el tiempo, extendiéndose por más de dos horas que volaron entre ideas. La presencia del experto, cuya inteligencia y pragmatismo son una leyenda, nos envolvió; cada palabra nuestra fue recibida con una atención que rara vez se encuentra, un eco palpable de su compromiso. Lejos de la frialdad de la teoría, Kennedy desgranó nuestro proyecto con la sabiduría forjada en incontables batallas, respondiendo a cada inquietud con una perspectiva que no solo era precisa, sino profundamente humana y arraigada en la experiencia. Su reacción no fue solo una validación, fue un torrente de sugerencias invaluables, un regalo que confirmaba la viabilidad de nuestro sueño y revelaba la inmensa profundidad de su conocimiento sobre los desafíos y las oportunidades que un modelo de intervención como esta encierra. Nos sentimos vistos, comprendidos y, sobre todo, inspirados.
Nuestra conversación con David Kennedy no fue un simple intercambio de ideas; fue un momento en que se delinearon los cimientos de una nueva esperanza para nuestra comunidad. Los puntos clave que nos compartió, y que ahora abrazamos como la médula de nuestro proyecto en Zacatecas y Guadalupe, se resumen en cuatro pilares fundamentales, un esfuerzo que está siendo liderado por el Fiscal General de Zacatecas el Mtro. Cristian Paul Camacho Osnaya, y que busca sanar las heridas más profundas: 1. El corazón del análisis: Más allá de frías estadísticas, nuestra estrategia se sumerge en la realidad de cada vida afectada. Se trata de identificar, con profunda empatía, a aquellos individuos que, atrapados en círculos de violencia, causan el mayor dolor. Concentraremos nuestros recursos y nuestro esfuerzo en ellos, no para condenar, sino para ofrecer una salida y un camino hacia la paz. 2. Unidos por un propósito: El verdadero éxito brota de la unidad. El modelo de Kennedy nos enseña que el cambio más profundo surge cuando todas las agencias –desde la protección policial y la justicia, hasta los servicios sociales y de salud– se entrelazan con la fuerza vital de la sociedad civil. Juntos, hombro con hombro, tejeremos una red de apoyo inquebrantable para proteger a nuestras familias. 3. Sanando el alma de las víctimas: Un pilar sagrado de esta visión es que ninguna víctima será olvidada. La intervención va más allá del agresor; se extiende como un abrazo protector a quienes han sufrido. Es nuestro deber ineludible ofrecerles refugio, herramientas y el apoyo incondicional para que rompan las cadenas de la violencia y reconstruyan sus vidas con dignidad y esperanza. 4. El eco de la determinación: En el corazón de esta disuasión yace un mensaje rotundo, una voz unificada que resonará en cada rincón: la violencia no será tolerada. Esta declaración no proviene solo de la autoridad, sino de la fuerza moral de la comunidad, de las familias que anhelan la tranquilidad, y de una sociedad que clama por el fin del dolor. Los agresores sentirán, de forma clara e inquebrantable, que cada acto de violencia tendrá consecuencias inmediatas y justas. La visión de Kennedy nos ilumina con una ruta clara y estructurada, infundiendo un pragmatismo vital a esta noble causa. Es un faro de guía, sostenido con firmeza por el compromiso de nuestras autoridades locales, que nos impulsa a creer en un mañana mejor.
La reunión en en el John Jay College no fue solo un encuentro, fue un eco en el alma, una certeza grabada a fuego: la reducción de la violencia no es un sueño inalcanzable. Este proyecto de disuasión focalizada no es una teoría fría; es el latido de un compromiso, la convicción palpable de que, con las herramientas adecuadas y una estrategia forjada en la sabiduría y la empatía, podemos sanar las heridas de la violencia familiar. Agradezco enormemente el apoyo técnico de Adrián, Sofía, Àngel y todo el equipo de Lab Co; sobre todo, a Thomas Favennec por creer en la FGJEZ.



