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domingo, 4 diciembre, 2022
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Gobernadores zacatecanos: servir o retroceder

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Por: MIGUEL ÁNGEL AGUILAR •

■ Historia y Poder

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Desde el 12 de marzo de 1844 cuando Marcos Esparza asumió la gubernatura de manera constitucional las sendas del estado de Zacatecas, una infinidad de gobernadores interinos, alcaldes mayores, comandantes militares, corregidores e intendentes habían dejado una estela de sinsabores y también de acciones que proclamaron al zacatecano como un hombre libre de ataduras y trabajar y obtener la paz a sus familias.

No fue nada fácil.

Debe considerarse al gobernador como el máximo representante de toda autoridad y de la sociedad civil y quien ha de poner orden y quien ha de llevar los timones del progreso.

Y en muchas ocasiones el pueblo juzgó a sus gobernadores como los más intachables para corromperse, a otros los vilipendió como viles rateros y cínicos, a los demás los ignoró o los correteó en las polvaredas y apuntó en los renglones inmaculados de la historia a muchos de ellos que se sobrepusieron a mafias o partidos o a las mismas familias pudientes de la alcurnia minera zacatecana dueña de vidas y destinos. Y de ejercicios de supuesta elección popular.

Sin embargo, dicho cargo se vio envuelto en muchas ocasiones como motivo de incendios, asonadas, escaramuzas donde los esclavos se sublevaron, los comerciantes protestaron, los mineros se inconformaron, los campesinos pelearon por un pedazo de tierra, el talento de los estudiantes se opacó y en donde los invitados a las nuevas épocas tenían que sujetarse bien las agujetas para caminar por los senderos de paz o del terror, de la incertidumbre o el pesar de nunca tener concordia en las contiendas.

En la mañana del 9 de octubre de 1823 el gobernador interino Juan Peredo asumió como tal ese cargo con la esperanza de que sus escasos 5 meses como guía de los destinos comerciales y culturales y de toda regla que imponía la nueva faz de Zacatecas y del país y de la República, fuese apoyado por los nuevos congresos que en los estados del país se erigían para dar fe y constancia de las proclamas que tanto habían costado  de la sangre de miles y del sufrimiento más atroz que permitiera dar un nuevo paso de ser colonia a una patria independiente y capaz de sobrellevarse solita en sus destinos.

Tampoco fue nada fácil.

Porque hubo 9 gobernadores más que en su papel de interinato trataron de que las riendas del  estado tuvieran mano firme, honrada y enérgica ante los desmanes.

Lo curioso es que nuestro más afamado y querido gobernador Tata Pachito, el Lic. Francisco Salinas, fungió como interino, desde el 1 de agosto de 1829 al 31 de diciembre de 1834 y en que hubo de ser ejemplo nacional del buen federalismo, de la iniciativa y del trabajo creador al instaurar escuelas, cooperativas y sobre todo el buen ejemplo de austeridad y decoro.

En mis reiteradas visitas a los archivos históricos de la ciudad y el estado quedé impregnado de información de primera mano en donde los gobernadores informaban sin recato de los desmanes del pueblo más pobre y sus miles de delitos castigados, siendo una larguísima fila de estos que llevan del asombro a la hilaridad o a la capacidad de ostentar tal índice de transgresiones que fueron duramente castigados y de los cuales ya hemos comentado en anteriores columnas.

Salir corriendo o en honores. Era el dilema.

Gobernadores zacatecanos, o queridos o repudiados o simplemente, capítulos imborrables de nuestra historia que no cesa de escribirse. ■

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