En los últimos siete años se ha dicho desde la presidencia de la República, con AMLO y con Sheinbaun, que la economía de México y de Estados Unidos están muy integradas. Han sostenido que no conviene seguir caminos diferentes porque se complementan, se necesitan mutuamente. Bajo ese argumento, López Obrador sostuvo la necesidad de integrar a Canadá en el TMEC para crear el bloque que contrarrestara a Asia. Donald Trump, en el 2018, solo quería el tratado con México.
En la segunda fase del gobierno de Donald Trump no solo hizo burla sistemática del primer ministro de Canadá Justin Trudeau, sino que dio rienda a una embestida arancelaria contra todo el mundo exigiendo sometimiento político y económico. Con excepción de la lideresa de la Comunidad Económica Europea ningún otro país económicamente pujante parece hacerle caso. Eso incluye a México y Brasil.
En apariencia, la presidenta de México es la única que logra arrancarle consideración. En realidad son dos motivos que el gobierno de Trump toma en cuenta: la actitud serena, argumentos y una intensa labor diplomática a la que se suman miembros del gabinete; el segundo motivo tiene que ver con la dependencia que EEUU tiene de México en materia de abasto de Fuerza de Trabajo, mucha de ella barata, materias primas fundamentales para su aparato productivo, alimentos de origen animal y vegetal en los que son deficitarios; debe agregarse el mercado mexicano para los productos gringos.
La economía de Estados Unidos también es dependiente del abasto de gran variedad de drogas (provenientes de varias naciones) que el gobierno gringo “combate” de dientes para afuera. Se sabe que estas son “administradas” por el FBI, CIA y DEA. Eso permite al gobierno norteño hacerse de recursos extraordinarios de los que no rinde cuentas. Con ellos, financiar campañas de desprestigio contra gobiernos que no le simpatizan, a oposiciones como la de Venezuela, Cuba, Nicaragua; incluso, a una parte de la derecha corrupta y apátrida de México, encabezada por Claudio X. González.
La derecha mexicana sabe que el gobierno de USA, independientemente del partido que gobierne, financia a las derechas golpistas. Por eso, no esperan a que los busquen, van directamente a Washington, a OEA, ONU, CIDH, todos injerencistas controlados por los gobiernos de USA. Igual, como en la colonia se lanzan a buscar al gobierno y al rey de España. En los últimos años así lo han hecho líderes empresariales o personajes como Lorenzo Córdova (de triste memoria histórica), la ministra Norma Piña de la SCJN, líderes del PAN, PRI y del desaparecido PRD.
La cercanía y la pobreza del pueblo mexicano, durante el “reinado” de los gobiernos priístas, acentuado con los 6 presidentes del neoliberalismo previos a la 4T, sometió al pueblo de México al trasplante de un modelo económico, político, social, e ideológico, que permitió al gran capital succionar riquezas y parte del valor producido engrosando la economía gabacha; integró a ambas economías en una dependencia mutua, pero subordinada al Capital.
Aunque AMLO habló de fortalecer esa integración, lo nuevo fueron los pasos que dio para ir disminuyendo la dependencia y el sometimiento. Fue muy notorio en lo político, en restringir el ingreso de las autoridades gringas, los límites a la explotación irracional e ilegal de recursos, como la explotación de la cantera piedra caliza por parte de Vulcan Materials que devastan selvas en Playa del Carmen en Quintana Roo. Lo mismo hizo al comprar una refinería estadounidense, construir otra en México para procesar internamente los hidrocarburos, acciones que tienen gran impacto en ambos países y muchas otras acciones, incluyendo las del narcotráfico.
Claudia Sheinbaum ha seguido esa línea, la de ir creando una nueva ruta para México. No solo se nota en la búsqueda de una diversificación comercial para productos que el gobierno de EEUU castiga, como el tomate y el aguacate, sino también en materia de importaciones de automóviles, sistemas de cómputo, telefonía, entre los principales; áreas en las que se abre no solo a la compra de bienes de origen asiático y europeos, sino también en las inversiones de capitales de esas naciones en los mismos renglones, en la agricultura y en medicina.
Actualmente, México asume una postura muy flexible ante el gran capital transnacional, pero la apuesta se diversifica, no se centra exclusivamente en el gringo. Paralelamente, se ha impulsado el aumento al salario mínimo, a un mayor respeto a los derechos de los trabajadores; incluyendo los que, con carácter migrante, son pisoteados y maltratados en el territorio del vecino del norte. No todo está resuelto, hay mucho por hacer, pero debemos reconocer que México está forjando una nueva ruta y es evidente que eso no le gusta al gobierno de Donald Trump, va contra su deseo de imperio.



