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jueves, 26 mayo, 2022
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El Docente y la profesionalización de su práctica

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Por: RAMIRO ESPINO DE LARA •

Mientras enseño continúo buscando,
indagando. Enseño porque busco, porque
Indagué, porque indago y me indago.
Investigo para comprobar, comprobando
investigo, interviniendo educo
y me educo. Investigo para conocer lo que
aún no conozco y comunicar o anunciar
la novedad
Paulo Freire.

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Por definición, el Docente es aquel individuo que se dedica a enseñar o que realiza acciones referentes a la enseñanza –léase lo peyorativo de la definición-. La docencia es la práctica y ejercicio del docente, y este, es el que forma apropiadamente a alguien; visto de esta manera, el término “Docente” se aplica a cualquier persona que lleve a cabo la labor educativa como profesión, alude propiamente a la capacidad de comunicar o transmitir el conocimiento. Si al docente se le considera como educador, entonces, éste, reflexionaría y teorizaría sobre métodos de enseñanza de los diferentes campos de conocimiento; leamos esto como la designación de un “deber ser” que no alude al “ser”.

Desde una perspectiva meramente humana, la docencia no se define…… se concibe, se conceptúa, se conceptualiza y, se entendería como una actividad eminentemente social; considerada, además, como legítima e inherente a la vocación de un profesional de la docencia. Desde una perspectiva social, a la docencia solo se le ha considerado como una actividad de personas que se dedican a la enseñanza y que, en su proceso solo intervienen tres elementos: el docente, el alumno y el objeto de conocimiento; definido así, estaríamos refiriéndonos a un proceso unidireccional denominado enseñanza-aprendizaje, esto referiría al docente como el poseedor de conocimiento y, al alumno, como el receptor en el cual se vacían los conocimientos “poseídos” por el docente.

Cierto es que los términos tienen varios significados, se definen de acuerdo a la época, las circunstancias y la manera de cómo se legitiman en una sociedad determinada. Tradicionalmente, se define a un docente como aquel individuo que se dedica a enseñar o que realiza acciones referentes a la enseñanza; no se considera como un sujeto social, simplemente se le concibe como obrero de la enseñanza, quien maneja contenidos y, como consecuencia de ello, formatea a otros sujetos –los alumnos-. Juego de palabras; se le considera también como la persona que imparte conocimientos ya sea de ciencia o de arte, de esta manera, surge así otro término; el de maestro, mismo al que se le reconoce con una habilidad extraordinaria en la materia, asignatura o contenido que instruye. Docente, profesor o maestro, el fin último de estos, lo refieren solo a la enseñanza y a la instrucción, pero no al aprendizaje, mucho menos, a la educación.

Institucionalmente, a la docencia la definen como una actividad cuya finalidad es solamente “instruir” al sujeto docente para que, a su vez, éste, enseñe a sus alumnos. Podríamos entender al sujeto docente como un profesional que bien puede connotarse como un sujeto con vocación, la definición que conservadoramente se le ha dado a la docencia, solo dan a entender que lo más importante de la misma, es el desarrollo de habilidades de parte del docente para enseñar al alumno; en consecuencia, solo hace suponer al docente como un individuo que desarrolla ciertas habilidades para enseñar al alumno, sin importar lo que el alumno pueda aprender.

Bajo esta cultura y forma de entender, la docencia puede ser sinónimo de enseñanza y, nuevamente, se reafirma que el interés común del docente, es solamente el tener alumnos para vaciarles contenidos. Desde una perspectiva meramente teórica e idealista, se supone que el docente tiene la “obligación” de transmitir sus saberes al alumno, ello, mediante diversos recursos, elementos, técnicas y herramientas de apoyo. Concebido así, no existe compromiso social de parte del docente en el ejercicio de su práctica, se le considera como un sujeto irreflexivo, intelectual y poco analítico; al que solo le endilgan la responsabilidad de enseñar a los alumnos; la noción que se tiene de “práctica docente”, solo se refiere a la actividad social que ejerce un maestro al dar clase.

Reitero, esto solo es un juego de palabras, situación que confunde al docente de buena fe, además, sirve de argucia para justificar las fechorías que comete tanto el Estado como los docentes mal intencionados. Toda esta situación ha generado un malestar social de enormes magnitudes, lamentablemente, desde que se creó la Secretaría de Educación Pública (1921), ha habido violencia en el ámbito educativo, violencia de todo tipo, desde la simbólica hasta la física y sangrienta –institucional- contra estudiantes y profesores. La Educación que el Estado ha institucionalizado, es impositiva y autoritaria, somete tanto a maestros como a alumnos, no es formativa y, lo que es peor, no promueve de manera adecuada la formación y la actualización de los mentores……… ¡¡¡¡¡¡¡El Estado no debe educar!!!!!!

Termino esta entrega con dos interrogantes planteadas por Hugo Aboites (La Jornada México. 5/feb/2022, p. 13): ¿Por qué el Estado en la educación una y otra vez? ¿Por qué contra niñas, niños y jóvenes, todavía hoy en la 4T?

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