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jueves, 29 febrero, 2024
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El México de las campañas mediáticas

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Por: Víctor Santa Rita Villa •

Así cuestionaría el periodista Julio Scherer al subcomandante Marcos en marzo de 2001, sobre el entendimiento necesario para la solución de un conflicto que ya se tornaba en ese entonces perpetuado por la omisión de las administraciones anteriores, a lo cual el sub Marcos respondería haciendo una crítica a la postura del entonces presidente Vicente Fox Quezada, de continuar la estrategia mediática que lo llevara al triunfo electoral, sin enfrentar la realidad, sin establecer un diálogo con las partes en conflicto, sin brindar una solución real y duradera.

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La situación del país a la fecha, más que ser distante al acontecer de aquel marzo de 2001, se ha agravado, sin embargo la estrategia del gobierno actual más que haber evolucionado para brindar soluciones necesarias a las problemáticas de ese entonces y las actuales, ha hecho de la parafernalia mediática su estratagema de acción, montando para dicho fin todo un aparato en el que las televisoras oficialistas llevan la voz cantante y por supuesto una cuantiosa gratificación por los servicios prestados, exaltando logros vacuos o inexistentes, haciendo del socavado y superfluo reformismo peñista con la magia de los reflectores y las cámaras, la panacea para todos los males del país.

No obstante, dicha estrategia mediática no es exclusiva del partido en el poder; las redes sociales, hoy instrumento de difusión, tanto de causas justas como de campañas políticas de bajo presupuesto, han fungido como el estandarte mediático de políticos que se muestran, muy convenientemente, afines a las luchas sociales, efectuando usufructo de éstas, encumbrándolas y haciéndolas propias, colocando sin empacho en impactantes fotografías de marchas y protestas sus logos de partido e imágenes de campaña, pero sin posicionarse de manera directa y concreta, sin hacer nada que esté más allá de lo que el sistema les tenga permitido, que es beneficiarse de las luchas gremiales y sociales, perorando discursos desgarradores y apasionados, incluso en las cámaras de diputados y senadores, aunque sin trascendencia, con el usual pretexto de las aplastantes mayorías de los contrarios, omitiendo, por supuesto, que las luchas sociales no se pelean ni se ganan en un edificio con 500 individuos, en su mayoría ausentes o distantes del asunto a tratar, o de un plumazo en un libro por demás devaluado.

El México de las luchas sociales no se encuentra en esos lugares de perversión, corrupción y negocios turbios, por ende, tampoco la solución a sus demandas se encuentra en las urnas electorales, dista mucho de hallar su camino en la residencia oficial de Los Pinos o en la Casa Blanca, la paz no radica en el discurso presidencial y menos aún en siete medidas económicas sacadas de la manga, tampoco en la foto del aspirante a político, que visita las comunidades más aisladas, para después del triunfo olvidarlas mientras dure su gestión; la paz que el país necesita se encuentra en la gente, en la reconstrucción desde sus bases, en la aniquilación del sistema político y de esa clase vividora reinante que es más monopolio que el que argumentan que tiene la devaluada y saqueada Pemex, tan es así, que para muestra basta un botón, el cual sin importar su color, filiación partidista o ideológica tendrá detrás de sí, toda una carrera (sin actualización e incluso sin estudios) propia o de familia, por herencia o por usurpación.

La creación de problemáticas aparentemente insalvables y la venta de las soluciones mesiánicas, mágicas, artificiosas e infladas por los medios, ha sido el negocio más redituable de la política mexicana, la solución dista mucho de alejar la mirada de los televisores o de las redes sociales, puede ser el primer paso, empero, los esfuerzos de la clase trabajadora, deben centrarse en dar solución a las problemáticas y a la raíz de éstas, tiene por obligación, si es que busca en realidad un cambio, que prepararse ideológicamente, centrarse en las necesidades de las bases y arrebatar los derechos que les corresponden; las marchas son un buen inicio, son la conjunción de las ideas, necesaria para la formación de una ideología y subsecuente plan de acción, no obstante, cualquier movimiento que se precie de ser real y preocupado por las necesidades de sus agremiados, si no quiere terminar relegado a segundo término y muriendo por conflicto de intereses, debe alejarse de partido o político alguno, pues estos harán de su lucha bandera, mientras les sea conveniente, para después de lograr sus fines añadirlo a su séquito de causas sin rescate. ■

 

*Profesor de primaria y disidente.

 

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