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La unidad no se decreta, se construye

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Por: JOSÉ NARRO CÉSPEDES •

Morena enfrenta en Zacatecas una de esas coyunturas en las que las decisiones internas pueden definir mucho más que una candidatura. Lo que está en juego no es solamente quién encabezará al movimiento rumbo a 2027, sino nuestra capacidad para preservar la unidad, fortalecer la democracia interna y mantener viva la confianza de quienes durante años han construido la Cuarta Transformación.

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La designación de Verónica Díaz como coordinadora estatal de Defensa de la Transformación ha provocado inconformidades que sería un error minimizar. No podemos confundir disciplina con silencio, ni unidad con ausencia de debate. Cuando existen dudas dentro de un movimiento democrático, la mejor manera de resolverlas no es ignorarlas, sino esclarecerlas.

Ulises Mejía ha cuestionado públicamente el resultado y ha señalado que diferentes mediciones realizadas durante meses lo colocaban al frente de las preferencias. Ha solicitado que se explique, con rigor técnico, estadístico y científico, cómo pudo modificarse esa tendencia. Independientemente de la posición que cada quien tenga frente a su aspiración, ese cuestionamiento debe ser atendido con información y transparencia.

También desde el Partido del Trabajo se han expresado inconformidades. Geovanna Bañuelos había advertido incluso sobre el riesgo de que la alianza entre Morena, PT y Partido Verde pudiera descarrilarse en Zacatecas, y posteriormente dirigentes petistas plantearon la posibilidad de competir por separado en 2027. Afortunadamente, las dirigencias nacionales han mantenido abierto el diálogo y han establecido mecanismos para revisar el proceso.

Pero la señal política está ahí y debemos escucharla.

Morena no puede llegar a 2027 dividido. Mucho menos podemos permitir que un proceso interno deje compañeros agraviados, grupos enfrentados y estructuras territoriales trabajando unas contra otras. Una elección interna debe producir un ganador, pero jamás debería producir enemigos.

Por eso debemos transparentar plenamente los procesos. Que se conozcan las encuestas, sus metodologías, las muestras, los criterios de selección y los resultados completos. La transparencia no debilita una decisión; por el contrario, le otorga legitimidad. Si un resultado es sólido, hacerlo público lo fortalece. Si existen inconsistencias, conocerlas permite corregirlas antes de que se conviertan en fracturas irreparables.

La unidad verdadera no puede imponerse mediante llamados desde arriba. La unidad no se decreta: se construye. Se construye escuchando, incluyendo, respetando reglas y garantizando que quienes participan en una contienda tengan certeza de que fueron tratados con equidad.

Desde nuestra posición hemos sido claros: nuestro compromiso fundamental está con la Cuarta Transformación y con el proyecto de nación que hoy encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum. Precisamente por eso debemos cuidar a Morena.

La presidenta necesita un partido fuerte; un partido organizado, democrático y unido que pueda acompañar las grandes transformaciones que está impulsando el Gobierno de México. No necesita estructuras enfrentadas entre sí ni dirigentes dedicados a administrar conflictos internos. Necesita un movimiento capaz de procesar sus diferencias democráticamente y después caminar junto.

Quienes participamos en Morena debemos entender también que ninguna aspiración individual puede colocarse por encima del proyecto colectivo. Pero esa responsabilidad es de todos. Quien gana debe tener la generosidad de incluir; quien pierde debe encontrar razones legítimas para acompañar. Y las dirigencias tienen la responsabilidad fundamental de garantizar condiciones que permitan ambas cosas.

Dejar “heridos” después de cada proceso interno es comenzar una campaña electoral perdiendo compañeros. Acumular agravios significa debilitar estructuras, dividir territorios y generar resentimientos que tarde o temprano terminan expresándose electoralmente.

Zacatecas llegará a 2027 con una circunstancia particular. La oposición tradicional atraviesa una profunda debilidad. Sin embargo, sería un grave error creer que eso garantiza automáticamente la victoria de Morena y sus aliados. Cuando la oposición externa pierde fuerza, el mayor peligro puede surgir de nuestras propias divisiones.

No podemos convertirnos nosotros mismos en nuestra oposición.

Hay tiempo para corregir, dialogar y reconstruir. Hay tiempo para escuchar a Ulises Mejía, a Geovanna Bañuelos, al Partido del Trabajo, a los distintos liderazgos de Morena y, sobre todo, a la militancia y al pueblo de Zacatecas.

No se trata de desconocer decisiones ni de alimentar enfrentamientos. Se trata exactamente de lo contrario: generar las condiciones políticas y democráticas para que todos podamos reconocerlas.

Salvar la democracia interna de Morena significa salvar nuestra unidad. Salvar nuestra unidad significa fortalecer a la presidenta Claudia Sheinbaum. Y fortalecer nuestro movimiento significa preservar la posibilidad de que Zacatecas siga siendo parte del proyecto transformador de México.

Todavía estamos a tiempo. Pero la unidad que necesitamos para ganar en 2027 deberá construirse con diálogo, inclusión y transparencia.

Porque Morena nació para transformar las viejas prácticas de la política, no para reproducirlas.

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