La Gualdra 735 / Literatura / Entrevistas
Aniela Rodríguez (Chihuahua, 1992) es narradora. Ha publicado los libros de cuentos El confeccionador de deseos (Ficticia, 2013) y El problema de los tres cuerpos (Minúscula, 2019). En 2023 obtuvo el Premio Internacional de Literatura Aura Estrada por Estado de gracia. Aparece en la selección de los Mejores Narradores Jóvenes en Español de la década, realizada por la revista Granta y publicada por Candaya en 2021. Aquí la entrevista:

Batriz Pérez Pereda: ¿En la antología Hasta mi boca, un grito, publicada por Gato Blanco 2025, cumpliste varias funciones: editora, prologuista, cómplice de estas autoras, cuéntame cómo surgió la idea de este libro, ¿cuál es la propuesta de este interesante grupo de autoras?
Aniela Rodríguez: Es un proyecto que yo tenía en la cabeza desde hace algunos años, un par de años, y aunque sé que hay varias antologías en el mercado, este libro es un proyecto que yo pensé esencialmente como un acto para tender puentes hacia las nuevas generaciones de escritoras que están empezando a escribir; porque creo que muchas antologías tienen el sentido de divulgar obras de autoras reconocidas, lo cual me parece perfecto, cada una de ellas tiene sus propias consignas y creo que en medio de esa vorágine de libros de este tipo donde circulan nombres de gente que ya está posicionada, me surgió esta idea de por qué no darle voz a las chavas que están empezando a trabajar en sus proyectos, que están repuntando, que están apenas construyendo una carrera. Para mí fue muy importante que, cuando yo estaba más chavita y empecé a publicar, cuando estaba con el Confeccionador de deseos, que fue mi primer libro, hubo mucha gente que me tendió la mano, muchas redes de apoyo, conocí a mucha gente que me ayudó a abrirme camino, conocí muchas morras escritoras que me ayudaron a pasar con ellas.
Y esta antología nace, primero porque el cuento es mi género favorito, es el género en el que más trabajo; y segundo, porque creo que así como muchas personas nos ayudaron a nosotras a abrirnos camino y que por ellas también en cierta parte estamos aquí, creo que para mí era como, no sé si un cierto deber, pero también cierto compromiso, para mí es muy importante mantener un compromiso en nuestra labor artística, social, y para mí era eso era muy importante… que así como alguien o álguienes me dieron voz, me abrieron espacio y confiaron en mi trabajo cuando yo estaba empezando, me importaba mucho que estas nuevas autoras se sintieran apoyadas en este camino y sintieran que alguien les tiende la mano, sentir que nosotras como escritoras que quizá ya hemos hecho un mayor camino podamos caminar junto a otras escritoras que están iniciando.
BPP: En el prólogo mencionas “leernos entre nosotras”, en la antología y antes de cada cuento hay una breve reseña, una especie de patadita de la suerte, una introducción de una escritora con más trayectoria, ¿cómo fue el proceso para elegir estas duplas?
AR: Yo tengo la fortuna de haber conocido gente muy chida en este camino, tengo la fortuna que justo todas las autoras que dieron la patadita de la suerte, como dices, son buenas amigas, son otras escritoras con las que he trabajado y admiro mucho y para mí era importante hacer este ejercicio con ellas de leernos entre pares, porque a veces olvidamos que viene alguien detrás de nosotras; esto lo teníamos muy en mente cuando estábamos editando, y creo que es natural, por la dirección que toman las carreras, que luego nos olvidemos un poco de esto.
Para mí era importante también que pudiéramos voltear hacia otros lados y que pudiéramos hacer estos ejercicios de amadrinarnos, de acompañarnos, de leernos, porque creo que estas once escritoras con más trayectoria que escribieron los mini prólogos, los mini blurbs, se llevaron sorpresas muy chidas, venían y me contaban: “Este cuento está super chido, esta autora es muy buena”, y para mí fue muy satisfactorio eso.
Sobre la elección, creo que no fue nada complicado, justo yo tenía mi lista de cuentos para la antología y tenía mi lista de autoras que iban a hacer los blurbs, y la verdad es que yo conozco el trabajo de las once autoras y más o menos ahí hice mi trabajo de abstracción para decir: claro, estos estilos como que compaginan bien, estos son los temas que les interesan a estas personas, y creo que surgió un buen maridaje. También me interesaba porque algunas de ellas se conocen o han tenido contacto fuera de esta antología, y uno de los propósitos que me hice fue no mezclar a personas que ya se conocían, justamente por el hecho de que sería caer en una zona de confort, como: claro, tú ya conoces el trabajo de esta chava, ya sabes qué te gusta, ya has trabajado con ella, para mí lo ideal no era eso, pero sí que fuera un doble intercambio, que las autoras que las estaban leyendo conocieran a una autora nueva, y tuvieran el ejercicio de darse la oportunidad de conocer el trabajo de alguien a quien no habían leído ni sabían cómo era su estilo, pero que podrían conectar de otra forma más allá de si se habían conocido antes. Era muy importante para mí hacer este ejercicio de horizontalidad para que todas pudiéramos aprender algo de todas.
BPP: En ese sentido, en los últimos dos años, el cuento ha tenido muchos “eventos canónicos”, como el caso de Samanta Schweblin, y trajo de nueva cuenta a la mesa qué tanto se leen cuentos, qué tanto se publica, vende, etc., cuál es tu opinión del cuento, y de su situación en México.
AR: Justo creo que está teniendo un auge bien importante y creo que es gracias a figuras como Samanta Schweblin; o gracias, por ejemplo, a premios como Ribera del Duero que convoca Páginas de Espuma y que ha premiado a autoras muy buenas como Socorro Venegas, Fernanda Trías, la misma Schweblin tiene Casas vacías en Páginas de Espuma. Creo que justo con todo el auge que han tenido por ejemplo los clubes de lectura, que ha tenido un auge importante desde la pandemia, y eso nos ha hecho voltear a otros géneros no canónicos como la novela; creo que la novela es el género canónico, todo el mundo quiere leer novela y hasta hace algunos años las editoriales eran muy cerradas a no publicar cuentos, no querían publicarlos porque lo que vendía era la novela -y además tenía que ser extensa-; creo que ahora gracias a estas figuras se ha democratizado la lectura o la difusión del cuento como género. Considero que se lee mucho más que hace 5 años por ejemplo, que hace 10 años sobre todo, porque también me parece que estas figuras han ayudado a ver el cuento de otra manera… Yo desde que empecé siempre he escrito cuento y desde siempre he escuchado la misma pregunta “¿cuento para niños?”, la gente tiene bien ubicado el cuento como un género infantil, como un género que sólo se lee en la infancia y que tiene identificado con cuentos de hadas; este nuevo auge del género ha permitido que la gente vaya olvidando esa idea muy enraizada en su pensamiento de que el cuento sólo puede ser para niños, por eso ahora hay mucha más aceptación del cuento en círculos de lectura, en todo el mercado editorial creo que hay mucha más apertura.
Y es importante que se premie a autoras como como Schweblin con el Premio Aena de Narrativa, porque eso nos obliga a pensar que no sólo la novela es el género que se tiene que leer sino que hay otras posibilidades, y que el cuento también puede contener universos muy grandes, quizá no con los mecanismos que lo hace la novela pero sí desde otra perspectiva. Eso a mí me parece muy importante porque el cuento es el género que más quiero, no sé si haya el mejor género o el género supremo pero es al que le tengo más cariño.
BPP: Y ya de manera personal, tú Aniela, qué estás escribiendo, qué estás leyendo, algo que puedas contar a tus lectores sobre tu trabajo creativo o lecturas de este momento.
AR: Sí, justo acabo de terminar un libro de cuentos que sale el año que entra se llama Estado de gracia, es un libro que creo va a costar trabajo porque habla de nuestras violencias o las violencias en México, pero también está muy relacionado con el tema de los santos, de los mártires, de la tradición judeocristiana; cada cuento va acompañado del fragmento de una oración, están relacionados con la tortura o la vida de estos mártires y santos. También sale otro libro este año, es un libro de poesía bajo el sello de la Editorial Malabar, se llamará Escupir el fuego, es un libro que habla mucho sobre la pérdida de la inocencia y en realidad es una reescritura de un libro que publiqué hace ya varios años que se llamaba Insurgencias, publicado en Chihuahua, y quise revisitarlo; es muy loco volver a los textos que una escribió hace mucho porque aprendes pero también te sorprendes de lo que estabas pensando en esa época. Es un libro mucho más crudo, más cruento, habla sobre la enfermedad, pérdida, duelo, etc., eso es lo que tengo en puerta.
Y sobre mis lecturas, soy una lectora muy desordenada, pero ahorita acabo de terminar Los galgos, los galgos, de Sara Gallardo, me encantó, me parece que es un libro que si nadie me hubiera dicho que se escribió en 1968 no lo creería, me parece un gran libro. También he leído algo de poesía, también leo por ratos Paradiso de Lezama Lima, me gusta mucho la musicalidad, en mi trabajo como autora me gusta mucho trabajar con el lenguaje, con la música y el ritmo, creo que Lezama Lima es el gran maestro de todo eso. Y finalmente creo que uno de los libros más contemporáneos que he leído, que puedo recomendar muy bien, es Pústula de Juan Francisco Herrerías, publicado en una editorial pequeña que se llama Uroboros, es uno de los libros que más me ha gustado de lo último que he leído. También leí un libro de cuentos que se llama Nevada de Claire Vaye Watkins, y es loquísimo porque esta chava es hija de gente que andaba muy metida con las cosas de Manson de esa época, Nevada no se ve tanto de su experiencia personal pero los cuentos son muy buenos y tiene una tradición muy carveriana, muy de ese estilo y también lo recomiendo mucho.
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