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■ Analizan su surgimiento como denuncia pública cuando la justicia formal falla o es lenta

Transforman el «tendedero» en herramienta de acción colectiva

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Por: ALEJANDRA CABRAL •

En Zacatecas, los llamados “tendederos” adquirieron mayor visibilidad pública a partir de 2019, en el contexto de las denuncias difundidas por el movimiento #MeTooUAZ sobre acoso y hostigamiento dentro de la Benemérita Universidad Autónoma de Zacatecas (BUAZ). Desde entonces, colectivas feministas los han utilizado para exhibir deudores alimentarios o visibilizar casos de violencia, mientras que en los espacios universitarios han perdido presencia y algunas autoridades y comunicadores los minimizan como un asunto ajeno a sus atribuciones o como un acto de desahogo individual.

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Durante una entrevista, en el noticiero matutino de Alkimia TV, la titular de la Secretaría de las Mujeres, Karla Guardado Oropeza, abordó el tema señalando que no es atribución de su dependencia atender casos visibilizados por medio de tendederos, salvo en casos vinculados al refugio para mujeres o al litigio estratégico. 

En el programa también se mencionó que muchas mujeres recurren a estas acciones porque no desean presentar denuncias formales o dar nombres para evitar mayores conflictos.

Lo que no se abordó en la conversación es que este tipo de prácticas han sido analizadas en estudios sobre movimientos feministas y activismo digital como formas de acción colectiva frente a la ineficacia de las instituciones para sancionar violencias de género.

Al abordar la funa feminista desde Chile, la investigadora Sandra Vera Gajardo explica que esta surge como denuncia pública cuando la justicia formal falla o es lenta, y permite politizar experiencias individuales de violencia al convertirlas en un problema colectivo.

Compartir testimonios en espacios públicos o comunitarios rompe el aislamiento de las víctimas y transforma experiencias individuales en denuncias colectivas, lo que en muchos casos constituye el primer acercamiento de jóvenes y mujeres al feminismo organizado.

En el caso específico de la BUAZ, la tesis “El movimiento #MeTooUAZ y la visibilización de la violencia contra la mujer universitaria”, de Alejandra Salado Jiménez (2022), documenta que las denuncias difundidas en redes sociales permitieron hacer visible una problemática que previamente tenía poca presencia en la agenda pública universitaria.

Sin embargo, tras la visibilidad mediática de las denuncias que cobró auge alrededor de 2019, los tendederos universitarios han reducido su presencia.

En contraste, este viernes en la Preparatoria 2 se realizó un “Tendedero de lo Positivo”, una dinámica de reconocimiento hacia docentes, alumnas y trabajadoras administrativas, acompañada de la entrega de alrededor de 103 botones personalizados por iniciativa del responsable del plantel, Miguel Ángel Aguilar Dávila.

Por su parte, la colectiva Resistencia Radical Zacatecas mantiene su convocatoria anual para enviar testimonios por mensaje directo e integrar un “tendedero masivo” durante las movilizaciones del 8 de marzo, bajo formatos de denuncia anónima dirigidos a exhibir agresores y visibilizar casos de violencia.

La colectiva Resistencia materno-feminista también continúa impulsando tendederos de deudores alimentarios, en los que solicita datos como nombre del señalado, número de hijas o hijos, tiempo de incumplimiento, fotografía, redes sociales e incluso expediente judicial, recordando que el incumplimiento de la pensión alimentaria es una forma de violencia económica que afecta a infancias y mujeres perniciosamente. “No les arruinamos la reputación, solamente la hacemos más precisa”, afirma la colectiva.

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