El lapso de tiempo que abarca de la consumación de la independencia de la nueva nación mexicana, de 1821 al establecimiento de la Primera república federal, ocurrida en 1824, aparecen registrados por la historia como el Imperio mexicano de Iturbide y la Diputación provincial. La Diputación provincial fue la forma de representación de gobierno que se dieron las provincias a partir de la Constitución de la Monarquía española decretada en Cádiz en 1812 y cuya duración alcanzó, régimen de intendencias de por medio, hasta el imperio de Iturbide. La Diputación provincial como se conformó en la metrópoli española cuando a raíz de la invasión napoleónica sobrevino un vacío de poder provocado por la dimisión de Carlos III y de su hijo Fernando VII al trono. A la convocatoria a las cortes asistieron provenientes de las provincias un representante surgido de la elección de una terna. Siendo ya para entonces Zacatecas una Intendencia, tuvo en el pinense José María Gordoa, doctor en teología a su representante, mismo que al lado de sus pares participó en la redacción de la Constitución de Cádiz (1812), corpus legislativo que entre sus artículos y secciones contemplaba el fomento de la educación pública y gratuita. La constitución de marras dejó de tener vigencia entre 1815 y 1820, pero al año siguiente Fernando VII, presionado por los liberales ilustrados volvió a juramentarla. Esa es la razón por la que, durante el Imperio de Iturbide, no obstante que se había consumado la independencia política de la Nueva España y sus provincias, seguía sin disolverse la Diputación provincial, y ante la ausencia de una constitución general que rigiera a los mexicanos y las relaciones entre ellos y las instituciones, continuaba vigente la de Cádiz, de un claro signo liberal.
Como un antecedente, no se debe perder de vista que con el nombre de diputaciones provinciales se conoce al órgano de representación popular y de los intereses de las provincias que se instituyó a partir de la reunión de las cortes de Cádiz con la finalidad de discutir y analizar una Constitución que rigiera la vida de los reinos y la metrópoli del imperio español. En este órgano descansaría la soberanía de los pueblos por encima de la figura del Rey, que por cierto estaba depuesto. El tiempo que comprende la diputación provincial se inscribe dentro del periodo de la intendencia de Zacatecas. Entre 1812 y 1814 la provincia de Zacatecas formó junto con Guadalajara la provincia de la Nueva Galicia, una entre las seis que existían en la Nueva España. Por ese entonces, cuando se eligieron los primeros diputados provinciales que deberían trasladarse a las Cortes de Cádiz, nuestra provincia contaba con 185 ,723 habitantes, (Mariana Terán (2007), De provincia a Estado, p. 70). menos de la mitad de los de su par vecina Guadalajara. Del número de vecinos que tuviera cada provincia dependía la cantidad de diputados que deberían elegir. A la de Zacatecas le correspondieron sólo tres, siendo los primeros El Conde de Santa Rosa, avecindado y canónigo de Guadalajara; Jacinto Martínez, ídem, que ostentaba el cargo de cura de la iglesia del Sagrario de Guadalajara y Rafael de Riestra, (Ibid., p. 71).



