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Primeras notas de un interesante 2026

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Por: Carlos Eduardo Torres Muñoz •

Ojalá vivas tiempos interesantes”, reza una maldición china. Es posible que el 2026 sea uno de esos tiempos. Ha comenzado, por lo pronto, con la confirmación de que un nuevo paradigma regirá la geopolítica global, inaugurado nada menos que por el presidente de los Estados Unidos con las acciones emprendidas para capturar a Nicolás Maduro, dictador venezolano. En voz de Mike Waltz, su embajador ante la ONU, corroboró el retorno, radical, de la Doctrina Monroe en esta operación: «Este es el hemisferio occidental. Aquí es donde vivimos y no vamos a permitir que el hemisferio occidental sea utilizado como base de operaciones por los adversarios, competidores y rivales de nuestra nación, los Estados Unidos«, estrategia que, parece cada vez más claro, se enmarca en una visión multipolar del mundo, cuyos polos serían los propios Estados Unidos, China, Rusia, y quién sabe si alguna otra potencia media (y a saber dónde quede Europa en esta idea).  Sin pretender profundizar más en este tema, reiteraré mi recomendación para consultar a Samuel P. Huntington, en “El choque de civilizaciones y la reconfiguración mundial”, cuyo análisis bien parece predecir, o ser el hilo conductor de la nueva política de seguridad emitida por el Gobierno de Donald Trump.

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Lo que sí me parece importante anotar es la preocupante referencia reiterada a México, en este contexto, por parte de actores del MAGA, y destacadamente, desde luego, del propio Trump. Sin alarmismos, es de suponerse que más que una amenaza, se trata de una estrategia agresiva de presión sobre el gobierno de México para incidir, sin mucho margen para nuestro país, en su política de seguridad. Ello, sin embargo, no deja de ser una escalada llamativa: no estamos en el mismo escenario que hace apenas un año, pues en esta demostración de poder no tiene precedentes, por todo lo se ha dicho ya, y principalmente, la absoluta omisión del derecho internacional. El mundo se queda sin reglas o siquiera la aspiración de legitimidad a través de ellas.

La presidenta Claudia Sheinbaum, se ha destacado por su prudencia (e inteligencia emocional) en la relación con su homólogo. Sin embargo, difícilmente podrá esquivar la presión para intensificar una política de seguridad con los resultados que el MAGA quiere comunicar a su base, pero cuyos impactos pueden resultar indeseables en el mediano, largo e incluso corto plazo para los mexicanos. Me explico: en materia de seguridad, los “resultados efectistas”, no necesariamente implican buenas noticias. Lo apreciamos en la inestabilidad que a la fecha se mantiene en Sinaloa, por ejemplo, luego de la captura (también por parte de Estados Unidos), de uno de los principales líderes del crimen organizado en el país. Es decir, ciertas medidas, que a los ojos de las agencias de seguridad angloamericanas sean necesarias y/o exigibles, podrían no tener efectos positivos para sendas regiones en México. Aquí recobra sentido la capacidad estratégica (que ha demostrado, hay que decirlo) del Secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, y su equipo, bien distribuido y empoderado. Con una urgencia inusual, pero siempre necesaria, se requerirá de una perspectiva sistemática, profesional, compleja y experta, no solo para diseñar dicha estrategia (que suele ser la parte fácil), sino para implementarla. Dicha implementación no puede alejarse de la consideración de gobernabilidad y el ámbito local, en un contexto, además, complejísimo: la transformación del Poder Judicial, cuya capacidad institucional con todos los atributos ello implica, será imprescindible para evitar un estado general de injusticia como precio de la inmediatez. Se requerirá pues de mucha política pública (policy) y de mucha política, política (polity y politics).

Pero, además, dicha presión, tendrá otra implicación en el ámbito gubernamental: más atención (aún) a la seguridad pública, y (quizá, probablemente), menos, y en menoscabo, de otras prioridades que existen ya en el país: salud, economía, por citar dos. No podrá desvincularse la estrategia de seguridad, con la de anticorrupción y fortalecimiento del Estado de Derecho, con todos los desafíos que históricamente hemos arrastrado en dichos temas.

Finalmente, también es posible que se dé una narrativa nacionalista, con todos los riesgos que ello implica: intolerancia, xenofobia, chovinismo, linchamientos públicos y “cancelaciones” en redes sociales. Ojalá nuestros actores políticos gocen de la estatura, madurez, civilidad y responsabilidad suficientes para evitar las tentaciones que simplifiquen los acontecimientos y reacciones, y luego compliquen, la gestión de las emociones políticas. Sí algo nos debe dejar como aprendizaje otros contextos históricos en los que la sombra de nuestro vecino oscureció nuestra agenda, es que debe prevalecer la unidad, sí, pero una que se consolide en el respeto a la pluralidad, la deliberación y el respeto a la diferencia. 

@CarlosETorres_

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