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Hablemos de ¿soberanía? y de dignidad

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Por: JOSE DE JESUS REYES RUIZ •

Cuba, “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional de Estados Unidos

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Los tiempos que vivimos son demasiado tristes y, claro, nunca antes vividos por una humanidad que se consideraba civilizada, sobre todo en aquello que muchos conocen como Occidente. Pero el término de soberanía prácticamente ha quedado como una historia que existe en el pasado, si es que en algún tiempo se pudo hablar de ello. Y no nos confundamos: el hecho de que la señora presidenta hable de la soberanía de nuestro país no significa que ésta realmente exista, y tenemos que aceptar que ella, con altos niveles de aceptación ciudadana, nos miente una y otra vez cuando habla al respecto.

Pero tendríamos que entender, desde mi punto de vista, que no siento que tenga alternativa ante las presiones que provienen del monstruo que dirige los destinos del país al norte de nuestra frontera. El caso más reciente es la presión para que ella, nuestra presidenta, suspenda los envíos de petróleo a la isla, que después de que los envíos por parte de Venezuela, antes del secuestro de Maduro, prácticamente entren en el corto plazo en una crisis sin precedentes.

Ya podrán estar tranquilos y felices nuestros amigos de la extrema derecha de nuestro país, que tanto criticaban el apoyo de México hacia Cuba y que ahora ha sido interrumpido, mientras que la presidenta intenta tapar el sol con un dedo al decir que México enviará otro tipo de ayuda humanitaria, cuando Cuba lo que necesita es energía más que cualquier otra cosa; es decir, necesita petróleo.

El apoyo que México le ha dado a nuestro país hermano, Cuba, durante casi un siglo no puede, o más bien tendríamos que decir, no debería interrumpirlo nadie, mucho menos el tirano, dictador misógino, racista, homofóbico, pedófilo y tantos adjetivos más que intenta controlar al mundo a través de gritos y amenazas. Pero ¿qué podría haber hecho nuestra presidenta cuando está por negociarse un acuerdo de libre comercio del que nuestro país depende en más de un 80 % de su comercio al exterior? En estos momentos es prácticamente imposible sobrevivir a un mal acuerdo o simplemente a la desaparición del mismo.

Y no es como muchos dicen, que tenemos que voltear a otros mercados, China principalmente y los BRICS, en ese orden, pero tenemos a Trump al acecho. No nos olvidemos de que el maravilloso discurso del primer ministro de Canadá en Davos provocó la furia del magnate neoyorquino y amenazó con imponer aranceles de hasta un 100 % a los productos canadienses. Y claro que puede hacerlo. Lo que prometía ser un acuerdo de comercio entre China y Canadá, cuyos ministros se habían reunido en fechas recientes, tuvo que dar marcha atrás el propio primer ministro canadiense, porque la economía de aquel país, mucho más fuerte que la nuestra, no soportaría un golpe de esa magnitud.

Por ello, aunque los más progresistas reclamen discretamente a nuestra señora presidenta el bajar las manos y no exponer una actitud más enérgica, y mantener el apoyo a Cuba pase lo que pase, no es una vía viable -valga la redundancia-. Y entendámosla: ella agacha la cabeza en sus comunicaciones telefónicas con el psicópata del norte y a su pueblo intenta convencerlo de que ella no aceptó nada y que seguirá apoyando a la isla con otro tipo de ayuda.

En esta misma plataforma vimos y comentamos cómo una gran cantidad de amigos, de aquellos que son clase alta o quieren serlo, festejaba el ataque a Venezuela y el secuestro de Maduro y su esposa, sin importarles la muerte de casi 100 seres humanos entre cubanos, fuerzas venezolanas y bajas colaterales, ni la invasión de un país aparentemente soberano, con el claro objetivo, dicho de forma descarada por el señor naranja, de hacerse cargo de su petróleo -las reservas más grandes del mundo-, que ahora administra Venezuela, que tiene que enviar su petróleo para que Trump decida a quién lo vende y a quién no, y entregarlo a sus compañías amigas y a modo, y regresar a Venezuela lo que al final de cuentas le pegue en gana regresar. Así es como funciona este mundo.

Venezuela, con todo y su dictadura, pero sobre todo con el bloqueo económico, logró sobrevivir con carencias y lo que ustedes quieran, pero vivía con un país sin comentar sobre los derechos humanos y la democracia, porque si hablamos de estos temas, Estados Unidos les gana, y con mucho, en pisotear los derechos humanos y la democracia. Pero, en fin, la invasión no fue para recuperar la democracia ni los derechos humanos y, sin embargo, paradójicamente las cosas mejoraron. Es claro, y lo sabe todo el mundo, que la actual presidenta en funciones acordó la invasión y Trump estuvo de acuerdo con dejarla al frente, no solo por ella, sino porque su hermano es presidente del Poder Legislativo y eso les da absoluto control. Y por ello mandaron al diablo -como corresponde- a Corina Machado. La nueva presidenta anunció que convocará a nuevas elecciones, pero del dicho al hecho hay mucho trecho.

La pregunta es: ¿qué es lo que esperan de Cuba?, ¿que renuncie el presidente Díaz-Canel y su séquito? Las cosas ahí son muy diferentes. Venezuela sobrevivió al bloqueo porque tenía petróleo -y algo más-; Cuba no puede sobrevivir. Ya ha sentido la pata encima de la bota del Tío Sam durante 60 años y sobrevivió en los tiempos de la Guerra Fría gracias al apoyo de la URSS -Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas-, pero en 1989 y 1990 del siglo pasado, con la caída del Muro de Berlín y el desmembramiento de la Unión Soviética, y la pérdida del apoyo, en estos 35 años ha vivido de milagro y gracias al apoyo del petróleo proveniente de Venezuela -que ya es historia- y, en segundo lugar, al apoyo del petróleo mexicano.

En todos estos 35 años, Cuba se ha alimentado de dignidad. Y perder eso, que no es poca cosa, para hacer de la isla nuevamente un prostíbulo de cabarets y casinos, como lo manejaba la mafia con su títere a sueldo, Batista, antes de la Revolución del 59, eso es lo que quiere el dictador fascista de los pelos de elote, al que seguramente le importa un comino el pueblo cubano: que se mueran de hambre, o se vuelvan nuevamente esclavos, o simplemente que desaparezcan de la faz de la Tierra, como lo están haciendo en Palestina, por cierto, con muy buenos resultados.

Esta historia continuará.

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