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viernes, 1 marzo, 2024
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Dos pensadores y un mundo abigarrado de símbolos [parte dos]

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Por: SIGIFREDO ESQUIVEL MARÍN •

La Gualdra 601 / Filosofía

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Entre el abismo del mundo y el abismo de Dios, el ser humano naufraga en el mar de la ignorancia y la finitud: “Sabemos algo de Dios, pero no lo comprendemos perfectamente, nuestra naturaleza y nuestro conocimiento resultan imperfectos. La sabiduría divina “es llamada sello e imagen de Dios” (54). La santísima trinidad asegura que haya un orden uno y múltiple a la vez, permite el juego entre unidad y diversidad.

En la interioridad del mundo habita un animal racional, mortal y finito. La creación es apertura de orden, es decir, creación de sentido. El sentido es el límite del mundo, el umbral limítrofe entre lo humano y lo divino, lo inmanente y lo trascendente.

 

Guillermo de Conches recupera la astrología como un saber tan válido como la astronomía, ambas disciplinas dan cuenta del firmamento, la primera desde nuestro carácter y la segunda desde el cielo mismo. Asimismo efectúa una vindicación sistemática de muchos conocimientos empíricos fruto de la observación y contemplación del mundo. Siguiendo a los médicos antiguos y en particular a Hipócrates, describe la gestación y evolución del ser humano.

Sus disertaciones sobre el sueño retoman a Artemidoro y el arte de la ensoñación, asume que hay sueños terrenales y otros ultraterrenos, venidos desde lo alto, provenientes del ministerio de los ángeles, del mundo, de las virtudes y de la libertad del alma (es decir, del y desde el deseo). Empero, por obra del alma tenemos capacidad de discernimiento y entendimiento.

La memoria es la fuerza de retención de las cosas que preserva nuestra humanidad, nuestro origen y nuestro fin. Igualmente Aby Warbourg destaca la memoria como potencia antropológica fundamental.

El aprendizaje es fundamental porque nos constituye como seres humanos. Hombre, mundo y Dios conforman una unidad múltiple en diálogo permanente. La filosofía es una sabiduría práctica que busca encontrar una guía espiritual en medio del caos.

 

Aby Warburg: el arte como expresión viva del complejidad del mundo

Warburg estudió artes, filosofía, historia, religión, ciencias y culturas indígenas, fue un especialista en la historia cultural del Renacimiento y del manierismo italiano. Nombró su metodología compleja, erudita y comparada “Atlas Mnemosyne o Atlante de la memoria” (Madrid, Akal, 2010). Hamburgués de corazón, judío de nacimiento, florentino de espíritu se entregó a formar una de las colecciones más grandes de libros en la época moderna, Biblioteca de estudios culturales de Warbourg. Sus discípulos resguardaron y llevaron cerca de 60 mil libros de su biblioteca a Londres, salvándola de la destrucción nazi.

Bajo el lema la vuelta a vida de lo antiguo, abrió un diálogo entre textos e imágenes del pasado y del presente. Realizó el sueño borgesiano de hacer una biblioteca cuasi-infinita reuniendo en miles de libros múltiples y variados temas, desde arte, ciencia, filosofía, filología, astrología, medicina, ciencias, culturas antiguas.

Para el pensador admirado por Benjamin, el arte tiene la potencia teológica de unir diferencias sin disolverlas, pues sirve de puente entre lo sagrado y lo profano, entre el mundo divino y el hombre. La imagen del arte nos proyecta un arcano simbólico múltiple que nos reconecta con el cosmos sagrado. Su paganismo renacentista le permite entender cómo y de qué manera el arte y la memoria fungen como puentes fundamentales de la creación.

 

Guillermo Conches y Aby Warbourg, nuestros contemporáneos incómodos

La audacia de todo gran pensador consiste en que a través de su obra podemos resignificar el presente abriendo la contemporaneidad a sus líneas de fuga creativa. En este sentido los pensadores comentados tienen la audacia de permitirnos rehacer la imagen monolítica de Occidente y hacernos ver que aún es posible imaginar otro mundo y otra subjetividad más allá del cerco logo-antropocéntrico. Guillermo de Conches nos invita a contemplar el mundo desde el milagro de una creación múltiple y compleja, mientras Aby Warbourg nos conmina a ver en las imágenes del pasado un tesoro rico en símbolos, alegorías y arcanos donde el presente puede nutrirse de esa memoria siempre viva. La riqueza del pasado fluye y confluye en el imaginario radical del presente como presencia plena. El alma del mundo y el alma del hombre refulgen como misterio auténtico de la creación había sugerido Guillermo de Conches. En un mundo desalmado como el nuestro, revisitar el alma de la creación nos da ánimo y anima otro mundo porvenir en el corazón del presente. Repensar el alma del mundo y del ser humano abre el horizonte del presente más allá, o mejor dicho, más acá, de la crisis de la modernidad capitalista antropocéntrica. Dos grandes pensadores comparten un ideario común donde subjetividad humana y mundo participan de una creación simbólica sobrenatural; y su enseñanza posibilita otros derroteros.

 

*Puede ver la primera parte de este artículo aquí: https://ljz.mx/27/11/2023/dos-pensadores-y-un-mundo-abigarrado-de-simbolos-parte-uno/

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/lagualdra601

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