La violencia en destinos turísticos como Acapulco, Guadalajara o Zacatecas se debe a la expansión del “capital criminal” y su inserción en el modelo económico dominante, lo que se traduce en la combinación de actividades lícitas e ilícitas para controlar el territorio, afirmaron académicos de la Benemérita Universidad Autónoma de Zacatecas (BUAZ).
Durante la presentación del libro “Violencia asociada al proceso de acumulación de capital. Expresiones en tres destinos turísticos: Acapulco, Guadalajara y Zacatecas”, Margarita González Hernández, investigadora de la Unidad Académica de Estudios del Desarrollo y coordinadora de la obra, detalló que en Zacatecas el capital criminal se ha insertado en actividades lícitas e ilícitas relacionadas con entretenimiento nocturno, venta de estupefacientes al interior y afuera de antros, cobro de plazas y disputa del territorio por varias redes criminales.
En ese sentido, explicó que el capital criminal opera como un engranaje estructural en destinos turísticos, combinando actividades lícitas e ilícitas para controlar territorios, lo que tiene como consecuencia la fragmentación del espacio urbano y afecta negativamente la convivencia social y la economía local.
Además, señaló que en los sitios turísticos que aborda el libro la infraestructura turística se intersecta con la disputa delictiva, generando despojo de tierras, desplazamiento forzado y una alteración drástica de la habitabilidad del espacio público.
En el caso de Zacatecas, expuso que la investigación de campo arrojó que el capital criminal no ha desarrollado actividades lícitas de inversión inmobiliaria, hotelera o gastronómica en Zacatecas, pero se debe a que, en comparación con los otros sitios, la derrama económica por el turismo no es mucha y por lo tanto no es tan rentable.
Además, la violencia del crimen organizado ha impactado drásticamente la vocación de turismo cultural de la ciudad y el aumento de actividades como el narcomenudeo y la extorsión ha provocado una segregación socioespacial, lo que afecta la afluencia turística, modifica los hábitos de movilidad nocturna y recreativa de los residentes.
Por el contrario, en el caso de Acapulco la violencia del capital criminal se entrelaza fuertemente con la renta inmobiliaria y el control de los servicios turísticos, afectando directamente la infraestructura tradicional, además de modificar las rutas de viaje, y restringir zonas de alta afluencia.
En Guadalajara, la violencia asociada a la acumulación criminal coexiste de manera compleja con un fuerte dinamismo económico y comercial, lo que provoca una polarización urbana evidente y exige constantes inversiones en vigilancia, seguridad y blindaje de las zonas corporativas y turísticas.
El libro fue comentado por Manuel Ignacio de León Dávila, investigador de la Unidad Académica de Economía de la BUAZ, y por los coautores Humberto Márquez Covarrubias, y Jorge Alejandro Vázquez.



