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sábado, 1 octubre, 2022
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Mujeres: esa otra mitad del mundo

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Por: DANIEL SALAZAR M. • Admin •

El 8 de marzo es una fecha emblemática en la lucha por los derechos de las mujeres. Su antecedente se remonta al Nueva York de 1908, cuando miles de personas exigían en las calles mejoras al salario, derecho al voto y reducción de la jornada. El incendio de una fábrica en el que murieran 146 [email protected] siendo mujeres en su mayoría, fue su precedente inmediato. Y lo fue también para Clara Zetkin quien, en honor a ellas, propuso al Congreso de la Internacional Socialista (en 1910), se reconociera esta fecha como “el Día Internacional de las Mujeres”.

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Mucho antes, desde el punto de vista de su génesis, la situación de las mujeres abrevó de otro momento histórico: “El papel que la mujer desempeñó durante el largo período del matriarcado, le permitía jugar un rol muy importante en el núcleo familiar, pues era centro y figura de respeto entre aquellos grupos consanguíneos que antecedieron a la familia monogámica que hoy conocemos. El dominio patriarcal del varón en el hogar apareció solo hasta muchos años después, junto a la destrucción de las costumbres gentilicias en las familias y tribus más antiguas”.

“Con la incipiente división del trabajo y, toda vez que el desarrollo de las fuerzas productivas y dominio sobre la naturaleza le permitieron al hombre contar con excedentes para el intercambio -y ya no solo para el autoconsumo- en el seno de las familias y tribus se fueron dejando atrás los lazos fraternales y de igualdad para dar paso a la discordia y a la acumulación de riqueza hasta entonces desconocidas. Aquel mundo antiguo heredaba -a los años por venir- la fuente de toda desigualdad: la propiedad privada…”.

Enmarcada por sus antecedentes, la situación internacional de “esa otra mitad del mundo”, continúa siendo lamentable. En México, particularmente, el escenario se agrava:

1.- La violencia de género es ejercida por los varones en el hogar, en las calles y en los centros laborales. Las mujeres suelen ser mayoría entre los desempleados o consiguen trabajos sin contrato laboral ni prestaciones. Durante los años sesenta y setenta del siglo pasado todo indicaba que querían trabajar; hoy prácticamente están obligadas a hacerlo

2.- La trata de personas está en ascenso y lo mismo su explotación sexual y comercial. Peor aún, para la cultura patriarcal de los gobiernos que observan la situación con evidente perspectiva despótica, son las mujeres “las responsables” de que el sistema las explote, las asesine y sean víctimas de agresiones sexuales: “La culpa la tienen la falda, el lugar y la hora en que transitan”.

3.- Ejemplos desgarradores de violencia, son los casos de miles de feminicidios: “Las muertas Juárez”, las del estado de Morelos, las de Guerrero… La situación se agravada con el narcotráfico: México está en la lista de los 10 países con más feminicidios.

4.- La violencia de género suele presentarse de muy diversas formas. Se maltrata, se golpea o se asesina. En regiones conservadoras donde administra la ultra derecha, se prohíbe la minifalda, tener relaciones premaritales y usar preventivos. Prácticamente en todo el país, aquellas mujeres que decidan abortar  -así hayan sido violadas- serán encarceladas o injuriadas. Diariamente son hostigadas sexualmente por los patrones, sus jefes inmediatos o por los mismos compañeros de trabajo, para luego ser sometidas al escarnio, a soportar la sátira o la divulgación de su intimidad, al despido laboral.

5.- La célula familiar reproduce la opresión del sistema; tiene por encargo hacerse responsable de la vida y salud de sus integrantes. Disimulada como “una bella tradición latina”, se le obliga a cuidar de los menores, ancianos y enfermos y se le impone la responsabilidad de reponer la fuerza de trabajo y reproducir en su seno la mano de obra que el mercado necesita. El Estado delega a las mujeres el cuidado de la institución familiar, al mismo tiempo que las lanza a la actividad productiva: Incorpora su fuerza de trabajo a las fábricas, talleres, empresas, oficinas… pero en ningún momento las libera de las tareas domésticas.

Es en esta doble jornada de trabajo donde mayormente se vive una de las principales formas de violencia y explotación capitalista contra ellas.

Por eso es que luchan siempre. Mucho antes de Nueva York y hasta nuestros días. Buscan la libertad, salarios decorosos, guarderías eficientes y gratuitas; salario para el trabajo doméstico….Rechazan ser inculpadas de la desintegración familiar y la delincuencia por el hecho de “abandonar sus hogares” para ir al trabajo. “Ellas no esperarán a que los hombres o los gobiernos “reaccionen” a su favor. Están en camino de demostrar que su capacidad es más que suficiente para reclamar –ya no la igualdad con el hombre– sino precisamente su diferencia con él: “su derecho de no tenerlo como modelo”.

Fuentes: Juliana G. Quintanilla y Paloma Estrada Muñoz (CIDH-Morelos) / Engels: El origen de la familia, la propiedad privada y el estado■

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