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lunes, 17 enero, 2022
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Año Nuevo y Viejos viejos

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Por: Jorge Humberto De Haro Duarte •

El año anterior se fue, inexorablemente, y como paradoja, se queda como un simple recuerdo y no se refiere a él como el período en que se acumularon tales o cuales experiencias, simplemente se le recuerda como el año viejo, el período de trescientos sesenta y cinco días que se archiva y se guarda en el arcón del olvido como si en ese par de palabras se guardara un producto, en este caso, un período desechable. Y no es raro que esto ocurra, porque hoy día vivimos en una sociedad regida por una economía hiper capitalista caracterizada por un consumismo desenfrenado, compulsivo e irracional, para decirlo en palabras más descriptivas, una economía de desperdicio que pinta de cuerpo entero a la sociedad que hoy habita en la tierra.

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Todo lo que supuestamente ha cumplido su ciclo de vida útil tiende a ser tratado como residuo y por regla general es tirado a la basura, en el mejor de los casos, se sigue la Regla de las Tres Erres cuando se recicla, se reutiliza o se reduce. Pero lo grave de este razonamiento es que dicha concepción y regla también se aplica a los seres humanos y así, se observa como las personas que van acumulando edad, por decir algo, de los cincuenta años en adelante, van siendo marginadas poco a poco del mundo laboral, de las decisiones económicas y de la autoridad familiar, solo por citar algunos de los escenarios. Dentro de las nuevas concepciones de desarrollo social, salvo algunas sobresalientes excepciones, los viejos van siendo considerados como material de desecho y aunque existen instituciones y leyes que fueron diseñadas para proteger el bienestar y los derechos de los adultos mayores, como en este caso el Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (INAPAM) y la Ley de los Derechos de las Personas Adultas Mayores publicada en el Diario Oficial de la Federación (DOF) del 25 de junio del 2002 y con una última reforma publicada en el DOF el 20 de mayo de 2021.

Existen muchos beneficios derivados de la institución y la herramienta jurídica antes mencionadas, lo mismo las leyes que protegen a los trabajadores para hacer su retiro del mundo laboral menos ruda y estresante, como las pensiones y prestaciones para jubilados. Asimismo, el apoyo federal que reciben los mayores de sesenta y cinco años es un paliativo que en mucho ayuda a todos aquellos que reciben este beneficio. Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas para aquellos que han llegado a la edad de la senectud, existen evidencias sobradas y certificadas que muestran la vulnerabilidad de esta parte de la población. Cuando se llega a dicha edad, una gran mayoría de los adultos mayores son marginados de la dinámica familiar, tratados con desdén, en el mejor de los casos, maltratados, despojados y abandonados en asilos o en lugares donde lo mejor que pueden hacer es morir pronto para librarse de una vida miserable y cruel.

Aunque lo ideal sería aprovechar la vasta experiencia y creatividad que se traduce en sabiduría aplicada a las cuestiones prácticas que interesan a la humanidad, esta se va con la finta de que la tecnología avanzada y la cibernética son mejores alternativas para solucionar las limitaciones y problemas que aquejan al mundo, obviamente, esto no está ocurriendo y en esta falta de visión, se van acumulando calamidades que muy pronto la vida va cobrando con creces. Es penoso observar cómo se va marginando a las personas mayores y relegando del mundo productivo con trabajos humillantes o en donde se les da una oportunidad de hacer algo en forma gratuita como si se les estuviera haciendo el gran favor. En las familias se les transforma en cuidadores de niños o guardianes de animales sin respetarles derecho alguno o recompensándoles con algún tipo de estímulo. Se les va despojando poco a poco de sus bienes y cuando no hay nada más que exprimírseles, son condenados al olvido o aún más cruelmente, abandonados a su suerte en campo abierto, alguna calle, hospital u hospicio.

Lo peor del caso es que, al menos en este país, no hay grupos o asociaciones organizadas que se dediquen a la protección de los derechos de los mayores, así como las hay con las que protegen los derechos de los niños, las mujeres, los indígenas, discapacitados, grupos vulnerables o minorías relacionadas con los derechos sexuales. Es lamentable que la mayor fuente de sabiduría que en mucho podría ayudar a solucionar tanto problema que por ceguera de las nuevas generaciones sea arrojada al basurero social por estas mismas.

Tal vez aún sea tiempo de recuperar a esta parte importantísima de la población para sacar adelante todas las calamidades que se han venido acumulando durante los últimos tiempos en el afán hedonista del disfrute momentáneo e individualizado de una sociedad sin conciencia social.

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