En el terreno de la política, los conceptos de izquierda y derecha se utilizan para caracterizar, clasificar o encuadrar los principios e ideas que guían el quehacer y proceder político de un ciudadano, un sindicato, un grupo de personas o un partido político. Por lo tanto, tenemos que, las ideologías políticas se dividen en dos bandos muy delimitados entre sí, la izquierda y la derecha; y aunque en los medios de comunicación veamos a políticos que se dicen de izquierda, abrazados y tomados de la mano de otros políticos que son de derecha, los cierto es que, apegándonos a la verdadera esencia, la izquierda y la derecha, tienen muy pocas cosas en común (por no decir que ninguna). Mientras que la izquierda busca garantizar derechos sociales e individuales para todos, un reparto más equitativo de la riqueza y un desarrollo sustentable que priorice la preservación del ambiente y la satisfacción de las necesidades básicas de todos los seres humanos, la derecha por el contrario, prioriza las ganancias económicas y la acumulación de riqueza en unas cuantas manos, sin importar la depredación del medio ambiente y el despojo de derechos sociales a las mayorías, además de que desprecia todo aquello que tenga que ver con apoyar a los más desprotegidos. La derecha es machista, xenófoba, discriminatoria, autoritaria, conservadora y religiosa. En términos coloquiales podrimos decir que la ideología de la derecha se resume en aquel viejo y conocido refrán que dice que “el que tiene más saliva, come más pinole”, mientras que la izquierda busca que el pinole sea repartido de forma más equitativa de tal suerte que alcance para todos.
En México, al menos en el discurso, desde el 2018, gobierna un partido político que se define como de izquierda, aunque la mayoría de sus integrantes no tengan la menor idea de qué significa eso, ni actúen en consecuencia. Caracterizar al partido en el poder (MORENA) como de izquierda, solo cobra un poco de sentido al compararlo a contraluz con sus opositores (PAN-PRI) que gobernaron anteriormente y que dejaron a su paso miles de muertos, desparecidos, pobreza, despojo, entreguismo, saqueo, desempleo, deuda externa, corrupción y pérdida de derechos. OJO, con ello, no pretendo dar a entender que con el actual gobierno eso se haya terminado.
En la actualidad, el descontento hacia el gobierno va en ascenso, por ejemplo, en el gremio magisterial cunde una idea de desencanto y traición puesto que la presidenta faltó a la palabra empeñada en campaña y se niega rotundamente a derogar la ley del ISSSTE del 2007. Esa y otras afrentas, han conducido a muchos trabajadores de la educación a “extrañar” a los gobiernos anteriores, la nostalgia por los tiempos pasados les nubla la conciencia y la memoria y los hace llegar a absurdas conclusiones, como aquella de que estábamos mejor antes. Ahora resulta que estábamos mejor con aquellos que en 2007 modificaron la ley del ISSSTE y despojaron a millones de trabajadores del derecho a una pensión digna, o que estábamos mejor cuando en 2013 el 1000% guapo de Peña Nieto, en complicidad con las cámaras empresariales llevó a cabo un paquete de reformas estructurales entre ellas la educativa, que despojaba a los maestros del derecho a un empleo digno y estable.
En efecto, el gobierno de la autodenominada cuarta transformación ha quedado mucho a deber y los personajes que viven de ese discurso, cada día se empeñan más en distanciarse de lo que debiera ser un auténtico gobierno de izquierda. Pero el descontento que eso genera, no nos debería conducir a juicios suicidas como lo es el hecho de querer traer de regreso a la derecha fascista e intolerante a gobernar.
Mientras que, en las reglas de tránsito, en ocasiones se puede girar a la derecha con precaución, aunque el semáforo indique alto, en el terreno político-social, debería estar prohibido, es decir, no hacerlo ni siquiera extremando precauciones, por que traer de nuevo a la derecha al poder, sería una tragedia para todos los mexicanos que no aparecemos en la lista de la revista Forbes, donde aparecen las personas más adineradas del orbe.
Ante el desencanto y el descontento, el giro tiene que ser a la izquierda, radicalizarnos más, construir poder popular, democratizar los sindicatos, articular las luchas colectivas, suscribir y hacer nuestras las demandas y las necesidades de obreros, mineros, campesinos, indígenas, madres buscadoras y de todo aquel que se sienta agraviado por este sistema neoliberal que arrasa con todo a su paso, sin importar si gobierna la derecha o la izquierda. Nuestra ira y nuestra imaginación deben encaminarse a la creación de otros mundos posibles como lo señalan los zapatistas, un mundo donde quepamos todos y no nada más los ricos potentados y los políticos que les sirven a ellos. En síntesis, creer y divulgar que estábamos mejor antes solo porque ahorita las cosas van mal, nos conducirá inevitablemente al abismo y nos llevará a ser gobernados por fascistas ultraderechistas que, si pudieran, nos cobrarían hasta por el aire que respiramos. Entonces, hasta por mero instinto de supervivencia, recuerden, prohibido girar a la derecha.



