En la semana, visitamos a las vecinas y vecinos de la colonia Moradores. Una comunidad con historia, con identidad y, sobre todo, con la esperanza de vivir mejor. Allí hay un espacio público con potencial: una cancha, áreas verdes, un parque que podría ser lugar de convivencia, de alegría, de organización. Pero está abandonado. Sin iluminación, sin mantenimiento, sin presencia institucional. Lo ocupan personas ajenas para consumir bebidas alcohólicas. Lo cruzan sombras en lugar de familias. Lo domina el miedo.
Y eso no es exclusivo de Moradores. Es el rostro cotidiano de muchas colonias de Zacatecas que están lejos del turismo, del discurso institucional y de las prioridades del gobierno municipal. En una ciudad que presume ser patrimonio cultural de la humanidad, no se puede permitir que los espacios públicos donde vive la gente se conviertan en zonas de exclusión y riesgo.
La administración actual del Ayuntamiento de Zacatecas ha fallado en lo esencial: cuidar lo que ya existe. No hablamos de obras faraónicas, ni de promesas grandilocuentes. Hablamos de poner luz donde hay oscuridad, de cortar el pasto, de arreglar una banca rota, de tener presencia institucional en los espacios que deberían ser el corazón de la vida comunitaria. Hablamos de gestionar, no de simular. Y en eso, el abandono es evidente.
Sin embargo, hay esperanza si dejamos de mirar solo hacia arriba y empezamos a construir desde abajo. Otras ciudades patrimonio, como Granada, Oaxaca, Quito, Lisboa o Roma, han entendido que las colonias que rodean sus centros históricos no son estorbo ni periferia, sino núcleo vivo. Y por eso han impulsado modelos de gestión compartida entre gobiernos locales y ciudadanía: comités vecinales, presupuestos participativos, adopción de parques, activaciones culturales y deportivas permanentes.
En esos lugares, el espacio público no es un lote baldío, sino una extensión del hogar comunitario. Se diseña con participación ciudadana, se mantiene con apoyo municipal, se cuida con reglas comunes, se vive con alegría. Esos modelos funcionan. Y Zacatecas puede, y debe, imaginarse así.
La propuesta está clara: formar consejos ciudadanos para la gestión de espacios comunitarios, comenzar por un plan de recuperación de parques en colonias populares, generar eventos comunitarios y deportivos, poner en marcha alumbrado digno y mobiliario seguro. Lo que hace falta no es dinero, sino voluntad política y empatía con quienes más lo necesitan.
Desde la iniciativa Zacatecas se Imagina lo decimos con convicción: las transformaciones comienzan en lo local, en lo pequeño, en lo que duele y se puede cambiar si hay comunidad. Muy pronto presentaremos públicamente el curso Casas Seguras, una propuesta concreta para alfabetización digital, prevención comunitaria y uso de tecnología en colonias vulnerables. Pero creemos que lo mismo puede y debe aplicarse a todos los temas: salud, espacio público, cultura, deporte, alimentación, infraestructura.
Hoy Zacatecas no necesita más simulación institucional. Necesita presencia real. Necesita gobiernos que caminen las colonias, que escuchen, que gestionen, que resuelvan. Porque un parque abandonado no es solo pasto crecido: es un síntoma de un modelo de ciudad que excluye a quienes no viven en el centro, a quienes no tienen voz, a quienes no se toman selfies con las autoridades.
Nosotros creemos en otra Zacatecas. Una que escucha. Una que cuida. Una que se levanta desde sus colonias.
Zacatecas se imagina desde sus colonias


